<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889</id><updated>2012-01-10T12:49:38.258-08:00</updated><category term='Virgen María'/><category term='Tradición'/><category term='Porciúncula'/><category term='Filosofía'/><category term='Franciscanismo Conciliar'/><category term='Cruz'/><category term='Profecías'/><category term='Tercera Orden'/><category term='Oraciones de las Horas'/><category term='Franciscanos ilustres'/><category term='Santoral Franciscano'/><category term='Oraciones varias'/><category term='Letanías'/><category term='Santos Dominicos'/><category term='Tiempo Pascual'/><title type='text'>Episcopus in partibus ciberium</title><subtitle type='html'>franciscanismo tradicionalista</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>73</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-2825593564613601494</id><published>2011-12-04T03:32:00.000-08:00</published><updated>2011-12-05T03:47:59.183-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Francisco Gálvez, mártir de Japón</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-TVcpXhDFSqU/Ttyupnooe5I/AAAAAAAACo0/PcKZNfMth44/s1600/martires+franciscanos%25C3%25A7.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="252" src="http://1.bp.blogspot.com/-TVcpXhDFSqU/Ttyupnooe5I/AAAAAAAACo0/PcKZNfMth44/s400/martires+franciscanos%25C3%25A7.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #93c47d; text-align: justify;"&gt;Franciscano, sacerdote, misionero y mártir. Nació en Utiel el año 1578 en el seno de una familia hidalga. Siendo ya diácono ingresó en la Provincia alcantarina de Valencia. Llevado de su celo misionero, se ofreció para ser enviado al Extremo Oriente. De camino a su destino, estuvo ocho años en Méjico, de donde pasó a Filipinas. En Manila estuvo un par de años aprendiendo el japonés y trabajando con los inmigrantes nipones. En 1612 llegó a Japón, donde desarrolló una breve pero intensa labor misionera: predicación del Evangelio, traducción de libros piadosos, cuidado de leprosos, etc. Expulsado del país en 1614, se las ingenió para retornar a él disfrazado, y estuvo trabajando con mucha cautela hasta que fue delatado y condenado a morir quemado en Yedo (Tokio) el 4 de diciembre de 1623. Fue beatificado por Pío IX en 1867.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Beato Francisco nació en Utiel (Valencia) y fue bautizado el 15 de agosto de 1578, fiesta de la Asunción de la Virgen María, según reza la partida de su bautismo: «En la villa de Utiel, a quince días del mes de agosto, año de mil y quinientos setenta y ocho años, se bautizó un hijo de Francisco Gálvez y de Juana Iranzo, su mujer. Llamósele Francisco». No nos consta la fecha exacta en que nació, pero debió de ser muy pocos días antes de la de su bautismo. Los padres eran hidalgos, miembros de la aristocracia menor castellana, sin títulos nobiliarios, pero de condición acomodada y de buena reputación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus primeros años transcurrieron en la serena paz del hogar paterno, jugando con sus amiguitos por las calles de su amurallado pueblo y correteando por el amplio llano que se extiende al este de la población, hasta llegar a la orilla del río Magro; sin duda, visitarían más de una vez las numerosas ermitas diseminadas por el término municipal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera instrucción la recibió Francisco de alguno de los clérigos de la Parroquia o bien asistiendo a la Escuela Parroquial. Pero pronto pasaría a ser alumno del Colegio Seminario del Salvador, fundado en el pueblo por el benemérito sacerdote utielano, D. Gonzalo Muñoz Iranzo, quien, al final de sus disposiciones testamentarias escribía: «Espero en el Salvador del mundo que no sólo los de este pueblo de Utiel, pero de toda la comarca se moverán, con pie de Dios y para que aquí los niños y niñas, desde chiquitos, aprendan la Doctrina cristiana, y los mayores y estudiantes aprendan los principios de Gramática y Latinidad, para que aquí salgan buenos ministros para la Iglesia y vayan a otras Universidades para aprender otras ciencias y facultades y a Religiones y Monasterios para mejor servir a Dios, que éste es el celo del Salvador del mundo, a quien se debe todo y a quien se le dé la honra y gloria por siempre jamás, amén». Parece como que estas palabras se hubieran escrito para nuestro Beato. En efecto, el Colegio fue inaugurado el 6 de agosto de 1585, festividad de la Transfiguración del Salvador (que le dio el nombre), cuando Francisco iba a cumplir los siete años, y en él recibiría la formación adecuada para continuar más tarde en la Universidad, encaminarse al ministerio sacerdotal e ingresar luego en Religión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al comienzo del siglo XVI, el papa valenciano Alejandro VI erigió la Universidad de Valencia, inicialmente llamada «Estudio General», coronando así una larga tradición de enseñanza e investigación. A ella acudió, y con gran provecho, nuestro protagonista como lo prueba la minuta del certificado de estudios, que es de fecha 10 de abril de 1598 y puede verse en los "Libros de Grados de la Universidad de Valencia" que se conserva en el Archivo Municipal de la ciudad. Se dice en este documento que el subdiácono Francisco Gálvez estudió y terminó los estudios de Artes, Lógica y Filosofía, bajo la disciplina del Catedrático, José Roque Rocafull, Doctor en Artes Liberales. Y que después cursó la Sagrada Teología en la misma Universidad, en cuatro años continuos; en los tres primeros, Teología Escolástica, y en el cuarto y último, Teología Escolástica y Positiva, oyendo las lecciones diarias de Sagrada Teología de los doctores y catedráticos de la misma Facultad, según costumbre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por deducciones cronológicas, el aplicado estudiante utielano pudo ser teólogo a los 20 años, habiendo estudiado al menos seis en la Universidad de Valencia, a la que llegó a los 14 años, en que debió salir de Utiel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para ser clérigo, además de los estudios necesarios -para lo que seguramente habría solicitado la mencionada certificación-, el candidato había de reunir otras condiciones como la de poseer una voluntad decidida de serlo, una conducta digna y una entrega total hacia los demás, como real manifestación de amor a Dios y a los hombres; todo ello avalado con los informes de sus superiores y las declaraciones del pueblo de Dios, a través de las manifestaciones pertinentes a favor del ordenando. Cumplidos los señalados requisitos, Francisco Gálvez, ya subdiácono desde abril de 1598, debió de ser ordenado diácono en ese mismo año o en el año siguiente por San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, quien le concedió un beneficio en una de las parroquias de la ciudad, en virtud del cual recibía asistencia económica y tenía que prestar determinados servicios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero cuando ya tenía encauzada su vida en la Universidad y en la Diócesis, el Beato Francisco decidió responder a la llamada divina que lo invitaba a reordenar el enfoque de su servicio a la evangelización y a tomar otro camino hacia la santidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy grande y firme debió ser la vocación de Francisco Gálvez, porque siendo ya diácono y sin esperar a su ordenación sacerdotal, vistió el hábito franciscano en el convento de San Juan de la Ribera, de Valencia, perteneciente a la Provincia alcantarina de San Juan Bautista. Eligió, dentro de la Orden franciscana, una rama de gran austeridad como era la de los Alcantarinos, reforma iniciada por San Pedro de Alcántara. Allí encontró, ciertamente, un estilo de vida pobre, austero, penitente, contemplativo, a la vez que comprometido en las tareas de evangelización y en las obras de caridad. Modelos que le sirvieran de pauta, no le faltaban. Además del mismo San Pedro de Alcántara y del conjunto de sus discípulos, pudo oír o ver el ejemplo de hermanos pertenecientes a su misma Provincia religiosa y más o menos contemporáneos suyos como San Pascual Bailón, que murió en 1592, y el Beato Andrés Hibernón, que fallecería en 1602.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Terminado el año de noviciado, nuestro Beato profesó la Regla de San Francisco, en el convento de San Juan de la Ribera, el 6 de mayo de 1600. Poco después, a finales de aquel mismo año o a principios de 1601, recibió la ordenación sacerdotal, ya que, a mediados de este último año, partía ya para las misiones desde la ciudad de Sevilla. La capital andaluza, era, en este tiempo, la ciudad de mayor movimiento y más rica de España. Allí estaba la Casa de Contratación de las Indias, fundada en 1503, que entendía de todo lo relacionado con los viajes ultramarinos, en sus diversos y complejos asuntos, con atribuciones fiscales y judiciales, mercantiles y técnicas, donde se organizaban las expediciones, se revisaban las listas de pasajeros, se llevaba la cuenta de la entrada de metales, oro, plata y piedras preciosas, se examinaban los pilotos de los barcos y se extendían sus títulos, proveyendo a las naves de todo su equipamiento. También se almacenaban las mercancías. En el importante archivo de esta institución, hoy conservado y bien atendido, el famoso Archivo de Indias, se halla una documentación que es un tesoro para los investigadores y en la que hay referencias a nuestro Beato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 1 de marzo de 1601, el rey Felipe II, expidió una real cédula concediendo a Fr. Juan Pobre licencia para conducir a Filipinas a 40 misioneros, autorizando que los gastos que se ocasionaran fueran pagados por la hacienda real. Fray Juan Pobre era Procurador de la Provincia franciscana de San Gregorio Magno, de Filipinas, y como tal se encargaba de organizar y conducir grupos de misioneros a las Indias, y en el primero que dirigió personalmente, a raíz de la cédula mencionada, se alistó nuestro protagonista, que luego acudió a Sevilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ruta o camino de las Indias, que se dirigía hacia América, para llegar después a Filipinas y, finalmente, al Japón, estaba salpicado de graves riesgos, por lo que la Corona Española dispuso, para prevenirlos, el sistema de flotas, agrupando las embarcaciones y protegiéndolas con naves de guerra. Al mando de toda la expedición iba un general, y cada barco llevaba su capitán o maestre. Los de pasajeros y mercancías solían ser diez o doce y los de protección, convenientemente armados, cuatro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según consta en el Archivo de Indias, Fr. Juan Pobre y sus misioneros, entre ellos Fr. Francisco Gálvez, embarcaron en la flota dirigida por Juan Gutiérrez de Garibay y concretamente en la nao que llevaba como maestre a Pedro de Frala, y zarparon del puerto de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del río Guadalquivir, el 28 de junio de 1601.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dos meses después, la misión que conducía Fr. Juan Pobre desembarcó en San Juan de Ulúa, puerto de Veracruz, en el Golfo de Méjico, al que arribaban las naos españolas a su llegada a Nueva España. De aquí, se internaron por tierra mejicana y llegaron a la capital, México, la antigua Tenochitlán de los aztecas, que era el centro del más importante virreinato español. En posteriores fechas sucesivas: 1601, 1604, 1609 y aún después, los misioneros fueron embarcando en Acapulco para Manila.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sabemos que Fr. Francisco permaneció ocho años en Méjico cumpliendo órdenes de sus superiores, pero desconocemos los lugares en que residió y el apostolado a que se dedicó. Tampoco se puede precisar la fecha de su llegada al mencionado puerto mejicano del Pacífico, en el que para evitar una larga y molesta espera a los religiosos, se había construido un convento-hospedería. Con todo, cabe decir que Fr. Francisco Gálvez llegó a Manila el año 1609, siendo destinado al Convento de Dilao. El viaje de Acapulco a Manila tuvo que hacerlo en el llamado "Galeón de Manila" y también "Nao de la China", que hacía la travesía cada seis meses, siendo la única comunicación existente entre Filipinas y América. El viaje se hacía cruzando todo el Pacífico, por el archipiélago de las Carolinas y las islas Hawai.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ciudad de Manila, capital de las Islas Filipinas, era un importante centro de irradiación de la cultura europea y del comercio con Asia, así como punto de reunión y de partida de los misioneros del Extremo Oriente, tanto los que trabajaban en su territorio, como los que había en China y Japón. En la organización de los hijos de San Francisco, todo el archipiélago filipino y también el Japón, formaban parte de la mencionada Provincia franciscana de San Gregorio Magno, de la que fue primer Procurador San Pedro Bautista, uno de los protomártires del Japón, que habían sido sacrificados recientemente en Nagasaki el 5 de febrero de 1597. El desarrollo de dicha Provincia fue grande, pues si a finales del siglo XVI tenía 41 conventos, 125 religiosos y 60.892 cristianos, en 1622, un año antes del martirio de nuestro Beato, los conventos ya eran 57 y los cristianos 114.000.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dilao, a donde fue destinado Fr. Francisco Gálvez, era un barrio situado a las afueras de Manila, cruzado por el río Pasig, que desemboca en la hermosa bahía de la capital. Allí vivían japoneses ya convertidos al cristianismo, y para atenderles, enseñarles la doctrina cristiana y administrarles los sacramentos, se fundó una parroquia. Y fue aquí, con el trato directo de los japoneses y bajo la dirección y magisterio de Fr. Juan Bautista, guardián del convento, donde estudió Fr. Francisco el idioma nipón, que llegó a dominar, tanto que los superiores lo nombraron ministro de los japoneses que residían en Balete, jurisdicción del mismo Dilao, cargo que desempeñó hasta 1612, en que fue enviado a Japón. Esta estancia en Manila fue muy beneficiosa para nuestro Beato porque lo dotó de conocimientos y formación específica para la tarea que le aguardaba con los japoneses, pero ya en su tierra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como ya hemos indicado, en 1612 hizo nuestro Beato su primer viaje a Japón, y su primera misión japonesa duró sólo dos años. Durante ellos, sus progresos lingüísticos le permitieron predicar el Cristianismo con soltura y «traducir con belleza y elegancia» al japonés, como dice uno de sus biógrafos, el libro llamado Flos Sanctorum, que contiene vidas de santos, en 3 volúmenes, un Catecismo o Explicación de la Doctrina Cristiana y varios opúsculos de devoción, que facilitaron su tarea evangelizadora y el provecho de sus conversos. Estas obras, al parecer, se han perdido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un año después de su llegada a Japón, Fr. Francisco Gálvez se encuentra en el Hospital de Leprosos que hay en Asakusa, donde se contagia de la enfermedad que padecen los hospitalizados. El ejercicio de esta heroica virtud de la caridad para con los leprosos, practicada por los religiosos franciscanos, juntamente con su pobreza, conmovieron profundamente a los japoneses, facilitando en gran manera las conversiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 27 de octubre de 1614, en cumplimiento de un decreto imperial, Fr. Francisco tuvo que salir del Japón y volver a Manila. Estas órdenes de destierro fueron frecuentes y generales en Japón, ya que no se abrió a los europeos hasta el siglo XIX, acabándose las persecuciones en 1873. Y si bien hubo épocas en que los cristianos fueron respetados y acogidos, como le ocurrió a San Francisco Javier, y también a San Pedro Bautista y a sus compañeros en un primer momento, las expulsiones e incluso las persecuciones se reproducían de manera intermitente como lo prueba el martirio del mencionado San Pedro y otros muchos en febrero de 1597. Ahora, a finales de 1614, todos los misioneros, incluido el Bto. Gálvez, fueron entregados en Nagasaki a los encargados del destierro, que los embarcaron con destino a Macao (China) y a Manila.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco tiempo aguantó fray Francisco en Manila. Le urgía volver a Japón, donde había dejado un pequeño grupo de cristianos por él bautizados, que necesitaban de su presencia, apoyo y consejos para madurar en la fe, a la que habían llegado mediante su predicación, y para entregarse a ellos como había hecho con los leprosos, aliviar sus males y consolarlos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dice Fr. Diego de San Francisco, hermano de religión y contemporáneo suyo, que fue a Singapur embarcado en la armada que hizo el Gobernador de Filipinas D. Juan de Silva en 1616, con ánimo de pasar a Macao y de allí a Japón. Pero de Singapur pasó a Malaca, ocupada por los portugueses desde 1511 y donde los franciscanos, desde 1610, gozaban de autorización, concedida en 1610 por el rey de Camboya, a quien pertenecía todo el territorio, para proseguir la evangelización de aquel reino y fundar iglesias, y esto porque, desde su infancia, aquel soberano había tomado «amor y afección a las costumbres de su religión».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el puerto de Malaca nuestro protagonista estuvo a la espera de un navío que le llevara a Japón, y al fin encontró una galeota que, haciendo diversas escalas, podía llevarle a su anhelado destino; pero tropezó con que no se admitía en ella a ningún pasajero y menos a un religioso español, pues estaba muy reciente el decreto imperial nipón de expulsión. Ante tal negativa, su acuciante propósito le indujo a una curiosa y arriesgada estratagema, que nos refiere el mismo P. Diego de San Francisco en una relación que fue publicada en Manila en 1625:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Hizo este santo religioso uno de los hechos más heroicos que he visto, ni oído en mi vida, para conseguir su deseo de volver a esta conversión; que sólo el amor de Dios y celo de las almas, pudo causar tales efectos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Supo, pues, el santo, estando en Malaca, que se partía para el Japón, una galeota y procuró hacer todas las diligencias para pasar a ella, y viendo que no le era posible, ni le querían llevar, tuvo gran sentimiento y tristeza; sintiendo mucho el no poder ir a consolar a sus amados hijos, los cristianos de Japón. Por lo cual, habiéndolo primero encomendado a Dios y habida licencia de los prelados, se vistió de negro "laskar" [=remero], como los que en Malaca se alquilan para remar en las galeotas, y por no ser conocido español, buscó un betún con que se tiznó muy al propio, la cara y manos y pies, y se alquiló por remador, y vino remando todo el camino sin ser conocido, hasta Japón; comiendo sólo la ración de negros, de un poco de arroz y (como dicen) malaventura. Todo lo llevaba el santo con gran alegría, teniendo por condigna retribución y dichoso objeto y fin de estos trabajos el verse presto en el Japón, donde le aguardaba la corona de justicia, que Nuestro Señor le había de dar, como se la dio, cumplidos ocho años de trabajos grandísimos en esta conversión, después de su segunda venida...».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fueron muchas las millas recorridas como remero hasta llegar a su destino, y es probable que no hiciera la travesía directamente, pues el P. de Santa Inés, en su «Crónica de la Provincia de San Gregorio», afirma que desde Malaca pasó a Macao, donde estuvo año y medio esperando ocasión propicia para ir a Japón. Sea como fuere, el año 1617 ó 1618 entró de nuevo en territorio japonés. Y en esta su segunda estancia en aquel país pudo moverse con una cierta libertad, gracias a la tolerancia de las autoridades locales. Además, ejerció una misión diplomática ante el príncipe de Voxu, Masamuné, llevándole, por encargo del Beato Luis de Sotelo, martirizado después, unas cartas y presentes del rey de España y del Papa. En efecto, Masamuné envió en un barco fletado por él al mencionado P. Sotelo con varios japoneses principales para que visitaran al Rey de España y al Papa; el viaje duró de 1613 a 1616. Cumplida la misión, el P. Sotelo regresó a Japón en septiembre de 1622, siendo detenido y apresado al año siguiente. Por ello, no pudiendo llegar personalmente hasta Masamuné para hacerle entrega de las cartas y obsequios que le habían confiado, el P. Diego de San Francisco envió en su lugar a Fr. Francisco Gálvez. Desde la cárcel de Omura, ciudad en la que luego fue martirizado, el P. Sotelo escribió a Fr. Diego de San Francisco sobre los documentos y presentes aludidos:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Hallarán en su petaca, la carta de su Santidad de Paulo V, y respuesta para Masamuné, en una cajita de madera adornada, con la decencia debida, y un rosario y decenario, dos cuadros pequeños, guarnecidos de plata y oro, del grandor de la palma de la mano, con el rostro de la Santidad de Paulo Quinto, al natural. Que procure dar a Masamuné la carta de su Santidad, con todas estas joyas, y le signifique la voluntad del Pontífice que se las envía, que es, como dice, en su carta, que se convierta Masamuné y haga cristiano, para con franca y liberal mano, concederle las gracias y favores que la Silla Apostólica, acostumbra hacer a los reyes cristianos y sacerdotes, y de nuevo se los encomienda y ruega mucho, los tenga debajo de su amparo; que oiga su doctrina y tome los consejos de sus embajadores, y que por ellos les avise de todo, con seguridad, de que acudirá su Santidad a darle satisfacción en todo lo que se ofreciere».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La documentación de aquel tiempo añade que el religioso utielano, al cumplimentar su embajada, «fue muy bien recibido y agasajado, ordenando le atendieran en todo cuanto necesitare para su sustento, y señalándole un lugar seguro en que podía fijar su residencia, para dedicarse con tranquilidad a la conversión». Esta deferencia del príncipe Masamuné hacia Fr. Francisco indica un estado de privilegio, frente a la situación existente de rechazo a los misioneros por las leyes de expulsión. Con la protección y favor de Masamuné, el Beato Gálvez desarrolló una intensa y fructuosa actividad misionera en los territorios de Voxu y Mongami, y se multiplicaron las conversiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando las anteriores órdenes de expulsión y persecución de los misioneros no habían cesado, pero tampoco se aplicaban con demasiado rigor, he aquí que en agosto de 1623 el Emperador nombró nuevo shogun o jefe del gobierno a Iemitsu. Al comprobar éste que no se habían cumplido las órdenes relativas a la persecución de los cristianos, se dispuso a eliminarlos, prometiendo honores y dinero a quienes los denunciasen. Y así sucedió que alguien, un bonzo (monje budista) o un mal cristiano, delató ante el Gobernador de Yedo a cristianos y a misioneros, entre ellos el jesuita siciliano Jerónimo de los Ángeles y el franciscano Francisco Gálvez. El prendimiento de éste último tuvo lugar en Kamakura cuando, según la documentación que aporta el P. Lorenzo Pérez, a quien se deben muchos de los datos referidos, encontrándose el P. Gálvez en casa de Hilario Mongazaimón, japonés converso, Síndico de la Orden Franciscana, fue advertido del peligro que corría por éste, quien «embarcó al santo Francisco de Galbe y a Juan Cambo, portero que fue del convento antiguo que hubo en Nagasaki, y a Pedro Doxico (que ambos después consiguieron el lauro del martirio) en una pequeña embarcación y dióles una guía, la cual, temiendo la prendiesen a él también, los dejó y se fue (según dicen) con la plata que le habían dado para el camino, y así, no teniendo quien les guiase, se estuvieron quedos, y llegando los alguaciles del Gobernador de Yedo, prendieron y amarraron al santo Francisco de Galbe y a sus dos compañeros, Juan y Pedro. Prendieron, también, a nuestro síndico casero Hilario, y a su mujer, Marina, confiscándoles sus bienes, que eran muchos, y los libros y cosas de la iglesia que en su poder tenía, como síndico, y llevándolos presos a Yedo, presentándolos ante los del Consejo del Emperador».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En dicho Consejo, ante la acusación de uno de sus miembros hecha a Fr. Francisco de que era engañador de los conversos japoneses y causa de su muerte, respondió el santo -se dice que en alta voz y elegante lengua, que era una de las mejores de aquel reino-, con las palabras que se le atribuyen, y que transcribo por ser las únicas conocidas que podrían estimarse como suyas:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Yo no he engañado a nadie, ni predico falsa doctrina, ni he sido causa de muerte; antes bien, por amor de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Salvador del mundo, y por amor de sus escogidos los cristianos, les he predicado la verdad y verdadera salvación, sin la cual nadie se puede salvar, ni vuestras mercedes se salvarán, si no creen lo que yo predico. No he sido causa de la muerte de los cristianos, sino vuestras Mercedes lo son que se la dan injustamente».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar aquí, no le dejaron hablar más; lo llevaron a la cárcel y allí encontró al P. Jerónimo de los Angeles, preso pocos días antes. Se alegraron mucho de verse juntos, sin libertad, por una misma causa; se confesaron mutuamente, preparándose para morir y animaron a los demás cristianos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegó Iemitsu a Yedo, dictó sentencia de muerte para los presos, ordenando que, después de pasearlos por las calles de la Corte, fueran quemados vivos los cincuenta y un mártires, atados a otros tantos maderos colocados como postes o columnas, suplicio frecuente entre los japoneses.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el trágico cortejo figuraban tres grupos: en el primero, a la cabeza, el P. Jerónimo de los Angeles, a caballo, seguido del hermano laico Simón Yempo y otros 17 mártires, a pie; en el segundo, Fr. Francisco Gálvez, también a caballo, y tras él, a pie, otros 16 mártires; en el tercero, Faramondo (caballero nipón, pariente y primo del Emperador, noble y rico, que en 1600 se había bautizado en Osaka), atado a su cabalgadura, pues no podía mantenerse en ella por haberle sido cortados los tendones de las manos en un martirio anterior, y, siguiéndole, igualmente a pie, el resto de cristianos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El martirio fue consumado el 4 de diciembre de 1623, a las afueras de Yedo, en un altozano, en una gran plaza y a la vista de numeroso gentío, príncipes y señores convocados a las fiestas de la investidura del shogun, muchos paganos y cristianos acudidos de todas partes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según el Martyrologium Franciscanum, los martirizados en esta ocasión fueron en total 50: dos jesuitas, el P. Gálvez y 47 "cordígeros" o seglares franciscanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acabado el martirio, se pusieron guardias para que los cristianos no retirasen sus restos y cenizas. Astutamente, no aparecieron en los tres días siguientes, pero el cuarto día fueron de noche y recogieron cuantas reliquias quisieron.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 7 de julio de 1867, el papa Pío IX beatificó a 205 mártires, capitaneados por el dominico Alfonso Navarrete, que fueron inmolados por la fe y el evangelio en diversas fechas y lugares de Japón entre los años 1617 y 1632: dominicos, agustinos, jesuitas, terciarios suyos y fieles cristianos, y también 46 franciscanos: 11 frailes descalzos o alcantarinos, otros 6 observantes y 29 terciarios franciscanos. Entre esos alcantarinos se encuentra nuestro Beato Francisco Gálvez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;[Biografía extraída de José Martínez Ortiz, Biografía del mártir Beato Francisco Gálvez Iranzo, hijo de Utiel. Utiel 2001, 117 pp.- El Autor, como buen Cronista oficial de su ciudad, basa su obra en una abundante documentación investigada por él mismo o tomada de buenos historiadores, entre los que hemos de destacar al P. Lorenzo Pérez y sus publicaciones en Archivo Ibero-Americano]&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #660000; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;BEATO FRANCISCO GÁLVEZ (1578-1623)&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #660000; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;por Arturo Llin Cháfer&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los primeros japoneses bautizados recibieron el bautismo en Goa el año 1548 de manos del obispo Juan de Albuquerque, y ellos fueron los que guiaron los pasos de san Francisco Javier por aquellas latitudes. Desde entonces los evangelizadores del Japón eran los jesuitas, que pronto fueron expulsados del país.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1593 llegaron los franciscanos Pedro Bautista Blázquez, Bartolomé Ruiz, Francisco de San Miguel y Gonzalo García, comenzando a predicar la fe cristiana entre los japoneses. Desde Filipinas no tardó en llegar más refuerzo misional.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En tres años llegaron a bautizar a unos 20.000 neófitos. En 1596 estalló la persecución contra los cristianos, siendo martirizados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597 san Pedro Bautista y cinco frailes compañeros suyos, tres jesuitas nativos y 17 cristianos seglares. Su memoria litúrgica se celebra el 5 de febrero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este martirio supuso un nuevo movimiento de conversiones y mayor expansión misional. A los franciscanos se unieron los dominicos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1612 estalló de nuevo la persecución, que se incrementó en 1616, llegando a un ensañamiento sin igual desde 1622, produciendo incontables mártires, y por fin se consiguió aislar totalmente a los cristianos japoneses del resto de la cristiandad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En este contexto encontramos la actuación del beato Francisco Gálvez. Nació en el pueblo de Utiel, siendo bautizado el 15 de agosto de 1578. Siendo ya diácono, ingresó en el convento franciscano de San Juan de la Ribera de Valencia. Ordenado sacerdote en 1601, se alistó para marchar a las misiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;En Méjico estuvo ocho años.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1609 pasó a Manila, y en el convento de Dilao aprendió japonés. En 1612, pasó al Japón, siendo pronto expulsado por la persecución religiosa que se había desencadenado. De nuevo en Manila tradujo a la lengua nipona una explicación de la doctrina cristiana y tres volúmenes de vida de santos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1618 consiguió entrar de nuevo en el Japón disfrazado de esclavo negro, y mezclado con la tripulación de un buque mercante. Reanudó la evangelización, en medio de grandes peligros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Traicionado por un bonzo, que había simulado hacerse cristiano, fue encarcelado. Por perseverar en la fe cristiana fue quemado vivo en Yedo (hoy Pekín), junto con otros 51 cristianos, el 4 de diciembre de 1623.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue beatificado por el papa Pío IX el 7 de julio de 1868. La diócesis de Valencia celebra su fiesta litúrgica el 4 de diciembre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras estos martirios, los cristianos del Japón quedaron privados de sacerdotes y reducidos al silencio. Sobrevivieron en la más misteriosa clandestinidad, hasta que fueron descubiertos en 1865, año en que se permitió en el Japón que pudiesen entrar los misioneros católicos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;[A. Llin Cháfer, Testigos de la fe en Valencia. Valencia 19972, pp. 149-151]&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: justify;"&gt;Fiesta: 4 de diciembre&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: justify;"&gt;Beatificación: Pío IV, 1867&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: justify;"&gt;Nacimiento: Utiel (Valencia, España), agosto de 1578&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: justify;"&gt;Muerte: Yedo (actual Tokio, Japón), el 4 de diciembre de 1623&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #7f6000; text-align: justify;"&gt;Orden: Franciscanos Menores de la Observancia - Descalzos o Alcantarinos&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #4c1130; text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-2825593564613601494?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/2825593564613601494/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=2825593564613601494' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2825593564613601494'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2825593564613601494'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/12/beato-francisco-galvez-martir-de-japon.html' title='Beato Francisco Gálvez, mártir de Japón'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-TVcpXhDFSqU/Ttyupnooe5I/AAAAAAAACo0/PcKZNfMth44/s72-c/martires+franciscanos%25C3%25A7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1042474576925938862</id><published>2011-12-02T03:53:00.000-08:00</published><updated>2011-12-05T03:58:35.912-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beata María Ángela Astorch</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-rlDmT4JBhTU/TtyxuldesDI/AAAAAAAACo8/Zwfo8ql57Ec/s1600/Beata_Maria_Angela_Astorch_C.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-rlDmT4JBhTU/TtyxuldesDI/AAAAAAAACo8/Zwfo8ql57Ec/s400/Beata_Maria_Angela_Astorch_C.jpg" width="273" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Huérfana de padre y madre, ingresó muy joven en el monasterio de las capuchinas de Barcelona, donde emitió su profesión en 1609. Cuando tenía 21 años de edad, la mandaron a Zaragoza como maestra de novicias. Después de haber gobernado este monasterio como abadesa, en 1645 fundó el monasterio de Murcia. Tuvo en alto grado el don de la contemplación, alimentada particularmente en la meditación de la Liturgia de las Horas, y al mismo tiempo una caridad solícita hacia las hermanas. Fue beatificada el 23 de mayo de 1982 por Juan Pablo II.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noticia de la beatificación de María Ángela Astorch, al esparcirse en 1981, cogió de sorpresa aun a las comunidades de capuchinas. Ya casi nadie la esperaba: habían pasado más de tres siglos desde su muerte, ciento treinta años desde el decreto de la heroicidad de las virtudes, más de un siglo desde la realización del milagro que había de servir para su glorificación. Parece como que Dios reservaba el momento propicio para darla a conocer con su mensaje peculiar, ese distintivo que movió a Juan Pablo II a presentarla a la Iglesia del postconcilio como la mística del Breviario, en el acto solemne de la beatificación del 23 de mayo de 1982.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María Ángela es, por orden cronológico, la primera capuchina llegada a los altares, si bien se le adelantaron las otras dos que vivieron después de ella: santa Verónica Giuliani ( 1727) y la beata María Magdalena Martinengo ( 1737).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ella misma nos ha dejado su propia historia y su singular experiencia espiritual en los relatos autobiográficos, escritos por orden de sus confesores, y en sus cuentas de espíritu, continuadas durante más de treinta años. Existen, además, las declaraciones de las religiosas en el proceso informativo, incoado en 1668.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;La huerfanita precoz&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 1 de septiembre de 1592 nacía en Barcelona Jerónima, cuarto vástago del matrimonio Cristóbal e Isabel Astorch. Su padre, que pertenecía al gremio de libreros, desempeñaba un cargo público importante. Su madre, heredera de una cuantiosa fortuna, era una dama de acendrada religiosidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Doña Isabel falleció en 1593, cuando la pequeña Jerónima contaba apenas diez meses. Hubo de ser confiada a los cuidados de una nodriza en el pueblo de Sarriá. Cuatro años más tarde moría don Cristóbal. La huerfanita creció hasta la edad de nueve años en casa de su aya, que la quería como una verdadera madre. Escribe ella recordando aquellos años: «Era yo la alegría y el entretenimiento de todo el lugar. Mi esparcimiento era jugar con pájaros, los cuales tenía en abundancia y muy hermosos, y con las aves del cielo. Y, a las tardes, tomar la fresca con la luna, saliendo a lugares solos de mucha arboleda...».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Frisaba en los siete años cuando un día, por haber comido «almendrillas verdes», se puso tan mala que todos la dieron por muerta y aun se hicieron los preparativos para el entierro. Ella, en sus memorias, atribuye reiteradamente a la intercesión de la Madre Ángela Serafina y a la intervención prodigiosa de la Virgen María el haber vuelto a la vida. Desde entonces -escribirá más tarde- «corre mi vida por cuenta de esta divina Señora». Y añade: «Mi niñez no fue sino hasta los siete años: de éstos en adelante fui ya mujer de juicio y no poco advertida, y así sufrida, compuesta, callada y verdadera».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los nueve años la tomó bajo su responsabilidad uno de los tutores. Aprendió a leer y hacer labores. Se despertó en ella una afición incontenible a los libros, en particular a los escritos en latín. Ella misma afirma que dejaba admirado al maestro, que le daba lección, por la prontitud de captación y su fácil retentiva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;A la escuela de Madre Ángela Serafina Prat&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 16 de septiembre de 1603, con once años recién cumplidos, Jerónima era recibida en el convento de las capuchinas de Barcelona; el obispo en persona, don Alonso Coloma, la entregó a la fundadora, Madre Ángela Serafina Prat. Esta santa mujer había reunido en 1589 a un grupo de jóvenes colaboradoras, la más adicta de las cuales era Isabel Astorch, hermana mayor de Jerónima. Dos años más tarde obtuvo del nuncio pontificio la erección canónica de un convento de capuchinas, que desde febrero de 1603 tenía sus constituciones propias. Las vocaciones afluían numerosas, atraídas por la austeridad de vida, retiro y fervor de las religiosas, no menos que por la fama de santidad de la fundadora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestra jovencita, que recibió el nombre de María Ángela, no cabía de gozo al verse en aquel recinto de santidad, donde se conjugaban armoniosamente el rigor de la penitencia con un clima familiar de sencillez y de alegría. «Lo primero que puso Dios en mi corazón -escribe- fue el parecerme las religiosas santas. Hasta el hablar unas con otras y hasta cualquier ruido que oía en casa, todo me sabía a santo. Y así me causaba todo gran devoción... Mi corazón estaba tal, que me apasionaba en querer seguirlas en todo cuanto alcanzaba a ver o saber de mortificaciones o penitencias...»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tuvo la fortuna de hallar un guía espiritual a su medida en el sacerdote aragonés mosén Martín García, forjado por muchos años en la vida eremítica. Ella le abría candorosamente su espíritu y él la iba encaminando inteligentemente hacia una piedad cada vez más interiorizada hasta introducirla de lleno en la oración mental y en la contemplación infusa. María Ángela tomó como modelos vivientes a su venerada Madre Ángela Serafina, de altas experiencias místicas, y a su propia hermana sor Isabel, favorecida asimismo con dones superiores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En cambio, tuvo que soportar la incomprensión, la dureza y hasta los malos tratos de una maestra, inmadura y celosa, que no perdía ocasión de humillarla. Le daba en rostro todo lo que a las demás, especialmente a la fundadora, les caía en gracia en la benjamina: su voz sonora y armoniosa en el canto coral, su conocimiento de los textos litúrgicos, sus modales comedidos, sus salidas de persona mayor, hasta sus actos de virtud. María Ángela sufría en silencio y se esforzaba por corresponderle con dulzura y sumisión, pero no estuvo en su mano dominar la incompatibilidad con la maestra: «Era en todo opuesta a mi natural y condición -declara-; siempre me hacía horror vivir con el modo de ser dicha sierva de Dios».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hubo otra causa particular de sufrimiento: su pasión por los libros en la lengua latina. Al entrar en el convento había traído consigo los seis tomos del Breviario, que se había hecho comprar previamente. Se hallaba ya entonces familiarizada con los latines de la oración oficial de la Iglesia, que será en adelante su alimento espiritual y su consuelo. Toda su gloria era verse rodeada de libros en latín. Niña como era, se entretenía a veces amontonando los breviarios y diurnales, que las hermanas tenían en el coro. Quedó desconsolada el día que le quitaron los tomos de su Breviario; el confesor hizo que le quitaran todos los libros en latín, y le prohibió servirse de textos bíblicos y litúrgicos en esta lengua cuando platicaba con él en el confesionario. Lo sorprendente era la propiedad con que los aplicaba y el conocimiento que demostraba de la lengua litúrgica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cinco años hubo de pasar en calidad de aspirante, pero en régimen de noviciado. El 7 de septiembre de 1608 dio comienzo al año canónico de prueba bajo la dirección de su hermana sor Isabel, nombrada por la fundadora en sustitución de la maestra anterior. «La primavera de mi espíritu», llama aquel tiempo de intensidad contemplativa y ascética, para el que tomó como abogado y guía al evangelista san Juan. Ella misma nos ha dejado un esbozo de los sensatos criterios formativos de su santa hermana; inculcaba la responsabilidad personal: cada novicia había de llegar a ser «maestra de sí misma». Lejos de mimar a su hermanita, se mostró con ella calculadamente seca y hasta huidiza. Esto y las tentaciones y pruebas de espíritu que la afligieron en ese año la ayudaron a madurar internamente. Entre otras molestias del enemigo, una fue la tentación de pasarse a otra Orden de ritmo más monacal y solemne, «para vacar más libremente a la oración y lectura de libros espirituales».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por su cultura superior y su madurez, fue encargada de instruir a sus compañeras de noviciado. Y esto también le atrajo su dosis de mortificación; la apodaban la «maestrita».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida de la fundadora, Madre Ángela Serafina, tocaba a su fin. El 15 de diciembre de 1608 reunió por última vez la comunidad en capítulo; en él propuso a votación la admisión de sor María Ángela a la profesión; no quería morir sin estar segura del futuro de su novicia predilecta, de la que tanto esperaba. Ese mismo día hubo de guardar cama y el 24 de diciembre expiraba santamente entre el llanto de todas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apenas concluido el año canónico, el 8 de septiembre de 1609, sor María Ángela emitió su profesión. Continuó su formación como joven profesa, siempre bajo la guía de su hermana Isabel, ahora nombrada «maestra de jóvenes», y bajo la dirección espiritual del buen mosén Martín García. Siempre recordará aquellos años felices en que vivió de continuo en un ansia incontenible de Dios, dándose sin trabas a la lectura y a los ejercicios de humildad y de mortificación. Con su hermana y con otras dos compañeras hizo un pacto «de hermandad muy íntima y de desafío», bella porfía de generosidad, en que no faltaba la rigurosa corrección recíproca acompañada de eficaces reparaciones en privado y en público.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todo se hacía bajo el control paternal del anciano confesor, atento a moderar lo que pudiera haber de excesivo en aquellos fervores juveniles. No dudó en concederles dos días más de comunión semanal sobre los que tenía la comunidad, satisfecho como estaba del adelanto espiritual de las tres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;He aquí cómo recuerda, en su lenguaje siempre expresivo, los goces de su espíritu, especialmente en la contemplación bíblica:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«En este tiempo era mi alma un remedo de mariposa, de noche y de día, ardiendo en fuego vivo y sed insaciable en busca de mi Dios... Sólo le hacía ausencia el tiempo que tomaba del sueño; y éste lo tomaba tan sobrelevantada que, apenas despertaba, cuando ya me sentía llamada y solicitada de mi divino Señor con lugares particulares de la Escritura, Evangelio y Cantares... Gozaba de gran paz y tranquilidad interior en el cantar los divinos oficios. Tenía muchísimas inteligencias de lo que decían muchísimos lugares y versos...»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y dice cómo sufrió al prohibirle el confesor poner atención a esas inteligencias durante el recitado coral, así como el decir o cantar versículos fuera del coro, como lo venía haciendo durante las labores. No contenta con las lecturas bíblicas del Breviario, se propuso leer la Biblia entera, en latín, desde la primera página del Génesis. Durante dos años tuvo el cargo de sacristana y el de «correctora de coro», ya que ninguna otra se hallaba mejor preparada para velar por la fidelidad a las rúbricas y la recta lectura de los textos latinos. Además, y no obstante su corta edad, fue elegida sexta discreta, es decir una de las ocho consejeras que prescribe la Regla de santa Clara.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Maestra de novicias a los 21 años&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El convento de Santa Margarita de Barcelona no tardó en proliferar, dando lugar a toda una nutrida constelación de fundaciones en toda España, en Cerdeña, México, Guatemala, Perú, Chile, Argentina... Hoy son un centenar los monasterios que se remontan, en su origen más o menos remoto, al fundado por la Madre Ángela Serafina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1609 salieron las fundaciones de Gerona y de Valencia. En 1614 llegó el turno a la de Zaragoza. El 24 de mayo de ese año llegaban a la capital de Aragón las seis religiosas destinadas a la fundación del monasterio que sería intitulado de «Nuestra Señora de los Angeles». Entre ellas se hallaba sor María Ángela, que iba con el cargo de maestra de novicias y de secretaria. Tenía 21 años de edad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No le faltaron momentos de apocamiento al sentirse «con cargo de almas para enseñarles religión y camino espiritual y trato con Dios». Pero se sobreponía con la seguridad de la ayuda divina. Tomó como modelo la pedagogía evangélica aprendida de su hermana Isabel, ahora abadesa en Barcelona; moriría dos años más tarde en fama de santidad. Los ideales y métodos de María Ángela como formadora se hallan reunidos en su opúsculo Práctica espiritual para las nuevas y novicias. Su primera preocupación era poner a las jóvenes en contacto directo con Dios mediante la vida litúrgica y la oración contemplativa: «Han de hambrear de noche y de día ser almas de oración; y de esto traten y hablen siempre las unas con las otras». Al mismo tiempo las guiaba al descubrimiento de la realidad de cada compañera en el trato mutuo y en las exigencias de la vida comunitaria. Era exigente en punto a unión fraterna y total nivelación entre las hermanas. Atenta a la formación de toda la persona, las hacía asimilar la disciplina externa en los actos comunes, en el trabajo, en la visita diaria a las enfermas, en el porte personal, en la comida, en el sueño... Pero en ninguna cosa ponía mayor cuidado que en la instrucción detallada de la recta ejecución de las celebraciones litúrgicas y en el espíritu con que habían de participar en ellas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue mantenida en el oficio de maestra de novicias por tres trienios, de 1614 a 1623. En este año le fue confiada la formación de las jóvenes profesas, cargo que desempeñó hasta su elección como abadesa en 1626. Más tarde, en la fundación de Murcia, uniría al cargo de abadesa el de maestra de novicias, por deseo de la comunidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había en ella, en efecto, dotes eximias de formadora. No hallaba dificultad en ganarse la confianza de las jóvenes a ella encomendadas; sabía identificarse con la índole y las situaciones de cada una, recurriendo si era necesario a medios extraordinarios. Escribe ella misma: «Muy en particular se me llevaban el afecto las que estaban más afligidas por luchas y tentaciones interiores, que me constaba de muchas por la humildad y claridad de conciencia que guardaban conmigo, con harta confusión mía».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Talla humana de María Ángela&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En lo físico, era baja de estatura. Lo delicado de sus facciones, el mirar apacible de sus ojos, habitualmente entornados, su continente grave y hasta solemne, su hablar dulce y reposado, formaban un conjunto que infundía respeto y confianza a un mismo tiempo. Se añadía la claridad y viveza de sus facultades mentales, junto con un sentido finamente femenino del detalle y una sensibilidad que le hacía vivir intensamente cada circunstancia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A ruegos de ella, siendo joven formadora, le hizo su confesor, el canónigo Gil, la ficha de su temperamento: «Natural vivo, vehemente y muy sutil». Y le dio como programa espiritualizar el natural, sin cohibirlo ni ignorarlo. Gracias al mandato del que fue su confesor desde 1641, don Alejo de Boxadós, poseemos el autorretrato moral más acabado que cabe desear. De él tomamos algunos rasgos:&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;1. Señor: mi natural es colérico, flemático, amoroso, agradecido y correspondiente, y tan fiel, que pasaré por cualquier cosa por guardar ley a quien de mí hiciera confianza.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;2. También tengo aversión a personas cautelosas y de segundas intenciones, y de las que hacen demostraciones de que pasan grandes cosas interiores, ora sean gracias de Dios ora sean trabajos...&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;3. Curiosa en extremo..., siempre tengo de ir aseada en mi aseo y aliño como una señora en el suyo.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;4. Tengo el entendimiento muy discursivo en cosas de pena, y esto es uno de los mayores impedimentos que me perturban y desasosiegan la quietud interior.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;5. Quiero, y apetece mi natural ser querido, pero, no para ser blanco de voluntades, si bien siento mucho el desamor e ingratitud, sino para mayor unión y hacer efecto en los corazones.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;6. Soy enemiga muchísimo de tratar con personas de un ordinario saber, y presuntuosas. Y es mi pasión tratar con las de buen sentir así en cosas corporales como espirituales y, para lo que toca a mi espíritu, doctas, graves y santas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre las limitaciones humanas, que ella reconoce y lamenta, una es el complejo del miedo. «He tenido toda mi vida terrible pavor a los muertos», escribe en 1634. También le hacían pasar muy malos ratos las representaciones infernales. Otro reflejo de esa tendencia aprensiva era su temor a la muerte y a los juicios de Dios. A todo ello hallaba remedio abriéndose a la Palabra de Dios, que le devolvía la serenidad interior con las luces que Dios le comunicaba oportunamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las hermanas que declararon en el proceso informativo son prolijas en enumerar los rasgos positivos del retrato moral de la venerada Madre, en especial insisten en su amor a la verdad por encima de todo convencionalismo e hipocresía. Ponderan asimismo la apacibilidad de su semblante siempre alegre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había en su trato cierta innata distinción, que le comunicaba ascendiente sobre los extraños, incluidos sus confesores. Con éstos observaba «sujeción a ley de espíritu noble»; y explicaba el motivo: «Creo toma mi alma este modo noble de lo mismo que Dios usa con ella, porque es tan grande la nobleza y suavidad con que me llena y atrae para sí, que me deja llena de una reverencial y humilde nobleza. Y así, por esto, creo que quien quisiere obrar en mí por diferente modo, me destruye de todo punto».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;La mística del breviario&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los sacerdotes que trataron a María Ángela en Zaragoza y en Murcia quedaban intrigados por su conocimiento carismático de la sagrada Escritura, de los santos Padres y de la lengua latina. El arzobispo de Zaragoza se creyó en la obligación de designar una comisión de cinco examinadores para averiguar hasta dónde era «infuso» semejante fenómeno; le hicieron toda clase de pruebas a base de citas latinas, y ella fue indicando con precisión libro y capítulo de la Biblia o el escrito patrístico donde se hallaban. Quedaron asimismo sorprendidos al saber que, en la sala de labor, leía a las religiosas en latín el libro Vitae Patrum -vidas de los padres del yermo- traduciéndolo luego y explicándolo puntualmente. Parecido examen harían más tarde en Murcia el deán y un canónigo de aquella diócesis.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El breviario fue siempre la base de sus ascensiones místicas; la sagrada Escritura le ofrecía las expresiones más adecuadas para sus sentimientos íntimos, brotados bajo la acción de la luz contemplativa. Su piedad era eminentemente litúrgica. El versículo de un salmo, la lectura de un nocturno, un responsorio, una antífona, bastaban para transportarla al plano de las experiencias unitivas. Éstas, con todo, no le impedían seguir el movimiento del rezo con absoluta fidelidad e intervenir al punto cuando se cometía algún error en las rúbricas. Escribe en 1624: «Me acontece muchas veces que, cantando los salmos, me comunica su Majestad, por efectos interiores, lo propio que voy cantando, de modo que puedo decir con verdad que canto los efectos interiores de mi espíritu y no la composición y versos de los salmos». Dios mismo se constituía en «maestro y declarador de su Palabra».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le gustaba considerar la Iglesia de la tierra y la del cielo unidas en la misma liturgia de alabanza. En la fiesta del Ángel de la Guarda de 1642 experimentó un «parentesco cercano» con los ángeles y bienaventurados y se sintió movida a lanzar un «desafío» a los moradores de la Jerusalén celestial: «Como moradora que soy de la Iglesia militante, tengo que cantar las alabanzas divinas con pureza y alegría de corazón..., y de todas hacer unos perfumes a la beatísima Trinidad, uniéndolas y poniéndolas en el incensario de oro del Corazón de Cristo, mi Señor».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El coro conventual era el lugar privilegiado del encuentro con Dios y consigo misma. «En él tengo mi oración -escribe- y, por la mayor parte, todos mis mejores empleos así de noche como de día. Es el puesto en donde más misericordias recibo...»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No obstante la importancia que tenía en su espiritualidad el Oficio divino, el verdadero centro vital era el misterio eucarístico. Ponía esmero particular en la participación activa de la comunidad en la santa Misa. Siendo abadesa obtuvo para todas las religiosas la licencia para poder recibir la comunión diariamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;«Cuando su Majestad se encierra a solas con mi alma»&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las páginas más espléndidas de las cuentas de espíritu de María Ángela son aquéllas en que lucha por hallar un vehículo de expresión a lo que ella experimenta en las horas inefables de lo que llama «cerrado silencio interior», «silencio hablador», «íntima posesión y dulzura interior», «cercanidad divina»... Es una contemplación quieta y gozosa, por lo general, pero a veces vehemente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando Dios quiere disponerla a una merced particular le «llena el espíritu de un temple humilde y suave», que redunda en los sentidos. Y esto aun durante el día, esté donde esté. Es como un «respirar en Dios» aun en medio de las ocupaciones externas. Bajo la luz infusa, que la envuelve y la penetra, se siente «cogida», «robada», «poseída» por Dios, a merced de operaciones íntimas que la aligeran y la transforman. A veces las recibe como «hablas poderosísimas» que producen lo que significan, porque «el decir de Dios es obrar».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El punto de partida son siempre las ideas y los sentimientos que suscita en su alma la liturgia del día. Cualquier domingo del año le hace vivir, por ejemplo, la «festiva resurrección» del Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero no todo son consuelos y enajenaciones amorosas. Con frecuencia ha de experimentar la «enfermedad de ausencia», cuando el Amado se retira. Escribe muy expresivamente en 1636: «La especial presencia y asistencia de su Majestad, tan dulce y familiar, se me convirtió en una ausencia y lejanía grande como, si decirse puede, si se hubiera ausentado en las Indias».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Forma contraste con su continente externo, digno y comedido, y aún con su fe reverencial en las celebraciones litúrgicas, su postura íntima, de verdadera infancia espiritual, ante Dios, que desempeña con ella «oficios de papá». Una tal actitud corresponde al clima de expansión y de gozo, o como ella dice de «ancheza y libertad de espíritu», que se respira en todas sus páginas: un aura franciscana de «hilaridad interior», fruto del vacío total de creatura, cuando el alma se ve «señora de sí misma».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María Ángela tenía orden de los confesores, ya desde 1627, por lo que hace a las gracias místicas extraordinarias, de «no buscarlas ni admitirlas». Ella se esforzaba por resistir al arrobamiento, a veces más allá de lo aconsejable, en especial durante la recitación de las horas canónicas y la participación en la misa. Se hallaba como cogida entre la vehemencia de la atracción divina y la voluntad del mismo Dios, que le hacía sentir su voz diciéndole: «¡Obedece y canta!». Volvía el ímpetu del rapto, y nuevamente la voz interior le hacía estar sobre sí: «¡Canta y obedece!». En ocasiones se veía obligada a asirse fuertemente al asiento o a la reja del coro para no ceder al rapto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esa violencia reiterada le producía los «desmayos del corazón», que llegaron a alarmar a los médicos. Era dolencia de amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todo comenzó, allá por el año 1620, siendo maestra de novicias, con la «vista de un corazón bellísimo, muy grande y delicadísimo..., en el aire, entre cielo y tierra...». Lo flanqueaban, de un lado, la Virgen con el Niño, y del otro, san Francisco de Asís. «De la vista de este corazón -concluye- quedé esclava y cautiva». Y le dejó un ardor permanente en el corazón, con una sensibilidad tal, que cualquier contacto le producía un dolor insoportable. Se trata del fenómeno místico del corazón herido que, como en otros santos, se completó con la experiencia de la permuta de corazones. No fueron ímpetus de juventud: todavía en 1646 seguía sintiendo en el corazón «fuego vehementísimo, como cuando revienta una granada, un ardor que vaporeaba hacia arriba».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En relación con esa experiencia se coloca su amor apasionado al «melifluo Corazón de Jesús». Y esto medio siglo antes de las conocidas apariciones a santa Margarita María de Alacoque. «Es mí blanco -escribe-; lo amo apasionadamente». Y lo saluda: «Mi incomparable tesoro, toda mi riqueza, única esperanza cierta de todo lo que espero, claridad y sosiego de mis dudas, aliento de mis ahogos, centro íntimo de mi alma, propiciatorio de oro de mi espíritu..., escuela y cátedra donde leo ciencia y finezas de tu inmensa caridad...»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;«¡Qué gran tesoro y dicha es ser hija de la Iglesia!»&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En un siglo en que la espiritualidad católica se desenvolvía casi al margen de la liturgia y en que, incluso la teología, veía en la Iglesia únicamente la institución visible, María Ángela puede ser considerada como una verdadera excepción. Fue su misma intuición mística, guiada por la Palabra de Dios, la que la llevó a vivir en forma excepcional el misterio de la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se siente profundamente deudora a la bondad divina por el beneficio de ser hija de la Iglesia, experimenta, aun en visión, el calor del regazo maternal de la esposa de Cristo, se esfuerza por formar a las religiosas en la conciencia gozosa de ser hijas de la Iglesia, en la oración insistente por las necesidades de la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se siente unida en estrecho parentesco con todos los fieles, a quienes llama reiteradamente «mis hermanos»; ella misma siente entrañas maternales para con todos los redimidos: ¡«Oh, quién pudiera ser madre de todos ellos!». Desearía «ponerlos a todos dentro del Corazón de Cristo». Comparte el dolor de la Iglesia por los hijos separados de ella: los malos católicos, los herejes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sabe cómo corresponder a tanto como le viene comunicado por mediación de la Iglesia, en especial los «misterios» y las «verdades» que ella nos propone. Fue ésta la razón fundamental que la impulsó a tomar con apasionamiento el aprendizaje del latín: «Entender los misterios en la propia lengua en que nuestra madre la Iglesia nos los propone». No es sólo un adherirse al magisterio de la Iglesia con docilidad de fe, sino un «sujetar y cautivar mi juicio, saber y sentir a mi madre la Iglesia católica romana», hasta ofrendar la vida en su defensa si fuera necesario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Medita con frecuencia en la unión esponsal de Cristo con la Iglesia, fundada por Él en la cruz. Es la Iglesia la que nos aplica los frutos de la sangre de Cristo. María Ángela se considera «incorporada dentro de los profundos tesoros» de la Iglesia y mira el convento fundado por ella en Murcia unido a la Iglesia universal, «árbol plantado en la heredad de la Iglesia». Anhela por el día en que no haya más que un solo redil y un solo Pastor, «un solo pueblo, puro y santo, todos del linaje real de Dios».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Irradiación a través de la reja conventual&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La caridad apostólica de María Ángela corría parejas con su amor encendido al divino Esposo y con su solicitud entrañable por las hermanas puestas a su cuidado. Se sentía «hermana y madre de todos los fieles». Desde el encierro de los muros conventuales, ardía en ansias de prodigarse en bien de todos los redimidos. «Dios eterno -oraba-, que infundís este afecto y ansia interior en mi espíritu por la salvación de los fieles: ¡oh, si me fuera posible obrar en los corazones de todos!... Decidles que un alma penada y ansiosa de su bien se deshace en ansias de sus medros y de que os conozcan, sujeten y amen».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Echaba mano constantemente de los medios al alcance de una religiosa contemplativa: la oración, la penitencia, el amor redoblado al Señor para compensarle de las ofensas y del desamor de los hombres. Pero, sin pretenderlo, hubo de experimentar que, como ha dicho Jesús, la luz no se enciende para que quede oculta bajo el celemín, sino para que alumbre. No tardaron en trascender fuera los dones superiores que la adornaban: la santidad de vida, su don de consejo y aun la eficacia excepcional de su intercesión. Ella hubiera querido seguir ignorada en el encierro claustral, pero sus confesores le apremiaban a no negarse al reclamo de la caridad. Y hubo de prodigar su tiempo con las personas de toda clase social que acudían a ella en busca de consejo, de consuelo y de orientación en la vida. Se sabe nominalmente de hombres y mujeres de familias destacadas que fueron verdaderos «hijos espirituales» suyos y de prelados eminentes que mantuvieron con ella comunicación espiritual, entre éstos el cardenal Trivulzio, virrey de Aragón, el obispo de Albarracín don Jerónimo de Lanuza, el arzobispo de Zaragoza Martínez de Peralta, el patriarca de las Indias Occidentales Alonso Pérez de Guzmán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dentro de esta caridad universal ocupó lugar especial, sobre todo desde que estalló la guerra del principado en 1640, Cataluña, «mi patria atribulada», como ella se expresa. Sufrió y oró, teniendo que acatar los insondables designios de Dios en aquella tragedia cuya razón no acababa de entender. Algo de aquella angustia se revela en lo que escribía en 1646: «Queriendo rogar por la paz de los reyes y príncipes cristianos, no pude. Y me dijo su Majestad: ¡Hija, todos son unos! Y me dio inteligencia muy distinta que pecaban por malicia y pertinacia».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;«Me guiso a mí misma para comida gustosa de todas»&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1626 María Ángela había sido elegida abadesa con la necesaria dispensa, ya que los cánones exigían cuarenta años de edad y ella contaba sólo treinta y tres. Gobernó durante dos trienios seguidos la comunidad de Zaragoza, y después aún en dos trienios más con intervalos de tres años. Siendo vicaria partió para la fundación de Murcia; en este monasterio ejerció el cargo de abadesa hasta su renuncia espontánea cinco años antes de su muerte. En total veintisiete años al frente de la comunidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Consideró siempre como el primer servicio que la «madre y servidora» debe prestar a sus hermanas, según la Regla de santa Clara, el cuidado espiritual. Para ello se propuso «llevar a cada una al paso con que Dios la quiere hacer caminar», sin «enfilar» a todas por el mismo carril. Las hermanas que la tuvieron por superiora se hacen lenguas de aquel su estilo evangélico de servir más que de gobernar: «No tenía aceptación de personas». «Era la primera en barrer, fregar, lavar la colada, entrar leña». «Tenía particular prudencia y gracia para mover sin desagradar». «Era muy ponderada en la reprensión de los defectos, pero en los casos obligatorios de hacer correcciones, las hacía con todo valor..., a veces con sólo un gesto o con una mirada». «Poseía el don de consejo, dando respuestas adecuadas a la situación de cada una...; las hermanas estaban persuadidas de que penetraba el interior». «Era muy amada y venerada de todas». «Procuraba consultar lo que se había de obrar, y tenía mucha docilidad en seguir el parecer justo de cualquiera, aunque fuese contra el suyo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De esta disposición suya para dialogar, escuchar y valorar el parecer ajeno escribe ella misma: «Dejo pasar en las cosas indiferentes, no dándoseme nada se haga lo contrario de mi sentir y querer». Diseminados en sus escritos hallamos acá y allá preciosos trazos de su fisonomía como guía de la comunidad:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Me juzgo indigna de estar entre las siervas de Dios». «Mi norma es callar y sufrir, y llevar el peso que las cosas de gobierno traen consigo, como sierva de la casa de Dios». «Estoy atenta a llevar las condiciones y naturales de mis religiosas, aunque me lo quite de mi comodidad». «El ajustarme a todos los naturales y condiciones es sin duda obra de la gracia; y ésta me la da Dios para beber aguas muy amargas a mi natural y condición; pero así conquisto mi alma». «Con el oficio de prelada tengo muchas ocasiones de morir a mí misma y de dar a mi divino Señor mi vida en sacrificio, porque me guiso a mí misma para comida gustosa de todas». «Venero en mis religiosas la santidad oculta que Dios ha infundido en sus almas».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre los servicios prestados a la comunidad de Zaragoza cabe mencionar la construcción del nuevo convento, gracias a la buena ayuda recibida de un sacerdote bienhechor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otra importante iniciativa suya es la revisión de las Constituciones, mejorando el texto barcelonés, «de común consentimiento de todas las monjas, después de madura consideración». Fueron aprobadas por Urbano VIII en 1627. Por ellas se regirán andando el tiempo hasta trece monasterios derivados del de Zaragoza o relacionados con él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Fundación de Murcia&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde años atrás venía deseando María Ángela realizar una fundación, si fuera posible en Cataluña. En 1640 vino a apoyar el proyecto el nuevo confesor, don Antonio Boxadós, que gestionaba en Madrid la adjudicación del cargo de inquisidor en Murcia. De lograrlo, correría por cuenta suya el llevar a término la fundación de un convento de capuchinas en esta ciudad. Vencidas las dificultades, se logró la cédula real de 3 de diciembre de 1644 que autorizaba la erección del monasterio de la Exaltación del Santísimo Sacramento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 9 de junio de 1645 partía de Zaragoza María Ángela con otras cuatro religiosas. Al cabo de un viaje sembrado de peripecias, llegaron a destino el 28 del mismo mes. Al día siguiente, fiesta de San Pedro, fue la solemne inauguración del monasterio y la entrada en clausura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera preocupación de la fundadora fue encauzar debidamente la nueva comunidad, atendiendo sobre todo a la formación de las jóvenes, que no tardaron en afluir en buen número.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No faltaron pruebas sensibles en aquellos primeros años. La primera fue la gran epidemia del año 1648: la ciudad quedó casi despoblada; las víctimas fueron, al decir de un autor, más de 24.000 en toda la comarca. El contagio hizo presa en la comunidad; y se debió a la oración confiada e insistente de la santa abadesa el que no muriera ninguna de las religiosas. Pero se hubo de lamentar la muerte de uno de los donados agregados al convento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La otra prueba, más penosa, fue la inundación del 14 de octubre de 1651, la más desastrosa que recuerdan los anales de Murcia. En total quedaron arrasados más de doscientos edificios; los muertos pasaron de dos mil. El convento de las capuchinas se hallaba en la parte más elevada del casco urbano, pero de nada sirvió. En vista de que las aguas habían llenado la iglesia y todas las dependencias de la planta baja, subiendo siempre de nivel, optaron por abandonar la clausura, después de sumir las especies sacramentales, lanzándose a través de la corriente para ganar el próximo colegio de la Compañía. Estaban aún en el zaguán de éste, cuando oyeron el estruendo de la iglesia de su convento, que se vino abajo, perdiéndose cuanto había en ella y en la sacristía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pasaron trece meses en una residencia de verano que los jesuitas les cedieron generosamente en la montaña de Las Ermitas. Hallaron el convento en pésimas condiciones todavía. Y, cuando se planeaba la nueva obra, una segunda inundación, el 7 de noviembre de 1653, las obligó a regresar a Las Ermitas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mucho más sensible que estos infortunios fue la indigna calumnia levantada ante el prelado contra la santa abadesa y las religiosas por obra de una mujerzuela; todo terminó con la retractación de la mal aconsejada y con el reconocimiento de la inocencia de las difamadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre tanto se fueron activando las obras del convento, y el 22 de noviembre de 1654 la comunidad pudo regresar a él definitivamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;El último heroico desaproprio... y la unión eterna&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida íntima de María Ángela, en todo este tiempo, avanza cada vez más, a fuerza de purificaciones y de pesadumbres, hacia la transformación por amor. Su contemplación se hace aún más explícitamente bíblica y litúrgica. Sigue meditando con amor compasivo en los pasos de la pasión del Señor, pero ahora su meditación es menos sujeta a la sensibilidad, más atenta a las «penas mentales» del Redentor. Se siente atraída con nueva fuerza al Amor. «Quisiera ser la más fina amante que jamás haya tenido», escribe en 1650. Por lo mismo le resultan más duras «las ausencias y soledades del amante Dios».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Experimenta la presencia unitiva de continuo, junto con el «total vacío de sí misma», que ella llama también «verdadera pobreza de espíritu», renunciando aun a las mercedes que el Señor le concede para vivir del puro amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su «sentido espiritual» va ganando en «sutileza», para usar su propia expresión, y en hondura. Cualquier circunstancia externa -el canto de una avecilla, unos compases de música, una letrilla devota, sobre todo un lugar de la Escritura o una verdad de fe-, es un reclamo que le hace sentir «novedad interior y alientos divinos». Experimenta «tientos» de la unión eterna y suspira cada vez con mayor ansia por la «seguridad de la posesión de la eterna Jerusalén». «Siento una desnudez de todo lo de acá -escribe-, como de cosas aparentes y de burla; y así estoy entre ellas como de puntillas. ¡Ay, Señor, y cuándo será ese momento y día! ¡Ay de mí, que se me alarga este destierro mío! (Sal 119,5)».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde 1654 padecía dolencias que preocupaban a las religiosas. En 1661 fue perdiendo rápidamente el vigor de sus facultades y quedó reducida a un estado infantil, incomprensible para cuantos habían conocido su clarividencia mental y su presencia de ánimo. Tuvo, eso sí, la cordura suficiente como para comprender que, en aquella situación, no debía seguir al frente de la comunidad. Hizo reunir el capítulo y elegir a su sucesora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Incapaz para lo temporal, pero con mucho conocimiento de lo divino», la vieron las religiosas en aquellos años. Era natural que todos atribuyeran aquel estado de disminución a un proceso de senilidad, tal vez prematuro. Pero ¡cuál no fue la sorpresa y la emoción de las hermanas y de cuantos la conocían al encontrar después de su muerte, entre sus papeles, una oración autógrafa, redactada en 1661, cuando aún gozaba de plena lucidez, en la que suplicaba al Señor la gracia de «quedar inepta en lo exterior, para las cosas de este mundo y, consiguientemente, sin el cargo de prelada; de tal modo que no la impidiese, en su interior, andar siempre en la divina presencia, alabándole y glorificándole!».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 21 de noviembre de 1665 le sobrevino un ataque de hemiplejía. Al propio tiempo recobró en pleno el uso de sus facultades mentales. Hizo su confesión con la lucidez de sus mejores años. Recibido el Viático la vieron permanecer extática por largo rato. Expiró serenamente el 2 de diciembre de 1665, después de haber entonado, con un resto de voz, el Pange lingua, coreado por sus hijas espirituales entre gemidos incontenibles. Contaba 73 años de edad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ciudad de Murcia se volcó a venerar el cuerpo de la que todos proclamaban santa. Y comenzaron a multiplicarse los milagros obtenidos por su intercesión. En 1668, apenas transcurridos dos años después de la muerte, fue iniciado el proceso informativo diocesano con miras a la beatificación. Circunstancias diversas fueron retrasando el proceso apostólico. Por fin el 29 de septiembre de 1850 recibía canónicamente el título de Venerable. Juan Pablo II la beatificó el 23 de mayo de 1982.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #660000; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Nota bibliográfica:&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;B. María Ángela Astorch, Mi camino interior. Relatos autobiográficos. Cuentas de espíritu. Opúsculos espirituales. Cartas. Ed. L. Iriarte. Madrid 1985.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;L. Iriarte, Beata María Ángela Astorch, Clarisa Capuchina (1592-1665), Valencia 1982 (versión italiana, Roma 1982); 2ª ed. Murcia 1987.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Lázaro Iriarte, O.F.M.Cap., Beata María Ángela Astorch. Ejemplo de espiritualidad litúrgica y eclesial, en AA.VV., «... el Señor me dio hermanos...». Biografías de santos, beatos y venerables capuchinos. Tomo I. Sevilla, Conferencia Ibérica de Capuchinos, 1993, págs. 201-220.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #741b47; text-align: justify;"&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1042474576925938862?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1042474576925938862/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1042474576925938862' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1042474576925938862'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1042474576925938862'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/12/beata-maria-angela-astorch.html' title='Beata María Ángela Astorch'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-rlDmT4JBhTU/TtyxuldesDI/AAAAAAAACo8/Zwfo8ql57Ec/s72-c/Beata_Maria_Angela_Astorch_C.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-7986103043621915684</id><published>2011-12-01T09:07:00.000-08:00</published><updated>2011-12-01T09:07:38.223-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Antonio Bonfadini</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-aCaAZOCH2V0/Tte0R2YxMHI/AAAAAAAACos/vE4mkDTanBI/s1600/bonfadini.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="281" src="http://2.bp.blogspot.com/-aCaAZOCH2V0/Tte0R2YxMHI/AAAAAAAACos/vE4mkDTanBI/s400/bonfadini.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antonio Bonfaddini pasó los últimos días de su vida en Cotignola, donde murió y quedó su cuerpo incorrupto. Nació en Ferrara el año 1400. Se doctoró en su ciudad natal en 1439. A los 37 años entró entre los Hermanos Menores en el convento observante del Espíritu Santo, en Ferrara y destacó por la fidelidad a la regla franciscana, por su espíritu de oración y su provechosa predicación. Ordenado sacerdote, se sintió atraído por la predicación de San Bernardino de Siena, que produjo un despertar maravilloso de virtudes también entre sus hermanos. Así que se puso enseguida a recorrer los caminos de Italia como predicador de la palabra de Dios. Es el siglo XV, el siglo de oro de la predicación y de la santidad de la observancia franciscana. Baste recordar sus cuatro espléndidas columnas: San Jaime de la Marca, San Juan de Capistrano, San Bernardino de Siena y Alberto de Sarteano. En semejante clima no es de admirar que Antonio se sintiese atraído por ellos. Su intenso y fructuoso apostolado desempeñado en Italia duró algunos decenios, y llevó muchísimas almas a una renovación de la vida cristiana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antonio quiso también extender su apostolado a los pueblos a los que aún no había llegado la luz del Evangelio. Inspirado por Dios pensó en la misión de Tierra Santa, que fue recorrida por el mismo Hijo de Dios hecho hombre y guarda los más grandes recuerdos de nuestra redención. Dicha misión había sido fundada por el mismo San Francisco en 1217, con su compañero fray Elías como primer ministro de la provincia de Oriente o de Ultramar. Más adelante la orden franciscana se haría cargo de algunos santos lugares, en nombre de la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No sabemos de cierto el tiempo que permaneció el beato Antonio Bonfadini en Palestina, ni las actividades que desempeñó. Pero su avanzada edad no le permitía desarrollar una actividad apostólica normal, y tal vez por eso decidió regresar a Italia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lleno de méritos y de años con profundo pesar, emprendió el viaje de regreso, que fue más pesado que el de ida. Su meta debía ser el convento de Ferrara, donde deseaba terminar sus días. Sin embargo, al llegar a Italia se olvidó del cansancio, de las enfermedades y de los años, y reemprendió con renovado ardor su apostolado de predicación por ciudades y campos. Fue inmenso el bien realizado en este final de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Agotadas sus fuerzas, entregó su alma a Dios en Cotignola, en el Hospital de los Peregrinos el 1 de diciembre de 1482. Tenía 82 años de edad. En dicha ciudad gozó siempre de una gran veneración, y lo llaman "el Santo de Cotignola". Allí lo celebran el lunes de Pascua, día en que su cuerpo es expuesto y venerado por multitud de fieles de toda la región. El papa León XIII aprobó su culto el 13 de mayo de 1901, y su fiesta se celebra el 1 de diciembre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-7986103043621915684?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/7986103043621915684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=7986103043621915684' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/7986103043621915684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/7986103043621915684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/12/beato-antonio-bonfadini.html' title='Beato Antonio Bonfadini'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-aCaAZOCH2V0/Tte0R2YxMHI/AAAAAAAACos/vE4mkDTanBI/s72-c/bonfadini.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1904068790963757663</id><published>2011-10-04T07:04:00.000-07:00</published><updated>2011-10-04T07:04:32.409-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>El pobre de Asís</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-DuEvYN_TcYA/TosSWjyWCjI/AAAAAAAACi0/E3ojONh9m_g/s1600/francisco20.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-DuEvYN_TcYA/TosSWjyWCjI/AAAAAAAACi0/E3ojONh9m_g/s400/francisco20.jpg" width="332" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No quiero recordar esa época. Mi espíritu estaba aún lleno de un fragor que me aturde.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando llegamos a la llanura donde los cruzados habían alzado sus tiendas, el pobre Francisco tuvo que taparse los oídos para no oír las canciones obscenas y las palabrotas que salían de todos lados. ¿Eran esos los soldados de Cristo, esos hombres que hablaban de pillajes, asesinatos y violaciones, que nunca pronunciaban Su nombre? No sé ya cuantas semanas vivimos junto a ellos. Francisco se trepaba a una piedra y predicaba; hablaba del Santo Sepulcro, de la misericordia de Dios, y los cruzados pasaban sin volver siquiera la cabeza, mientras que otros se detenían para reírse de él o para arrojarle un puñado de arena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La batalla se reanudó. Los cristianos consiguieron escalar las murallas y apoderarse de la ciudad. Todo fue entonces pillaje y asesinatos. Francisco lloraba, corría aquí y allá, conjurando a los soldados de Cristo para que tuvieran piedad de sus víctimas, pero ellos lo empujaban para hundir las puertas de las casas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Como olvidar los lamentos de las mujeres y los gritos de los hombres a quienes degollaban? La sangre corría a mares; a cada instante tropezábamos con cabezas cortadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hacía un calor sofocante, el humo que subía de las casas incendiadas y de las hogueras velaba el rostro del sol. El estandarte de Cristo flotaba sobre el techado del palacio. El sultán había logrado huir en un caballo rápido, abandonando a sus mujeres y todos sus bienes. Francisco se arrodilló en el umbral del palacio y suplicó a Dios que volviera el rostro para no ver qué hacían sus soldados en la tierra. «Dios mío», gritaba, «la guerra transforma al hombre en fiera sanguinaria. Pierde el rostro que Tú le diste, se convierte en lobo, en puerco infecto... ¡Ten piedad de él, Señor, y devuélvele su verdadero rostro, el Tuyo»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se había reunido a los ancianos y a los enfermos en una mezquita. Francisco iba a consolarlos y hacerles compañía. La enfermedad había vuelto ciegos a la mayoría de ellos. De sus ojos manaban sangre y pus. Francisco se inclinaba y ponía sus manos sobre sus párpados, suplicando a Dios que los curara: «Son seres humanos», murmuraba, «son Tus hijos, ten piedad de ellos». Después soplaba sobre sus llagas, pronunciando palabras de amor y de consuelo. Un día contrajo la enfermedad. Sus ojos se enrojecieron, su vista se hizo confusa y como no podia caminar solo, yo lo guiaba llevándolo de la mano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Te lo había previsto, te dije que no te acercaras demasiado! -me permití observarle un día.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Eres infinitamente sensato, hermano León -me respondió-. Todo lo que dices es más sensato de lo necesario. ¿Nunca te decidirás a «saltar»? ¿Siempre caminarás?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿A saltar qué?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-A saltar sobre tu propia cabeza, en el vado...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No, no he podido «saltar» hasta ahora y nunca podré hacerlo. El único «salto» que pude dar consistió en seguir a Francisco. No soy capaz de más... No dejo de alegrarme de haber dado ese salto y, sin embargo, a cada instante, lo lamento. ¡Ay, no tengo la pasta de un santo!...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-El mundo es demasiado grande, hermano León -me dijo otro día-. Detrás de los sarracenos están los negros; detrás de los negros, las razas salvajes que comen carne humana; más allá todavía, un mar sin fin sobre el cual se puede caminar, porque está hecho de hielo. ¿Como lograremos llevar a todos la nueva de que Cristo bajó a la tierra?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No te atormentes, ya vendrá el momento...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Sin duda -dijo Francisco-. Pero nosotros ya no estaremos aquí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estarás en lo alto, en el Cielo, hermano Francisco, y mirarás... Trabajarás cabalgando en el Tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Francisco suspiró:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Había una vez -dijo- un ermitaño que murió, subió al cielo y se acurrucó en los brazos de Dios. Había encontrado la beatitud perfecta. Pero un día, inclinándose sobre la tierra, divisó una hoja verde. «Señor, Señor, déjame bajar, permíteme sentir otra vez el placer de tocarla.» ¿Has comprendido, hermano León?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No respondí. Tenía miedo. ¡Ah, qué grande es, en verdad, la atracción de la hoja verde!&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Nikos Kazantzakis, El pobre de Asís, Traducción: Enrique Pezzoni&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Ed. Debate (Col. Literatura), Madrid 1989, (págs. 207-209).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1904068790963757663?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1904068790963757663/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1904068790963757663' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1904068790963757663'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1904068790963757663'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/10/el-pobre-de-asis.html' title='El pobre de Asís'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-DuEvYN_TcYA/TosSWjyWCjI/AAAAAAAACi0/E3ojONh9m_g/s72-c/francisco20.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-4042406502886272688</id><published>2011-10-01T07:41:00.000-07:00</published><updated>2011-10-01T07:41:40.931-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Francisco de Pésaro, Ermitaño de la Tercera Orden</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Y2F_hvRf5hg/TocmlnlWXRI/AAAAAAAACiw/E9OOKDmvzPk/s1600/pesaro.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-Y2F_hvRf5hg/TocmlnlWXRI/AAAAAAAACiw/E9OOKDmvzPk/s400/pesaro.jpg" width="363" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Francisco Zanferdini nació en Pésaro, hacia 1270 y fue bautizado con el nombre de Juan; al perder a sus padres siendo joven, después de distribuir a los pobres sus bienes, siguió la regla de la Tercera Orden franciscana. Primero vivió un tiempo en el eremitorio de Montegranaro, en oración y penitencia; luego, deseoso de difundir el culto a la Virgen, regresó a Pésaro y construyó una pequeña capilla en su honor y colocó allí una imagen de la Virgen muy venerada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Construyó una segunda capilla en Montegranaro y luego fundó en el Monte Accio cerca de Pésaro, un convento, donde transcurrió gran parte de su vida y recibió otras persoans como él deseosas de perfección.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como ardiente terciario franciscano, no sólo practicaba la penitencia, sino que se dedicaba a las obras de caridad, recogía limosnas para ayudar a los pobres, para restaurar iglesias y hospitales, para ayudar a sus cohermanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Curado de una grave enfermedad, quiso mostrar a Dios su agradecimiento yendo en peregrinación a Asís para ganar la indulgencia de la Porciúncula. Al regresar a Pésaro, siempre más deseoso de prodigarse por el prójimo, con su conciudadana Miguelina de Pésaro, también ella terciaria franciscana, fundó en 1347 la cofradía de la Anunciación para la asistencia a los enfermos y la sepultura de los muertos. Aunque atraído por el apostolado de la caridad para con los que sufren y los humildes, de cuando en cuando iba a reponerse en el primitivo eremitorio de Montegranaro, donde el 5 de agosto de 1350 a los 80 años de edad, expiró serenamente, dejando a sus discípulos como testamento espiritual preciosas enseñanzas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noticia de su muerte se difundió rápidamente en la ciudad y en los campos, y se reunió alrededor de su cadáver una multitud de devotos en demostración del alto concepto que tenían de su santidad. Su tumba muy pronto se convirtió en meta de peregrinaciones de fieles que lo invocaban y obtenían favores. Después de no&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;mucho tiempo, por voluntad de los mismos ciudadanos, su cuerpo fue trasladado solemnemente a la catedral de Pésaro y sepultado bajo el altar mayor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Pésaro el humilde Beato, el modesto terciario, el ingenuo taumaturgo fue honrado como un gran santo, un personaje popular, émulo del Santo de Asís, cuyas huellas siguió con la diferencia que hay entre el nombre noble y célebre de San Francisco de Asís y el nombrecillo casi burlesco de Cecco, con que los Pesarenses acostumbraban llamarlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-4042406502886272688?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/4042406502886272688/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=4042406502886272688' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4042406502886272688'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4042406502886272688'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/10/beato-francisco-de-pesaro-ermitano-de.html' title='Beato Francisco de Pésaro, Ermitaño de la Tercera Orden'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Y2F_hvRf5hg/TocmlnlWXRI/AAAAAAAACiw/E9OOKDmvzPk/s72-c/pesaro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-872430782666436259</id><published>2011-09-28T06:51:00.000-07:00</published><updated>2011-09-28T06:53:06.584-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San Bernardino de Feltre</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-pjiB8Qcrz8s/ToMmW9UVfwI/AAAAAAAACis/DwH-TppNQI8/s1600/San+Bernardino+de+Feltre-3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-pjiB8Qcrz8s/ToMmW9UVfwI/AAAAAAAACis/DwH-TppNQI8/s400/San+Bernardino+de+Feltre-3.jpg" width="302" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nació en Feltre, provincia de Belluno, en la región del Véneto italiano, el año 1439, siendo el hijo primogénito del noble y acomodado Donato Tomitano y de Corona Rambaldoni. En el bautismo recibió el nombre de Martín. Tuvo una educación cristiana y muy pronto dio muestras de sus grandes dotes intelectuales. Cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Padua, escuchó un sermón a san Jaime de la Marca que lo decidió a abrazar la vida religiosa. El 14 de mayo de 1456, vencida la oposición de su padre, vistió el hábito franciscano en el convento de Padua, que pertenecía a la Provincia observante de Venecia, y cambió su nombre por el de Bernardino, en honor de san Bernardino de Siena, que acababa de ser canonizado y cuya extraordinaria actividad apostólica prosiguió. Terminados los estudios de teología en Venecia, recibió la ordenación sacerdotal en 1463.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estuvo dedicado a la enseñanza hasta que, en 1469, el capítulo provincial véneto lo nombró predicador. A partir de entonces y hasta su muerte, no cesó en su apostolado popular e itinerante, recorriendo pueblos y ciudades del norte y del centro de Italia, sin que lo detuvieron los peligros de los hombres ni las inclemencias del tiempo. Era pequeño de estatura y de salud delicada, y arrastraba una tuberculosis que finalmente lo llevó a la tumba; pero asombraba la fuerza interior y la entereza con que anunciaba el Evangelio, promovía la paz y la justicia, combatía la relajación de costumbres y denunciaba los abusos de los usureros. No es de extrañar que se atrajera la enemistad de nobles, gobernantes y prestamistas sin conciencia. En los últimos años de su vida se dedicó, además, a la institución y difusión de los Montes de Piedad que hacían préstamos con bajos intereses a los pobres indefensos, liberándolos así de las garras de los usureros. A los pocos días de interrumpir sus tareas apostólicas por la enfermedad, murió en Pavía el 28 de septiembre de 1494.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Martín Tomitano nace en Feltre, ciudad perteneciente entonces a la República de Venecia, el año 1439. Educado con esmero, hizo sus estudios de humanidades con gran aprovechamiento y pasó ya adolescente a Padua a estudiar filosofía. Estando aquí escuchó en la Cuaresma de 1456 a San Jaime de la Marca, el cual con su palabra encendida de fuego apostólico causó un fuerte impacto en el alma del joven estudiante. Martín se replanteó el sentido de su vida y se decidió por la vocación religiosa. En mayo de ese mismo año pidió el hábito franciscano a San Jaime, el cual al dárselo le impuso el nombre de Bernardino en memoria de San Bernardino de Siena, y se llamó desde entonces fray Bernardino de Feltre. Antes de profesar los votos, hubo de vencer el joven novicio dificultades interiores (tentaciones, sequedades, etc.) y exteriores, singularmente la tenacidad de su padre en hacerlo volver a casa. Bernardino supo salir vencedor de las pruebas y se mantuvo firme en su vocación. Hizo la profesión religiosa y los estudios teológicos y se ordenó sacerdote.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su inclinación era la predicación, pero se le objetaba que tenía un defecto de pronunciación. Los superiores no obstante lo destinan a este ministerio y con la ayuda de Dios supera las dificultades y se convierte en un eximio sembrador de la palabra divina por los pueblos de Italia. Llega a atraer tantos oyentes que, no cabiendo el auditorio en los templos, deben darse los sermones en las plazas y descampados. Fustiga los vicios, defiende a los débiles, estimula a todos a la virtud, llama a penitencia. Cuando se le dijo que fuera prudente, contestó que él era predicador, no adulador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su tarea apostólica estuvo ligada a la obra de los montes de piedad, pensados como medio de sacar a los pobres de las garras de la usura. Instituyó también en muchos sitios las llamadas «Cuarenta horas en honor del Santísimo Sacramento», siendo también muy notable su devoción a la Sagrada pasión del Señor y a la Virgen María. Su ejemplo personal avalaba su predicación y su ministerio: humilde, mortificado, alma de altísima oración, brillaban en él todas las virtudes cristianas y atraía a todos a Cristo con dulzura y eficacia. Agotado de veinticinco años de apostolado sin tregua, vino a morir santamente en el convento de Pavía el 28 de septiembre de 1494. El culto que se le dio enseguida lo confirmó el papa Inocencio X el 13 de abril de 1654.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt;&lt;b&gt;J. L. Repetto&lt;/b&gt;, en &lt;i&gt;Año Cristiano.&lt;/i&gt; IX, Septiembre. Madrid, BAC, 2005, 855-856&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Bernardino de Feltre. Sacerdote de la Primera Orden Franciscana (1439-1494). Aprobó su culto Inocencio X el 13 de abril de 1654.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bernardino nació en Feltre en 1439, hijo primogénito de Donato Tomitano y de Corona Rambaldoni, prima del célebre educador Vittorino de Feltre. El 14 de mayo de 1456 ingresó en Padua a la Orden de los Hermanos Menores. De ingenio precoz, ávido de lecturas, hizo rápidos progresos en los estudios humanísticos, tanto que a los 11 años leía y hablaba el latín con facilidad. Estudiante de derecho en Padua era admirado por todos a causa de la seriedad de su conducta y su inteligencia. Terminado el curso de teología en Venecia fue ordenado sacerdote en 1463. Desde 1469 hasta su muerte no cesó de predicar y recorrió la Italia centro-septentrional muchas veces a pie descalzo en medio de grandes dificultades.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En una sociedad mercantil, en la cual muchos, a menudo con pocos escrúpulos, gozaban de riquezas y privilegios, una gran masa de abandonados vivía en la penuria, agravada por la gran plaga social llamada usura. Los pobres no solamente eran explotados, sino que además eran despojados de sus magras ganancias por aquellos que, poseyendo capitales, prestaban con intereses exagerados. San Bernardino de Siena había entendido bien cómo la "caridad cristiana" se había vuelto "caridad inhumana".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por esto la usura fue el blanco de Fray Bernardino de Feltre: un blanco preciso contra el cual lanzó todas sus evangélicas y apostólicas flechas, suscitando primero el resentimiento, después inclusive el odio de aquellos que se sentían directamente aludidos. Por esto fue amenazado, atacado, y habría caído mártir de los usureros si muchas veces no hubieran llegado en su ayuda los hombres de armas enviados por las autoridades comunales. También él, como San Bernardino de Siena, era de baja estatura y débil constitución. Se firmaba con el adjetivo de "Piccolino", pero cuando predicaba parecía un volcán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero no bastaba predicar, no era suficiente amonestar, había que ayudar a los pobres contra los explotadores. Fue así como el Beato Bernardino de Feltre propugnó los "Montes de Piedad", una especie de organización bancaria para los pobres, para que no siguieran siendo estrangulados por los usureros, sino que se les prestara dinero contra una modesta prenda, con bajísimo interés. No era gran cosa, pero era importante como inicio de una ofensiva contra la usura, plaga dominante del tiempo. Los Montes de Piedad se difundieron rápidamente y si no extirparon la usura, por lo menos dieron un poco de alivio a los más marginados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fray Bernardino predicó 23 cuaresmas en las principales ciudades de Italia y muchísimas otras predicaciones en centros menores. Sus sermones atraían oyentes sin número y se lo peleaban las ciudades más ilustres recurriendo inclusive al Papa para tenerlo. Era predicador vivaz, que dialogaba con el pueblo, contaba chistes, ridiculizaba las malas costumbres de las mujeres, las injusticias de los abogados, las usuras de los explotadores, exhortaba a la práctica de los sacramentos y a la devoción a la Santísima Virgen. Bernardino se encontró sereno con la muerte en Pavía, a los 55 años de edad, el 28 de septiembre de 1494.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt;&lt;b&gt;G. Ferrini - J. G. Ramírez&lt;/b&gt;, &lt;i&gt;Santos franciscanos para cada día.&lt;/i&gt; Asís, Ed. Porziuncola, 2000, 316-31&lt;/span&gt;7&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Bernardino de Feltre. Presbítero franciscano. Nació en Feltre (Italia) el año, 1439. Murió en Pavía (Italia) el 28 de septiembre de 1494. Fue beatificado en 13 de abril de 1654.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nació en Feltre en 1439. En el bautismo recibió el nombre de Martín. De ingenio precoz, ávido de lecturas, progresó rápidamente en los estudios humanísticos, de modo que a los once años leía y hablaba el latín con facilidad. Durante sus estudios de derecho en la Universidad de Padua fue motivo de admiración para todos por su conducta seria y su inteligencia. Ingresó en la orden franciscana el año 1456 en Padua, cambiando su nombre por el de Bernardino, en homenaje a San Bernardino de Siena, entonces recientemente canonizado. Fue ordenado sacerdote en 1463, y desde 1469 hasta su muerte recorrió amplias regiones de Italia predicando, muchas veces a pie, descalzo, en medio de grandes dificultades y oposiciones, aparte ser hombre de constitución débil y estar enfermo de tuberculosis. Predicó 23 cuaresmas en las principales ciudades de Italia. Sus predicaciones atraían a multitud de oyentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Eran las circunstancias de una sociedad mercantil en que la usura constituía una verdadera plaga social, que explotaba y despojaba a los pobres con los intereses exagerados de los préstamos. Hombre culto e inteligente, de ideas claras y de sentido práctico, comprendió lo inhumano de la situación, y dirigió los dardos de su palabra precisa contra ese blanco, haciéndose odioso para aquellos que se sentían aludidos por su predicación, que en ocasiones intentaron quitárselo de en medio. Predicaba también contra el lujo y las costumbres ridículas de las mujeres, las injusticias de los abogados; exhortaba al amor a los pobres, a la lucha contra la injusticia, a la práctica de los sacramentos y a la devoción a la Santísima Virgen María, defendiendo la devoción a la Inmaculada Concepción. En la reprensión de la corrupción moral era comprensivo con el hombre, conocedor de las dificultades prácticas que entraña la conversión y el camino de la virtud. Reprende y anima.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue también importante su acción catequética, ilustrando los temas de la fe, de las verdades del credo y de la moral. Su doctrina es eminentemente cristocéntrica. Tenía como fin la corrección y guía de las costumbres sociales según los principios evangélicos, para que el hombre pueda ser un ser libre, en el sentido de abierto a la trascendencia y no sujeto a los intereses cortos e inmediatos. Murió en Pavía, a los 55 años de edad, el 28 de septiembre de 1494.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para ayudar a los pobres contra los explotadores, además de predicar, propugnó y fundó los «Montes de Piedad», una especie de organización bancaria alternativa a los bancos de los prestamistas judíos, para ayudar a los pobres con préstamos a bajo interés, cuidando la redacción de los capítulos por los que había de regirse el Monte. Se difundieron rápidamente, aliviando a los más marginados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La devoción popular comienza inmediatamente después de su muerte, acompañada por numerosos milagros. La causa de su canonización, emprendida en 1872, no ha llegado aún a su conclusión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;L. Pérez Simón&lt;/b&gt;, en &lt;i&gt;Nuevo Año Cristiano&lt;/i&gt;. Septiembre. Madrid, Edibesa, 2001, 594-596&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-872430782666436259?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/872430782666436259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=872430782666436259' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/872430782666436259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/872430782666436259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/san-bernardino-de-feltre.html' title='San Bernardino de Feltre'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-pjiB8Qcrz8s/ToMmW9UVfwI/AAAAAAAACis/DwH-TppNQI8/s72-c/San+Bernardino+de+Feltre-3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-4385192236646887486</id><published>2011-09-24T06:10:00.000-07:00</published><updated>2011-09-28T06:16:52.600-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San Pacífico de San Severino</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-hlcc0QZKiKY/ToMeGwiMUII/AAAAAAAACic/9F9LV_im4nk/s1600/pacifico.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-hlcc0QZKiKY/ToMeGwiMUII/AAAAAAAACic/9F9LV_im4nk/s400/pacifico.jpg" width="263" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Dfy3baOFGAs/ToMdjbdalDI/AAAAAAAACiY/eDJkQKmYQLI/s1600/pacifico.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Nació en San Severino, Marcha de Ancona, el 1 marzo, 1653; murió allí el 24 septiembre de 1721; hijo de Antonio M. Divini y Mariangela Bruni. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;San Pacífico nació con el nombre de Carlo Antonio Divini. Su vida estuvo marcada por la penuria y la calamidad. Todo comenzó desde su más tierna infancia, pues perdió a ambos progenitores a la edad de tres o cuatro años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El niño Carlo Antonio vivió entonces con unos parientes que lo maltrataban y que jamás le mostraron afecto. Sin embargo, él siempre se mostró obediente y sumiso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los 17 años de edad ingresó en el convento de Forano, en Appignano, de franciscanos reformados, adoptando el nombre Pacífico. En 1678 fue ordenado sacerdote, y en 1680 empezó a enseñar filosofía a los novicios en el seminario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tres años después cambió la filosofía por el apostolado, y se dedicó a viajar a pie, predicando entre la gente de los sitios que encontraba. Tuvo que desistir, sin embargo, pues una enfermedad le empezó a producir llagas en los pies.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De vuelta en su terreno, en 1692 San Pacífico fue electo guardián del convento de San Severino, cargo en el que permaneció una docena de años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco a poco, empero, otros males lo fueron acometiendo: paulatinamente fue perdiendo el oído hasta quedarse sordo, pero al mismo tiempo otra enfermedad le robó la vista, y a partir de ahí San Pacífico de Sanseverino quedó ciego, sordo y tullido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Incapaz de acudir a misa ni de participar de la vida comunitaria, la vida de San Pacífico se volcó entonces hacia su interior. A veces entraba en éxtasis, y se le atribuye haber realizado milagros en vida desde su lamentable condición, así como también el don de la profecía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1839, San Pacífico de Sanseverino fue canonizado por el papa Gregorio XVI.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;San Pacífico nos enseña a soportar con resignación las circunstancias más adversas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-4385192236646887486?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/4385192236646887486/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=4385192236646887486' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4385192236646887486'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4385192236646887486'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/san-pacifico-de-san-severino.html' title='San Pacífico de San Severino'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-hlcc0QZKiKY/ToMeGwiMUII/AAAAAAAACic/9F9LV_im4nk/s72-c/pacifico.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-2957814423407589710</id><published>2011-09-22T06:20:00.000-07:00</published><updated>2011-09-28T06:44:26.574-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San Ignacio de Santhià</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Yt6ZoJ3Dbxg/ToMkW740ZKI/AAAAAAAACig/TWf39rVx-jo/s1600/san-ignacio-de-santhia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-Yt6ZoJ3Dbxg/ToMkW740ZKI/AAAAAAAACig/TWf39rVx-jo/s400/san-ignacio-de-santhia.jpg" width="302" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Ingresó en la Orden capuchina a la edad de 30 años, siendo ya sacerdote, para vivir la alegría de la obediencia. Destacó por su celo y asiduidad en la administración del sacramento de la penitencia y en la dirección de las almas, y por su sabiduría y prudencia en la formación de los novicios. Lo beatificó Pablo VI en 1966.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando don Lorenzo Mauricio Belvisotti, a principios de mayo de 1716, se presentó al padre provincial en el convento del Monte, en Turín, para decirle que quería ser capuchino, fue acogido con asombro. Ni allí arriba era un desconocido, ya que tenía fama de buen orador por sus ejercicios y misiones predicados con los padres jesuitas de Vercelli. Tiempo atrás no había aceptado el ofrecimiento de una canonjía en Santhià. Además, era preceptor en la noble familia de los Avogadro de Vercelli, que desde hacía poco tiempo le había nombrado párroco de Casanova Elvo, en donde ejercía el derecho de patronazgo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Qué podría ser lo que le empujara a buscar la soledad de un convento? ¿Acaso un fervor momentáneo o una resolución apresurada debida a cualquier crisis?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre provincial estimó conveniente ofrecer al aspirante de 30 años una amplia visión de las dificultades para ingresar en los capuchinos, en un momento precisamente en que las buenas vocaciones eran abundantes y la provincia religiosa alcanzaba el periodo de mayor esplendor, con más de 500 religiosos. ¿Por qué no seguir en la vida de sacerdote secular, en la cual no faltaban ocasiones de hacer el bien?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Por la alegría de obedecer&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El señor Belvisotti no admitió demasiadas palabras y por eso, poniéndose de rodillas, dijo: «Padre, en todo aquello que he hecho hasta ahora tengo la sensación de haber practicado siempre mi voluntad. Una voz interior me está repitiendo que para servir de verdad al Señor debo cumplir su voluntad, debo estar sujeto a la obediencia». Venció.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hace una visita muy rápida a su parroquia y, sin pasar por Santhià para saludar a sus parientes, se dirige a Chieri, donde el 24 de mayo de 1716 comienza su vida religiosa con el nombre de fray Ignacio de Santhià.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había nacido, sí, en Santhià, en la diócesis de Vercelli, el 5 de junio de 1686, siendo el cuarto de una familia de siete hijos. Recibió el santo bautismo el mismo día de su nacimiento. Sus padres, Pedro Pablo Belvisotti y María Isabel Balocco, eran de clase acomodada y estaban emparentados con las mejores familias de Santhià y del condado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía poco más de siete años cuando perdió a su padre. La madre se preocupó de la instrucción y educación de sus hijos acudiendo a un piadoso sacerdote. Aquel jovencito creció en la piedad y maduró su vocación sacerdotal, además de lograr una formación literaria envidiable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1710 termina los estudios teológicos en Vercelli y, al quedar vacante la sede episcopal, consigue del papa Clemente XI un «breve» que le autoriza para recibir de cualquier obispo en comunión con la Santa Sede las órdenes menores y mayores, incluido el sacerdocio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al ingresar en la Orden capuchina, después de seis años de fructuoso ministerio sacerdotal, el padre Ignacio no fue comprendido por sus conciudadanos, particularmente por sus parientes. Ello, no obstante, nadie logró arrancarlo del claustro, donde por fin había encontrado la paz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Padre siempre disponible&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El señor Belvisotti había entrado en los capuchinos buscando humildad y obediencia. Desde el primer día del noviciado y en los 54 años que siguieron, se ejercitó en estas virtudes hasta llegar a ser un modelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recién profeso fue enviado al convento del Saluzzo para dedicarse a tener la iglesia bien ordenada: su principal ocupación, además del trabajo, la centra en la adoración al Santísimo Sacramento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cifra su alegría en permanecer en el último lugar, siervo de todos, siempre dispuesto a cualquier insinuación de la obediencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De Saluzzo fue trasladado a Chieri, para que aquí fuese ejemplo de los novicios, luego a Turín-Monte y después a Chieri otra vez. Ignacio es el padre disponible, que los superiores pueden manejar a su gusto, haciéndole presente aquí y allá donde se le necesite. Y en esto consiste su verdadera alegría. Su presencia es siempre apreciada y su ejemplo es de edificación a los hermanos religiosos y a los seglares, quienes, a pesar de los muchos años transcurridos, continúan recordando -en Bella, Pinerolo, Avigliana, Ivrea, Chivasso, Mondoví, Chieri y otros lugares- su serenidad, la disponibilidad para cualquier ocupación, sin excluir la de ir a pedir limosna para la comunidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Guía de santos y de bribones&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1727 el padre Ignacio es reclamado en Turín-Monte, con el encargo en esta ocasión de ser prefecto de sacristía y confesor de seglares, oficio que desempeñará también en los 24 últimos años de su vida. En este ministerio resplandece toda su paternidad y la ciencia aprendida no solamente en los libros, sino delante del crucifijo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cómo pasaba el día? A medianoche, maitines y meditación con la comunidad. Cierto tiempo antes de comenzar, él ya se encuentra en el coro. Terminado el rezo del oficio divino, permanece algún tiempo en la iglesia para la acción de gracias a Dios en nombre de los penitentes que ha atendido durante el día. Por la mañana, a las cinco, tras piadosa y larga preparación, celebra la santa misa; después la acción de gracias. Acto seguido, ya está a disposición de los penitentes, que en los domingos nunca faltan, y así hasta el mediodía o tal vez más tiempo. En los días laborables, si no acuden fieles para confesarse, ayuda en las misas, muy numerosas en aquel convento de más de 60 sacerdotes, o bien permanece en oración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy pronto la fama del buen director de espíritu atrajo al Monte a religiosos, sacerdotes y fieles deseosos de un guía auténtico en el camino de la santidad y con ellos también subían pecadores empedernidos y jóvenes libertinos, todos en busca de perdón. Él los acoge con la mayor caridad, ya que considera a los pecadores los hijos más enfermos y por eso mismo más necesitados de misericordia. Se le llama «el padre de los pecadores y de los desesperados».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día, mientras estaba recogiendo leña en la selva del Monte, acompañando a los clérigos estudiantes, oyó que uno de ellos tuvo esta salida: «Con toda esta leña se puede hacer una hoguera tan grande, que serviría para quemar a un ejército de pecadores». El padre Ignacio se molestó y con tono de dulce reproche, exclamó: «Pero, hermano, ¿dónde está la caridad? Eso no es el espíritu de Jesús... Hemos de tener espíritu de caridad, de mansedumbre, de paciencia. ¡Es necesario compadecerse de los pecadores, pedir a Dios que los convierta y los salve, no que los queme!» En la conferencia de la tarde a los clérigos, pensó que era su deber recordar el amor a los pecadores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Guía de la juventud&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al principio de septiembre de 1731, el padre Ignacio era destinado al convento de Mondoví con el cargo de vicario y maestro de novicios, y allá marchó con la fama de ser guía docto y sabio. En efecto, un religioso escribía a un aspirante enviado a aquel noviciado: «Me lleno de alegría con usted por suerte tan hermosa; va usted bajo la dirección de uno que sabe y obra como verdadero maestro. Para mí es un santo religioso».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su fama se extendió en seguida entre la gente de la ciudad, de tal manera que los jóvenes que asistían a las escuelas superiores escogieron el convento como meta de su paseo, diciendo: «¡Vamos a ver al famoso santo!» Justamente debido a estas visitas, un sacerdote estudiante decidió entrar en el noviciado y llegó a ser un santo religioso. Él fue precisamente el último superior del beato: era el padre Hermenegildo de Villafranca Piamonte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre Ignacio permaneció 14 años en la dirección del noviciado de Mondoví. Este era su único ideal: hacer de los jóvenes confiados a su dirección unos amantes de Dios y unos verdaderos obedientes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acerca de su método educativo se podría escribir un buen tratado de pedagogía franciscana. Tendríamos la base en los numerosos y detallados testimonios de sus alumnos y otros hermanos religiosos, unánimes en afirmar su envidiable preparación en este delicado sector.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apoyó su pedagogía en estos dos pilares: amar divinamente e ir por delante con el ejemplo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No era un sentimentalista, ni un afeminado, ya que sabía adiestrar a los jóvenes para la lucha, para la mortificación, la penitencia y, al mismo tiempo, instruía, corregía y daba ánimos con un cuidado tan exquisito y con palabras tan amorosas, que el áspero camino se convertía en dulce.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde el primer día quiso ser para los novicios no sólo el guía, sino también el modelo viviente, sabiendo que el joven se deja convencer mucho más por los hechos que por los razonamientos. Insistía sobre la necesidad de observar la Regla para ser buenos religiosos. Bastaba seguirle en sus actos de cada día para comprender la importancia de las advertencias.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quería que los jóvenes le hicieran notar las faltas en las cuales él mismo podía incurrir, y se lo agradecía con humildad. Todo esto hacía que los novicios aceptasen bien las oportunas correcciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Mirar a Cristo&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QxwrD63_XMw/ToMkXalAd7I/AAAAAAAACik/ehrXtP_e8WY/s1600/igfnacio2.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-QxwrD63_XMw/ToMkXalAd7I/AAAAAAAACik/ehrXtP_e8WY/s1600/igfnacio2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como san Francisco, el padre Ignacio pretendía que el ideal supremo de vida fuese Cristo. En sus diarias conferencias, intencionadamente apelaba a las virtudes predilectas de Francisco: la pobreza absoluta de Belén; la abnegación total del Calvario; la desbordada caridad del Tabernáculo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Preparaba a los jóvenes para la Navidad con una devota novena, durante la cual todas las tardes resaltaba la benignidad, la humildad y la pobreza del niño Jesús. Quería, sobre todo, que la Navidad fuese una fiesta llena de luz, de cantos y de alegría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inculcaba que fueran constantes las miradas a Cristo crucificado, recordando que la vida franciscana debe ser una vida de crucifixión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jesús Sacramentado era para él polo central y se esforzaba en hacer sentir a los novicios los mismos atractivos, a fin de que la eucaristía fuera escuela de amor a Dios y a los hermanos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su celda estaba abierta a cualquier hora del día o de la noche para los novicios necesitados de consejo o de un coloquio para superar una prueba o para esclarecer alguna duda. Y de allí salían los novicios tranquilizados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A éstos les atendía uno a uno, quería conocerles hasta el fondo, poseer la llave de su corazón, para poder guiarles, corregirles, formarles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ha testificado un antiguo novicio suyo, que vivió y murió como santo, el padre Jacinto de Pinerolo: «Me edificaba el modo como el padre Ignacio nos mandaba... Con alguno trataba seriamente y con otros prevalecía la suavidad, acompañando siempre a todos, al débil y al fuerte, con el condimento de las buenas palabras».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y el autor de esta manifestación confiesa inocentemente que sólo debido a tan consumado maestro pudo perseverar en la vida capuchina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Las «florecillas» del noviciado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el bochorno del verano, a un novicio que le pidió permiso para ir a beber un poco de agua, rápidamente le responde: «¡Vaya!» Y al punto le detiene: «Ah, dígame, ¿qué santo es hoy?» (era el 10 de agosto de 1741). «San Lorenzo», responde el novicio. «¡Qué manera de abrasarse en aquellas parrillas!, y ¡sin un sorbo de agua!... No obstante, ¡puede ir a beber!» El novicio comprende el diálogo y marcha al sol antes que al pozo para encontrar más alegría con san Lorenzo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apenas ha terminado la vestición de un joven, se apresta el padre Ignacio a dar el primer tijeretazo al vanidoso peinado a fin de transformarlo en tonsura franciscana. Entonces pregunta al novicio a quemarropa qué le dice el corazón. A la respuesta de «¡Bien!», le indica que vaya al sagrario a orar y por tres veces le repite la pregunta y le envía ante el altar para que comprenda que toda decisión debe brotar del contacto con Dios y después de fervorosa oración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A dos novicios que no habían guardado la debida compostura en el coro, les hace estar sentados durante las vísperas que la comunidad rezaba de pie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro novicio, muy ansioso él de aprovechar cualquier ocasión para salir del convento, tiene que esperar más de una hora en la portería, con su magnífico manto y en disposición de acompañar a un padre a la ciudad, quien, naturalmente, nunca aparece.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hay un novicio que tiene pánico a la muerte y a los muertos, tanto es así que trata de evitar constantemente, sobre todo en la oscuridad, el pasar cerca del panteón de los hermanos que había en la iglesia. A éste le recomienda frecuentemente al anochecer que vaya a rezar una oración justamente allí para que aprenda que al convento se viene a prepararse para vivir bien y también a aprender a morir bien.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Son numerosos los hechos caracterizados por el sabor de auténticas «florecillas» y por eso unas pocas páginas no bastan ni para enunciarlos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Destaquemos lo más significativo, y es que los 121 religiosos que profesaron, instruidos por él, aprendieron bien sus preciosas lecciones y las tradujeron a la realidad de la vida con generosidad y simplicidad encantadoras. Como él, fueron también religiosos de profunda vida interior y de obediencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Ofrecimiento heroico&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de 14 años, la vida del padre Ignacio toma otro cariz. Entre sus primeros novicios había tenido un sacerdote secular, que después de la profesión religiosa, marchó como misionero al Congo: era el padre Bernardino de Vezza. Justamente cuando su labor misionera iba de maravilla, le atacó una grave enfermedad a los ojos. Quedó ciego de uno y el otro se le estaba debilitando día tras día. Acordándose de su maestro, que ya en el noviciado había logrado curarle de otra grave enfermedad, le escribe una afligida carta pidiéndole oraciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre Ignacio se conmueve y, repleto de generosidad, marcha al sagrario a presentar su heroico ofrecimiento: «Señor, si a vos os place que el mal de este hijo mío pase a mí, hazlo...». Se levantó y subió a responder al padre Bernardino con una carta llena de esperanza, asegurándole haberle encomendado al Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El efecto del ofrecimiento llegó al misionero mucho antes que la carta del padre Ignacio y fue instantáneo. El ojo ciego recobró de improviso la vista y el otro empezó a curar rápidamente. Cuando, al fin, le llegó la carta, el misionero pudo constatar que su curación había coincidido con la oración hecha por su maestro. Pero ignoró hasta mucho tiempo después, que el padre Ignacio al mismo tiempo había experimentado que sus ojos se orlaban de sangre, le dolían y no le servían casi para nada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus hermanos religiosos y los médicos no acertaban a explicarse aquella enfermedad. Se le aplicaron varios remedios dolorosísimos, entre los cuales unos botones de fuego en la nuca, cambio de aire y... tabaco en polvo o rapé.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Así las cosas, concluyendo ya el año 1744, el padre Ignacio tuvo que ir a Turín para fuertes tratamientos y aquello fue el adiós al noviciado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensaba ahora que tenía que prepararse para la muerte y vivir desapercibido. Dios, sin embargo, tenía otros designios para él. Con curas adecuadas, la vista mejoró. No consiguió la normalidad, ya que le dolieron los ojos durante toda su vida, pero pudo todavía ser útil a los hermanos en religión y a los seglares.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Capellán militar&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Piamonte estaba a la sazón en llamas, invadido por los ejércitos franco-hispanos. Estos franquearon las primeras defensas e irrumpieron en la llanura padana (valle del Po). Los capuchinos fueron llamados por el rey Carlos Manuel III para socorrer a los soldados heridos y enfermos, diseminados por varios hospitales. El padre Ignacio, cuando todavía era maestro de novicios en Mondoví, había prestado durante meses, algunas horas al día, asistencia a un grupo de prisioneros alemanes, algunos de ellos enfermos. Se reclamaba su presencia para ser capellán jefe, y durante dos años, incansable siempre, pasó días y noches con heridos y contagiados, sirviendo, consolando, preparando a los moribundos para el supremo paso, con una caridad y solicitud que sólo una madre le hubiera imitado. Estuvo en Asti, en Vinovo, en Alessandria, dando en todas partes ejemplo de caridad, de incansable actividad y al mismo tiempo de piedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bastantes de sus hermanos cayeron víctimas de las epidemias. El padre Ignacio llegó a envidiar su suerte y prosiguió con su total entrega, hasta la primavera de 1746, cuando el horizonte de la guerra cambió y todo el Piamonte fue liberado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-eTjHxYvjs28/ToMkYHFz0iI/AAAAAAAACio/6itiC-W_2LE/s1600/ignacio3.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://1.bp.blogspot.com/-eTjHxYvjs28/ToMkYHFz0iI/AAAAAAAACio/6itiC-W_2LE/s320/ignacio3.jpg" width="193" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Él pudo entonces volver, por fin, a su convento del Monte, en Turín, y en seguida fue buscado otra vez como consejero, confesor, director espiritual: su destino estuvo marcado para los 24 años de vida que le quedaban. «El bello Paraíso -solía decir- no está hecho para los poltrones. ¡Trabajemos, pues!» Y en realidad que no le faltó trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Al servicio de todos&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de la agitada vida en los campos de batalla y en los hospitales militares, el alma contemplativa del padre Ignacio gozó con el regreso a la paz del claustro: pero no consiguió el reposo, puesto que muy pronto vio su confesonario rodeado de sacerdotes y seglares deseosos de luz y de purificación, sumándose también los hermanos religiosos a quienes enseñaba el camino de la santidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le encargaron de la conferencia semanal a los hermanos no clérigos, luego de la predicación del retiro anual de diez días para los religiosos del Monte. Su palabra era apreciada incluso por sus hermanos de contrastada doctrina. ¿Un comentario a su predicación? Helo aquí: «¡Este padre Ignacio nos mete la cabeza en su partido! »&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fueron memorables sus ejercicios comentando el «Padre nuestro» y otros sobre la soberbia y sobre la humildad. El apoyo en Dios, la confianza en su paternidad, junto al desprecio de sí, eran en general los temas en los que se inspiraba su predicación. Y mantuvo esta orientación durante veinte años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Gastaba también sus energías atendiendo a los enfermos que con frecuencia asediaban la portería del convento para recibir una bendición, un aliento. Hasta un año antes de su muerte, muchas veces a la semana bajaba con un hermano a la ciudad, entraba en las casas de los pobres y en los palacios de los ricos, para confortar, para buscar la caridad de éstos en favor de aquéllos, siempre infatigable y rodeado de fama de hombre santo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los pequeños que le veían por las calles de la ciudad, acudían presurosos a saludarle, a besarle la mano o la corona, y él sonreía, les hablaba del Señor y de la Virgen, y les bendecía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Prelados eminentes, como el cardenal Carlos Victorio Amadeo de Lanze, el arzobispo de Turín Juan Bautista Roero, los príncipes de la casa de Saboya le honraban con su admiración y devoción. Él prefería, sin embargo, la compañía de los humildes y de los pobres, a quienes nunca negaba una palabra para confortarles y una recomendación ante los poderosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Siempre en unión con Dios&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de esta actividad que le sumergía tantas veces en contacto con el mundo, en medio de personas de toda clase, él se mantenía como un contemplativo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al andar por las calles de Turín y del Piamonte, desgranaba su rosario y le gustaba hacer acto de presencia, aunque fuera por un breve momento, en las iglesias que encontraba, especialmente en el santuario de la Consolata o en la iglesia de la Annunziata, o en la de los santos Mártires, atraído como una aguja por el imán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En las horas libres del convento, se recogía en cualquier ángulo de la iglesia desde donde pudiese ver el sagrario y se mantenía allí en afectuosos coloquios con el Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al agravársele sus males, ya en el último año de su vida, fue necesario llevarle a la enfermería del convento. Entonces, el regalo más espléndido que se le podía hacer era conducirle al coro o a la capilla de la enfermería donde permanecía incluso durante horas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los hermanos atribuían a esta continua unión con Dios su inalterable serenidad, manifestada también en los momentos de mayor sufrimiento, a causa de los males que padecía. La unión con Dios le producía, asimismo, inmensa alegría que comunicaba a quienes trataban con él; como también los hechos extraordinarios que florecían tras sus huellas y que pedía multitud de enfermos y afligidos que acudían a él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Obediencia hasta la muerte&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre Ignacio había venido a buscar en el convento obediencia y obediencia quiso practicar hasta el final. «¡Obediencia! ¡Obediencia! -decía a los novicios y a los hermanos durante los ejercicios espirituales-. ¿Qué cosa más grata podemos ofrecer a Dios que nuestra obediencia?» No era una frase sensacionalista, sino la expresión de su convicción y de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Qué alegría le daba y qué paz! Un día, el padre provincial le expone la situación del convento de Chivasso, donde todos los religiosos estaban en cama, atacados de una epidemia que hacía víctimas en toda la región. Todavía no había terminado de hablar y el padre Ignacio se pone en seguida de rodillas para pedirle la bendición a fin de acudir en ayuda de aquellos hermanos. Sin pensar siquiera en subir a la celda, baja al Po, se embarca y después de tres horas ya está en Chivasso dispuesto a prestar todos sus servicios amorosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bastaba que el superior, instado por los apremios de personas que reclamaban la asistencia del padre Ignacio, pidiese con prudencia si le vendría bien bajar a Turín, para que él inmediatamente le dijera: «Padre, no piense en mis achaques, ni en mis años; con la obediencia lo puedo todo». Y así hasta un año antes de su muerte, no obstante su hernia y sus venas varicosas que a veces se le abrían y sus callos en los pies.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la víspera de una tanda de ejercicio espirituales que tenía que dar a sus hermanos, resbaló y se precipitó hasta el fondo de la escalera. Queda tan magullado que no logra mantenerse de pie. Preocupado el padre superior por el sustituto del predicador, resuelve el padre Ignacio: «Padre guardián, sé cumplir con la obediencia y quiero cumplirla todavía. Que me lleven al coro y predicaré». Le llevan y habla con un entusiasmo nunca visto. Al día siguiente, ya podía él solo bajar al coro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de tantas pruebas de amor a la obediencia, no debe maravillarnos oír al padre guardián, la medianoche del 21 de septiembre de 1770, responder al hermano enfermero que le anuncia que el padre Ignacio, confortado antes con los santos sacramentos, había entrado en la agonía: «Hay tiempo. El padre Ignacio me esperará; ha sido tan obediente en vida que no osará marcharse de nosotros sin la obediencia para el viaje».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Presente ya en la enfermería, el padre superior le dice: «Padre Ignacio, mire, estoy aquí para desearle un buen viaje para la eternidad y debo deseárselo con la fórmula de la santa madre Iglesia». El padre Ignacio hace una señal con la cabeza accediendo. Al término del «proficiscere, anima christiana, de hoc mundo» (sal, alma cristiana, de este mundo), expiró con admirable placidez. Era ya el 22 de septiembre de 1770.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;El camino de la gloria&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apenas había despuntado el alba y ya la noticia del piadoso tránsito del padre Ignacio se había difundido por la ciudad. La voz iba corriendo de boca en boca, hasta llegar incluso a los rincones de la periferia de Turín. «¡Ha muerto el santo del Monte!»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pronto empezaron a acudir personas de toda clase, sacerdotes, nobles y pueblo para dar el saludo de despedida a quien durante tantos años les había edificado y beneficiado. Se agolpó tanta gente aquel día, que el padre guardián, temeroso de que hubiera confusión y tumultos para el día siguiente, ordenó la sepultura muy temprano todavía, cuando las puertas de la ciudad estaban aún cerradas y solamente los habitantes de Borgo Po se hallaban presentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando la gente de la ciudad se congregó en la explanada del convento y se enteró de que el sepelio se había realizado ya, se llenó de consternación. La mayor parte, sin embargo, entró en la iglesia para rezar y pedir una reliquia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un testigo presencial pudo escribir que, por las aclamaciones y el llanto de ternura, aquellos días, de por sí fúnebres, se transformaron en una devota solemnidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Seis años después, por deseo del clero, de los hermanos religiosos, del pueblo y de la casa de Saboya se iniciaron en la curia episcopal de Turín los procesos sobre la fama de santidad, vida, virtudes y milagros del siervo de Dios. En 1782 la causa fue introducida en la Santa Sede, que ordenó los procesos apostólicos. El 19 de marzo de 1827 León XII declaró solemnemente la heroicidad de las virtudes del padre Ignacio. Finalmente, después de la aprobación de dos milagros, el 17 de abril de 1966, Pablo VI procedía a la solemne beatificación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En ese día el Papa definía al padre Ignacio como un verdadero franciscano, un auténtico capuchino, que no destaca por la singularidad y los fenómenos excepcionales, sino por la normalidad y la perfección en la observancia de lo que debería ser común para todos; y decía entre otras cosas: «La Iglesia lo saluda hoy como religioso admirable en todos los aspectos de su vida franciscana. De él se ha escrito con agudeza que fue un religioso "dispuesto a todo", pues todos los momentos de su vida franciscana y todas las manifestaciones de su actividad apostólica demuestran esta diversidad en virtudes internas y externas que lo pueden hacer ejemplar para todos».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt;&lt;b&gt;Alejandro Rossi, O.F.M.Cap.&lt;/b&gt;,&lt;i&gt; Beato Ignacio de Santhià. Siempre a la disposición de todos, en AA.VV., «... el Señor me dio hermanos...». Biografías de santos, beatos y venerables capuchinos. &lt;/i&gt;Tomo I. Sevilla, Conferencia Ibérica de Capuchinos, 1993, págs. 395-408&lt;/span&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-2957814423407589710?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/2957814423407589710/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=2957814423407589710' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2957814423407589710'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2957814423407589710'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/san-ignacio-de-santhia.html' title='San Ignacio de Santhià'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Yt6ZoJ3Dbxg/ToMkW740ZKI/AAAAAAAACig/TWf39rVx-jo/s72-c/san-ignacio-de-santhia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-4188899165845780167</id><published>2011-09-19T07:32:00.000-07:00</published><updated>2011-09-19T07:32:44.864-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San Francisco María de Camporosso</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ayVaU_eIs6Y/TndSbese_jI/AAAAAAAACiU/q8dPAsSDv9s/s1600/camporosso.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-ayVaU_eIs6Y/TndSbese_jI/AAAAAAAACiU/q8dPAsSDv9s/s400/camporosso.JPG" width="286" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«¿Vas tú o voy yo?» Dado el modo de pensar de entonces, parecía obvio que en la familia Croese de Camporosso, pequeña aldea al límite occidental de Liguria (Italia), alguno de los hijos se inclinase por el estado religioso. Poseían una casa y algunos minifundios de los que sacaban aceite, vino y hortalizas con que se alimentaban en la penosa economía campesina de aquel tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tres hermanos había para pasarse la pregunta uno al otro. Dos hermanitos, niño y niña, habían muerto siendo muy pequeños. Fue Juanito, nuestro santo, nacido el 27 de diciembre de 1804, el que se decidió por la vida religiosa. El consejo de una sabia anciana de la familia le ayudó en su propósito; un religioso conventual de su propio pueblo, fray Juan, le proporcionó la dirección concreta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La decisión tomada por el joven estaba respaldada por el hecho de que su niñez y adolescencia se habían desarrollado dentro de una ferviente religiosidad, de una firme voluntad y de una incipiente disponibilidad para «hacer el bien» a todos. Frecuentaba la iglesia y, apenas llegó a la edad de entenderse con los demás, comunicaba a sus amigos sus pensamientos y oraciones, sobre todo cuando conducía a pastar una vaquilla que garantizaba el alimento de la familia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muchas veces, acompañado de la familia, peregrinó al santuario de Laghetto, junto a Niza. Cuando apenas tenía diez años, sus padres le habían presentado a la Virgen con esperanza de obtener para el niño una salud más robusta. Lo consiguieron.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunas veces acompañó a su padre en las visitas que hacía a Mentone, donde intentaba poner en marcha un comercio; precisamente durante el regreso de uno de estos viajes fue cuando el muchacho demostró la coherencia de su vida con las palabras aprendidas en el Evangelio. Su padre, Anselmo, según una tradición documentada le había comprado para la ocasión un magnífico vestido; pero el niño al encontrarse con un pobre tan pequeño como él, le había regalado gozoso ese flamante vestido. La reacción de su padre fue una sonora bofetada. Juanito ofreció inmediatamente la otra mejilla, lo que cortó en seco la ira de su padre y le llenó de admiración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vocación del joven estaba unida a un secreto impresionante que recordaba como una anécdota misteriosa. Un día que formaba parte de una pandilla de muchachos conflictivos, con actuaciones secretas y equívocas, sintió que una mano invisible lo alejaba imperiosamente de ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la guía de esa misma mano se confiaba, al abrirse ante él un camino del que no veía todavía claro su recorrido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La meta no podía ser más que una, teniendo a fray Juan como compañero: el convento de San Francisco de Sestri Ponente, donde residía el religioso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensamos que los dos viajeros cubrieron los casi 150 kilómetros de distancia por etapas, al estilo franciscano, es decir, a pie, a lo largo de la fascinante cornisa de la Riviera. El trayecto, además, ofrecía a Juanito la oportunidad de conocer las particularidades de la nueva vida que pretendía abrazar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No tenemos documentación directa para comprobar el nivel de fervor de aquella comunidad. Seguramente sería parecido al de otras familias religiosas de aquel tiempo, que estaban comprometidas en la restauración, después de los desastrosos acontecimientos de la supresión napoleónica. Por algunas frases, que más tarde se le escaparán al futuro fray Francisco María, parece que se sintió desilusionado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 14 de octubre de 1822, los religiosos le concedieron el hábito de la Orden franciscana seglar, confiándolo a la protección del gran santo de Padua. Le pusieron el nombre de fray Antonio; un hermoso nombre que le recordaba el de su madre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La clase de ocupaciones en las que tuvo que emplearse el nuevo «terciario» en su quehacer diario, fácilmente se pueden sospechar; de lo que estamos seguros es que no ahorraría ningún esfuerzo. Para un hombre maduro como él, la vocación no fue un cómodo expediente, sino una decisión muy pensada. No sería fácil satisfacer su espíritu generoso y ardiente. En esta exigencia interior tendremos que buscar el origen de un cierto malestar que muy pronto brota en su corazón. Deseaba un ambiente distinto de espiritualidad y de sacrificio, pero, ¿dónde encontrarlo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El buen olfato del campesino iluminado por la fe intuye los «signos» de la Providencia. Un día entró en la iglesia de los capuchinos de la ciudad y quedó hondamente conmovido al ver a un joven religioso absorto en oración delante del tabernáculo. Le impresionó profundamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tal vez ya conocía a un capuchino del convento de San Francisco de Voltri, el padre Alejandro Canepa de Génova. Le abrió su corazón y los dos de acuerdo tomaron las oportunas decisiones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No hizo caso de los comprensibles consejos de los religiosos conventuales y, sorteados algunos obstáculos, una mañana del tardío otoño de 1824, fray Antonio abandonó sigilosamente el claustro de Sestri y se encaminó rápidamente hacia el convento de Voltri, donde fue acogido con los brazos abiertos. Con la óptima compañía de otro terciario-aspirante comenzó el aprendizaje de la vida religiosa. Le cambiaron el nombre de Antonio por el de Francisco María que fue una divisa y promesa al mismo tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enseguida el nuevo postulante brilló por su espíritu de caridad. Un testigo ocular, luego religioso también, lo vio «dar a los pobres la propia comida contentándose él con las sobras». Aquel gesto, unido a su conducta habitual, despertó en torno al joven un sentimiento de estima y admiración. Para él, tal modo de obrar, expresaba sencillamente una coherencia con sus aspiraciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La experiencia de Voltri completaba la de Sestri. Hacia finales de 1825 terminaba sus tres años de postulantado. El vicario provincial, padre Antonio de Cipressa, concede la «obediencia» a fray Francisco María y a su fiel compañero, y los dos juntos se dirigen al convento-desierto de San Bernabé en Génova, donde transcurre el año canónico del noviciado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Novicio capuchino&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡San Bernabé! Este convento, edificado en el monte, en medio del valle, dominado por el viento, rodeado de austera pobreza, sacó a flote del ánimo del terciario reminiscencias no dormidas de su juventud: el áspero olor de los campos, la cabaña de San Andrés que la familia poseía en la campiña. Se sintió inmediatamente como en su propia casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El noviciado estaba en plena floración, gracias a la abundancia de vocaciones nacidas como por encanto, después de las frías brumas de la tormenta revolucionaria. Los dos recién llegados se sumaron a otros siete aspirantes a hermanos no clérigos que, juntamente con dieciséis novicios clérigos, formaban el noviciado. Fray Francisco María optó por la clase laica. Ciertamente que su deficiente instrucción, recibida de un maestro sacerdote, hubiese sido demasiado pobre para una ulterior formación escolástica; sin embargo, como se demostrará más tarde, estaba dotado de un cociente de inteligencia normal. Posteriormente comentará su decisión con una persona de su confianza, citando el ejemplo del seráfico Padre que no quiso ordenarse de sacerdote porque «era preferible ser humilde y obediente». Los dos postulantes tomaron el hábito la mañana del 17 de diciembre de 1825. Muchos testigos de los procesos de beatificación recordarán sus actitudes durante el noviciado. El maestro, padre Bernardo de Pontedecimo, insigne por su sabiduría y discernimiento, recordaba que «debía moderar el fervor del novicio» porque era insaciable. Los compañeros atestiguaron que fray Francisco María «era bueno y afable con todos»; y fray Tomás, su fiel amigo desde la primera hora, estaba convencido de que fray Francisco María, desde el primer momento, «fue apreciado y estimado por todos». No se conservan otros informes que nos ofrezcan mayores detalles sobre el año de prueba de fray Francisco María y de las circunstancias que lo rodearon. Su línea y su programa de vida y «conversión» se mantuvo constante y tenaz. El noviciado se concluyó con la profesión el día 17 de diciembre de 1826.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Limosnero por los pueblos&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El nuevo profeso tenía veintidós años y la experiencia del noviciado le aportó madurez y firmeza en su vida. Los superiores lo destinaron al convento principal de la provincia, Santísima Concepción de Génova. Este traslado, para alguien menos experimentado, podía haber sido traumatizante. A diferencia del solitario y silencioso San Bernabé, el convento curial estaba poblado de varias decenas de religiosos en número equilibrado entre no clérigos y sacerdotes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las tareas de aquella imponente masa de religiosos eran muy diversas. Había que llevar adelante entre todos la típica vida de un convento, con la práctica de la llamada observancia regular, diurna y nocturna, y la normal actividad del ministerio sacerdotal. Aquí estaban centralizadas algunas actividades y servicios referentes a toda la colectividad provincial: la curia, la enfermería donde se hospedaban los ancianos y enfermos, una rica biblioteca, la fabricación de la tela para los hábitos. Una vida intensa y penitente se desarrollaba en el convento de la Santísima Concepción. La comunidad se recuperaba lentamente del período tormentoso de inestabilidad y dispersión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No cabía pensar que al recién llegado se le confiasen inmediatamente los trabajos de mayor responsabilidad. No sabemos cuales fueron sus ocupaciones a lo largo de cinco años. Pudo ser enfermero, cocinero, hortelano, sacristán, según las exigencias del organigrama de un convento tan complejo como el de Génova. Nadie lo sabe con seguridad. El recién profeso, sin una responsabilidad determinada, ayudaba en algunas de estas faenas según las órdenes que recibía o según su libre y generosa disponibilidad. «Siempre infatigable y sereno -se lee en los procesos-, se hallaba a punto para echar una mano a sus compañeros de trabajo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El paso por los trabajos más humildes constituyó un entrenamiento para el nuevo giro de su vida y tuvo un influjo decisivo en su desarrollo posterior y, ¿por qué no?, echó los cimientos de su espiritualidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El año 1831 el limosnero de los pueblos, fray Pío de Pontedecimo, comenzó a sentirse imposibilitado irreversiblemente. No podía más. Los superiores le dieron como ayudante al joven Francisco María. Tras un breve período de adiestramiento podía sustituirle en su puesto. La zona de recolección era el valle de Bisagno, la montaña de la ciudad; el recorrido le obligaba a estar ausente del convento algunos días, sobre todo si visitaba las casas de campo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aprendió inmediatamente que pidiendo se puede dar también. A cambio de las humildes limosnas de los campesinos, él les sugería palabras de fe como catequesis espontánea y eficaz. A la provocación grosera y cruel de unos muchachotes que un día lo apedrearon, respondió con la inesperada reacción de besar la piedra que le había herido. A los «señores» Sauli, en cuya casa se hospedaban los religiosos por la noche, lo mismo que a sus criados, les dio ejemplo de humildad y devoción. Para el anciano hermano, al que acompañaba, guardó toda clase de atenciones, le preparaba un plato caliente, mientras él se contentaba con las sobras; para el anciano reservaba la cama, mientras él descabezaba el sueño sobre la escalera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En poco tiempo trazó la «regla», el «estilo de vida» que mantendría en sus relaciones con el pueblo. La experiencia como limosnero por los pueblos fue muy intensa, pero no duró demasiado. Cerca de dos años solamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Limosnero por las calles de la ciudad&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La limosna era importantísima para la economía conventual de aquellos tiempos. Diez religiosos no clérigos se encargaban del suministro de la fraternidad de la Santísima Concepción. La limosna recogida en la ciudad era mucho más importante que la recogida por los pueblos; con ella, prácticamente, cubrían las necesidades normales los hermanos limosneros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para facilitarla, la ciudad estaba dividida en barrios. Por la mañana, cada hermano se enteraba en el tablón especial, todavía conservado, cuál era el barrio que le tocaba recorrer para realizar su humilde trabajo; así, a una determinada hora salía a la calle acompañado del imprescindible muchachito de seis a diez años, escogido entre las familias más adictas al convento. El niño estaba encargado de recibir en su bolsa, colgada al cuello, el dinero. El religioso, en la alforja que llevaba al hombro, echaba las limosnas en especie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comprobado el magnífico resultado de fray Francisco María en el valle de Bisagno, el padre guardián lo destinó a la ciudad. Para entonces ya había adquirido una buena carta de presentación. Si entre los hermanos gozaba de estima y estaba considerado como «un buen religioso», entre el pueblo, a través de la rápida difusión de anécdotas y noticias edificantes, la fama del joven religioso era todavía más cotizada. La gente lo había descubierto muy pronto y, ya en 1834, la aparición matinal de fray Francisco María en la popularísima calle «del Campo» atraía apresuradamente a las mujeres, que pretendían besarle la mano o la manga y lo saludaban llamándole «fray beato». El buen fraile, enflaquecido por la penitencia, de figura severa y, al mismo tiempo, dulce y buena, sonreía, tratando de escapar a los apretones de aquellas almas devotas, alejándose delicadamente, como lo asegura el viajero y escritor francés Augusto Jal, testigo ocular de la escena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esto no era más que el comienzo de una de tantas jornadas que se repetirían a lo largo de los años hasta su muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por la mañana, en el convento, participaba en el mayor número de misas posible; al muchachito que le esperaba, le preguntaba antes que nada si había desayunado, con intención de servirle enseguida el desayuno. Recitaban una breve oración en la iglesia y luego se ponían en camino. Con el niño hablaba de temas formativos y le enseñaba el catecismo; con la gente no perdía el tiempo en conversaciones inútiles; se acercaba a las tiendas y almacenes, llamaba a las puertas, pero esperaba antes de entrar. Si pasaba cerca de una iglesia siempre entraba a visitar al santísimo Sacramento. El recorrido terminaba hacia el mediodía. A esta hora se dirigía hacia el local del que disponían los religiosos como central para organizar todo lo recogido; el muchacho se marchaba a su casa y el religioso regresaba a su convento. Si era tarde, el niño subía también a la Santísima Concepción para comer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aparentemente, fray Francisco María repetía todos los días lo mismo, pero cada uno tenía algo de especial. La limosna, como fuente de santificación, no era algo nuevo entre los capuchinos. Nuestro hermano había escogido como protector a san Félix de Cantalicio, el famoso limosnero de la Roma del siglo XVI, a quien se encomendaba con frecuencia. El modo de realizar su humilde trabajo era muy personal, como lo había sido el de su modelo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;El «diálogo» con la gente&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pedir sí, mas, sobre todo, dar. Gracias a su pronta disponibilidad estableció un «diálogo» con la gente que alcanzó una extrema intensidad, de tal manera que cualquier historiador, no puede profundizar en la vida de la Génova del siglo XIX, si olvida la presencia discreta y generosa del hermano capuchino que, desde los primeros momentos, el pueblo bautizó con el nombre de padre santo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Son los años de anhelos e impulsos hacia el progreso de la ciudad, de las primeras industrias, de su nueva actividad marinera y mercantil, animada por las máquinas de vapor y el ferrocarril.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vieja Génova, refugiada desde siglos en sus estrechos callejones, rompe el cerco de sus muros antiguos en busca de un nuevo aire y confía sus ansiedades cotidianas a un humilde capuchino. Las grandes y, más todavía, las pequeñas ansiedades de la vida sencilla que experimenta el pueblo zarandeado por las nuevas fuerzas, que se mueve y se agita, tratan de abrir nuevos caminos y crear nuevas empresas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre santo escucha, escucha siempre: a la niña que padece de los dientes; a la pobre dependiente que está triste porque ha perdido la medallita que le regaló el hermano; al hombre emprendedor que proyecta nuevos negocios y pide consejo; a las madres que piensan de continuo en sus hijos bajo las armas; al sacerdote escrupuloso y a la gente preocupada por las repetidas amenazas del cólera...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El diálogo es cada día más amplio porque el religioso no se asusta ante ningún caso. Si le buscan para que visite un enfermo, emprende incluso un viaje incómodo a pie en medio de la nieve; si le piden que interceda para que rebajen el tiempo de prisión a un encarcelado, da vueltas hasta dar con alguien que tenga influencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vida del padre santo está sembrada de anécdotas. Sus florecillas, saturadas de gracia y frecuentemente envueltas en algún milagro, reflejan de modo evidente el escenario de la ciudad en el incesante devenir de cada día.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De muchos limosneros capuchinos se recuerdan dones especiales de ciencia infusa. Ellos, los ignorantes, sabían hablar de teología y eran reclamados por personajes civiles y eclesiásticos como consejeros. Para fray Francisco María la ciencia de Dios consistía en la catequesis sencilla y en la exhortación a alejarse y purificarse de los pecados, en el consejo de buscar en la Eucaristía y en la oración la fuerza que necesitamos. Sus interlocutores, sin excluir tampoco a la gente cualificada, eran las amas de casa, las tenderas, los cargadores del puerto, que encontraba por la calle o en alguna escalera.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A todos les anunciaba, con un lenguaje simple y sin pretensiones, y, más aún, con su entrega personal, el Reino de Dios. A pesar de su candor y la limpieza de su mirada, se daba cuenta del mal, del que no se dejaba contaminar; su programa, por encima de todo, consistía en ser «activista de la paz» entre las familias y los vecinos. Unánimemente lo aseguran los testimonios sobre su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dios le había concedido privilegios especiales para cumplir esta misión. Respondía a las preguntas sin que se las hubieran formulado, leía los pensamientos más ocultos tras recogerse interiormente, hablaba de cosas futuras y lejanas. Su persona parecía que estaba presente hasta en los caminos y sendas no frecuentadas por él. Desde fuera de la ciudad y desde otras regiones le llegaban cartas a las que respondía fatigosamente. Sólo una mínima parte de esta abundante correspondencia ha llegado hasta nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Coordinador de los limosneros&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las pruebas de sensatez demostradas en sus relaciones con tanta gente, el prestigio innegable que el religioso había adquirido ante el público y entre sus hermanos religiosos, indujeron a los superiores a confiarle, después de 1840, una responsabilidad especial, típica de la tradición capuchina: el ser «hermano mayor», es decir, el guía y coordinador del numeroso grupo de hermanos limosneros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este cargo recibía el nombre de coordinador de los limosneros. Se le reconocía exteriormente porque llevaba, colgada del brazo, la característica cesta de mimbre, tejida con la técnica propia de la artesanía capuchina. Pertenecía a su especial competencia la recogida de algunas cosas que podríamos llamar de lujo y que, preferentemente, estaban destinadas a los enfermos, tales como café, azúcar, cacao, chocolate. Por esta razón, solamente él gozaba del privilegio, reservado a los capuchinos, de entrar en el «puerto franco», más allá de la aduana, donde los comerciantes tenían sus oficinas, los entonces famosos despachos y los depósitos de las mercancías más caras. La prohibición de entrar era tan severa que el niño que le acompañaba tenía que esperar fuera. Otra obligación del «coordinador» era también la de proveer a los religiosos de cuanto no se obtenía por la limosna ordinaria, como ropas personales, pañuelos, etc.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el convento de la Santísima Concepción tenía reservado un local como depósito para conservar y distribuir estos objetos o mercancías. También era de su competencia, según una larga tradición, la administración de las limosnas de misas, lo que suponía manejo de dinero. Por añadidura, caía bajo su responsabilidad designar por la mañana a cada uno de los hermanos limosneros su barrio respectivo y resolver las dificultades y posibles divergencias.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta posición privilegiada, si así podemos llamarla, ofrecía a fray Francisco María la oportunidad de prestar nuevos servicios en favor de todos. Un hecho insólito en la actividad del santo fue su incansable generosidad por medio de los bienhechores en favor de los necesitados, de las iglesias y de otras instituciones. Atendió a su sobrinita, Luicita Gibelli, huérfana de madre. Procuró que estudiase; se decidió por la vocación religiosa y tuvo la alegría de asistir a su profesión en la congregación de Nuestro Señor del Huerto (Gianelline) de la que, andando el tiempo, llegaría a ser superiora general. Una especial preferencia demostró por su pueblo natal Camporosso. Le regaló lampadarios y otros objetos de ornamentación y culto. Para las capillas, que le recordaban las devociones de su infancia, regaló también algunas cosas. Igualmente en los libros de crónicas se cuentan otros muchos servicios que prestó a los hermanos y a los conventos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sobresalen, de igual modo, las ayudas pecuniarias oportunas y continuadas a favor de familias e individuos en situaciones desesperadas. Gracias a su ayuda, una pobre muchacha de Livorno, que buscaba trabajo en Génova, encontró dentro de un paquete, depositado en una tienda, una oferta providencial de empleo. En una carta de acción de gracias al marqués Carlos Bombrini por una «imprevista e inesperada» limosna, le comunicaba que eran tales y tantos los pobres que le asediaban que no sabía cómo hacer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante los procesos de beatificación, como es obvio, estas actividades ofrecieron un cebo fácil para las objeciones del promotor general de la fe. Se recordó a este propósito una intervención del ministro general de la Orden cuando visitó la provincia en 1847. Pero los testigos más importantes estaban al corriente de estas actividades y declararon que las hacía con la debida autorización. Después de la visita del ministro general continuó con estas obras de caridad, apoyado, sin duda, en su irreprensible prudencia y pobreza, además de la rigurosidad en el desempeño del cargo que con plena confianza le habían confiado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El manantial de su vida&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las relaciones públicas del padre santo eran el reverso de una moneda, mientras la cara la iba grabando delicadamente con su vida de fraternidad, en las silenciosas horas de la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Tened fe, tened fe», era la recomendación que escuchaban frecuentemente los que solicitaban su ayuda. Él vivía de la fe. Justamente, esta íntima adhesión de su mente y de todo su ser a la verdad le permitía colocar en el sitio exacto cualquier situación propia y de los demás. Sus gestos, sus palabras y, en particular, sus cartas, nos señalan el hilo conductor de su espiritualidad: la aceptación humilde y generosa de la voluntad de Dios, que es «siempre justa, siempre santa, siempre amorosa, siempre paternal con nosotros».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una intensa presencia de Dios en su vida alimentaba y expresaba esta fe. La oración era la aspiración más constante de su vida y, cuando la obediencia le imponía obligaciones que ocupaban todo su tiempo, se valía de algunas estratagemas para dedicar algunos ratos a la oración. Asistía asiduamente a las funciones litúrgicas de la fraternidad, visitaba frecuentemente las iglesias que hallaba en su recorrido de limosnero, prolongaba las horas de la noche dedicadas al recogimiento y a la meditación, cuyos temas eran preferentemente los dolores de Cristo siguiendo la genuina tradición franciscana. El viernes santo, recordaba un testigo, «se dibujaba en su rostro la congoja de su corazón».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su piedad, viril y auténtica, no desdeñaba las manifestaciones espontáneas y populares del pueblo llano. La gente debía pedir los favores a Jesús Nazareno, a la Virgen de las Gracias o del Carmen, que eran las advocaciones más conocidas de la ciudad, o también a san Antonio, san Félix, santa Catalina, san Juan Bautista de Rossi (canonizado en 1860), pero no a él. Luego resultaba fácil al religioso esquivar dulcemente las alabanzas: «Yo no he hecho nada, fue la Virgen la que os salvó».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su integración con el pueblo de Dios que cree y espera, daba a su piedad una dimensión eclesial conmovedora. Sentía en lo más íntimo el ambiente adverso al estado religioso; le hubiese gustado manifestar su indefectible fidelidad al papa viajando a Roma, el único deseo manifestado exteriormente que no pudo cumplir. Percibía muy vivamente las necesidades de la Iglesia y favoreció de todas las maneras puestas a su alcance las vocaciones masculinas y femeninas. En su período de intenso dinamismo evangelizador sintió la llamada a las misiones: «¡Oh, si fuese joven y pudiera acompañar a nuestros misioneros!»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su programa, coherente con la fe, era de permanente conversión. El seguimiento de Cristo para él consistía en transformar el hombre viejo en hombre nuevo por medio del constante control de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No se dejaba distraer o trastornar por el halo de cariño y gloria que le rodeaba. Le llamaban santo, pero él comentaba con seguridad y asombro: «Se necesitan muchas cosas para ser santo». Algunos marineros llegaban jadeantes al convento, apenas desembarcados, para darle las gracias; un marinero aseguraba sin titubeos que le había visto sobre el palo mayor de su barco cuando estaba a punto de naufragar en el canal de La Mancha; el religioso, fingiendo ignorancia y asombro, le contestaba: «Mira, yo a rezar voy a la iglesia, no sobre los árboles».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La seguridad en sí mismo provenía de su constante avidez de sacrificio y de penitencia. Tenía grabado hondamente en su espíritu, desde los duros años de Camporosso, que el Evangelio había que seguirlo sin atenuaciones y sin disculpas. La pobreza, la mortificación, la renuncia de sí mismo eran las normas indeclinables de su vida: «Vale más una hora de sufrimiento que cien años de deleites», era una de sus frases preferidas. Dormía sobre tablas con un trozo de madera por almohada; cuando visitaba Camporosso, nunca se logró que durmiera sobre la cama, asegura el párroco. Tomaba con alegría las sobras de la comida, y el gesto realizado en unas navidades, cuando después de servir a los pobres la comida pidió al cocinero algunos mendrugos de pan mojados en agua caliente para él, no fue una «florecilla» para la galería, sino la expresión de una actitud. Calzaba siempre sandalias toscas y viejas, nunca se puso un hábito nuevo. Cuando el padre provincial, Valentín de Taggia, en 1848 le mandó ponerse una túnica nueva y dormir sobre el jergón de paja, aceptó la orden con un «sea por amor de Dios». Se sometió tranquilamente al superior cuando en una ocasión ordenó comer carne en día de vigilia; lo mismo sucedió durante un viaje, cuando su compañero, el padre Jaime de Voltri, le recordó el consejo del seráfico Padre de comer de todo cuanto se ponga en la mesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este comportamiento, esta santidad, diríamos, de fray Francisco María se fundaba en un sentido de equilibrio y en una sana libertad de espíritu, abierta a la alegría y a la compresión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Percibía las vibraciones poéticas de la creación, como nos lo dice el día en que, al escuchar los alegres gorjeos de los pájaros en la plaza, recordó al padre Oracio las palabras de san Francisco: «Tenemos muchos hermanitos que alaban al Señor»; o en la costumbre de colocar una plantita sobre el alféizar de la ventana, que, al decir de uno de los muchachos que le acompañaban a la limosna, estaba siempre en flor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No nos debemos engañar al contemplar el aspecto austero y reservado de su fotografía. Los religiosos que convivieron con él recuerdan unánimemente que, aun en medio de los sufrimientos y del cansancio, su rostro estaba «siempre alegre y sereno», y la piadosa Magdalena Montobbio, que lo conoció y visitó durante todo el tiempo de su vida religiosa, nos da una elocuente definición de su santidad: «En todo brillaba su santidad verdaderamente amable».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #f4cccc; text-align: justify;"&gt;La convivencia en comunidad&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este atractivo no podía nacer más que de la irradiación de una paz interior, de una sincera colaboración en la vida de comunidad. Algunas frases y anécdotas de la biografía del padre santo son incomprensibles fuera de su contexto. Durante el tiempo que trabajó como ayudante del cocinero nos encontramos casualmente con un caso curioso que confirman muchos testigos. Cogió la costumbre de tener una piedrecita en la boca para ejercitarse en la paciencia y en el silencio, a causa de las frecuentes interrupciones en el trabajo que tenía que aguantar por parte de los religiosos, que, por una razón o por otra, venían a molestarlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El joven religioso buscó desde entonces una regla de oro para la convivencia en medio de la numerosa comunidad. La encontrará un poco más tarde en un escrito hallado en su celda, ocupada anteriormente por fray Félix, otro religioso muy estimado: «Silencio, mortificación, oración». Confiadamente confesará a otros compañeros: ser fiel a estas tres palabritas fue el secreto de vivir en paz con los noventa religiosos de la Santísima Concepción.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fray Francisco María comprendía la enorme importancia que tiene la paz dentro de una comunidad y aceptaba como ejercicio ascético las dificultades que de ello se derivaban. «Paz con Dios, paz con nosotros mismos, paz con todo el mundo». En el ámbito de la familia religiosa siempre se esforzará para que los frailes conserven la caridad y, si alguna vez se le hiere o se pierde, para que lo más pronto posible se recupere.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los actos de los religiosos no todos estaban inspirados en los más altos ideales de la vocación. Las tensiones del iluminismo y los efectos de la revolución civil marcaron profundamente a los miembros de la comunidad, y sus relaciones se resentían por estas circunstancias. Fue relativamente fácil y de modo positivo la recuperación de la actividad sacerdotal, lo mismo que las relaciones sociales; por otra parte, la provincia conoció un maravilloso relanzamiento del ideal misionero. Sin embargo se notaba un sufrimiento interior; los ánimos no estaban serenos. El punto débil radicaba en usos privados y en la tendencia al individualismo proveniente, sin duda, de la supresión y de la amenaza latente que de un momento a otro podía repetirse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Además, «los proyectos, las esperanzas y la ebullición» que agitaban al mundo exterior, se reflejaban en el interior del convento. Algunos, para usar la pintoresca expresión de un documento, tenían «ideas italianas a la moderna», que demostraban de cuando en cuando clamorosamente. La intervención del ministro general, Venancio de Turín, que giró la visita a la provincia en 1847 e impuso una serie de normas, no consiguió llevar la tranquilidad; más bien, las perspectivas de un porvenir poco seguro agudizaron el problema de la obediencia y de la pobreza que no aceptaban de buen grado algunos religiosos y que provocó una querella mantenida a lo largo de muchos años. La tradicional austeridad muy rígida de los capuchinos sufría en aquel momento las arremetidas y asaltos de las nuevas costumbres «mundanizantes», que los más conservadores juzgaban profanaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre santo se movía entre las dos corrientes, manteniendo su programa de sufrimiento y de tenaz partidario de la paz. Lo expresaba en sus gestos forzosamente significativos: decir oportunamente una palabra, ayudar a los demás y salir al encuentro de sus necesidades, sin olvidar a los más solos y tristes, como aquel compañero de noviciado a quien visitaba regularmente en el sombrío lugar de su internamiento, el manicomio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un compañero nos cuenta el programa de perfección que cumplía a rajatabla: «Hacerse santo sin que el mundo se dé cuenta». De hecho, en el círculo de la comunidad se notaba su presencia más por esta fidelidad sensata y su silenciosa virtud que por hechos extraordinarios. Los religiosos fervorosos se sentían reanimados, los menos fervorosos se mostraban inquietos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Su ofrecimiento&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy pocos acontecimientos interrumpieron el trabajo del padre santo. Aparte de alguna peregrinación que realizó, según costumbre, a sus santuarios queridos, en raras ocasiones se alejó de Génova. Viajó algunas veces a Camporosso para cumplir sus deberes filiales con sus ancianos padres; la última vez en el verano de 1852; en 1853 visitó Novi Ligure. El 8 de septiembre de 1862 asistió a la profesión religiosa de su sobrina en Chiavari, a la que visitó una vez más en 1865, en Novi.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la ciudad se produjeron muchos acontecimientos, pero en ellos su presencia fue más de espectador que de actor. En particular durante las revueltas jornadas de la insurrección de Génova en 1849, no es probable que tomase parte directamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La figura del religioso que baja a diario desde los capuchinos hacia la ciudad, envuelto en la humildad de su oficio, no se alteró a lo largo de los años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con el pasar del tiempo, su imagen alta y austera comenzó a acusar fatiga y cansancio. Por el año de 1863 le aparecieron varices en sus piernas. Las de la izquierda cicatrizaron y prefirió no someterse a una intervención quirúrgica; en la derecha se le presentó, además, una «costra callosa» debajo de la rodilla, debida probablemente a su costumbre de estar arrodillado. El cirujano, fray Petronio, le practicó una incisión que le retuvo en cama durante cuarenta días y le obligó a llevar una polaina. A finales de 1865 volvieron las molestias y el médico, padre Apolinar, le sometió a nuevas operaciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El espíritu se mantenía activo, pero la carne se hallaba enferma. Otras pruebas delicadas le esperaban a nuestro hermano al aproximarse el término de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la primavera de 1866 se celebró el capítulo provincial. Al reflexivo y taciturno Alejandro de Rovereto sucedió en el cargo de provincial el decidido y rígido Juan de Acqui. Los ánimos continuaban tensos porque fuera se recrudecía la borrasca. Como parte del exigente programa de gobierno, el provincial nombró superior de la Santísima Concepción al padre Anacleto Dagnino de Génova, reconocido como de carácter áspero y fogoso. No disimulaba su admiración ante la virtud de su súbdito, pero dentro de la línea de disciplina que impuso a la vida conventual, también impuso algunas normas a fray Francisco María. Le sugirió que no le gustaba que acudiera a la portería con tanta frecuencia y le ordenó que entregara todo lo que administraba, tanto si provenía de las limosnas como de las donaciones del puerto franco. Total, que le relevó de la gestión del depósito del que hemos hablado anteriormente y del resto de las limosnas. Hubo religiosos que criticaron severamente tales normas. Fray Francisco no se inmutó y el mismo padre Anacleto declara que «inmediatamente y simplemente lo entregó todo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por algunas alusiones inocentes e inadvertidas del religioso, sus devotos intuían algo raro y doloroso; comprendían que se avecinaba rápidamente la muerte de su bienhechor. Con demasiada frecuencia repetían sus labios la expresión, por otra parte habitual en él: «El cielo, el cielo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre tanto comenzaban a oírse noticias siniestras. Reaparecía de nuevo el cólera en algunos casos aislados; los barcos estaban sometidos a cuarentena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A primeros de agosto de 1866, fray Francisco María pidió que le dejasen visitar los santuarios marianos de los alrededores. Alguien le propuso quedarse en Nuestra Señora de las Gracias en Voltri; le respondió: «Dejadme marchar». Tenía prisa. En su mirada se adivinaba una profunda tristeza. ¿Qué le pasaba? El 5 de agosto se reconoció «oficialmente» la presencia del cólera en Génova; una mujer contrajo la infección. La misteriosa sensibilidad de las almas hizo sentir también al padre santo todo el drama y el miedo de su gente, de su ciudad. Estar lejos hubiese sido una traición.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sus días se desenvolvían a un ritmo distinto. Animaba a sus devotos y les regalaba imágenes con la bendición de san Francisco. A algunos más íntimos les ofrecía una reproducción de su propia foto que, por obediencia, le había sacado un fotógrafo a punto de malograrse; dirigía insistentemente a todos palabras de fe, de esperanza, sin ocultarles explícitamente su próxima desaparición. Por la noche alargaba sus oraciones penitenciales. El padre Oracio lo sorprendió en una ocasión «abandonado en sí mismo, absorto, como si durmiera». Al día siguiente él mismo confesó al padre cándidamente: no dormía, sufría terriblemente al enterarse de cómo se extendía la epidemia, y se ofrecía a sí mismo y a los otros religiosos para calmar la ira divina, para que se convirtieran los pecadores... El ofrecimiento no fue en vano.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;El sacrificio&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cólera continuaba segando víctimas. El padre santo todavía recorría las calles, pero vivía en su propio cuerpo ya gastado la «pasión» de la ciudad. En una ocasión lo tuvieron que llevar al convento en silla de manos; en bastantes otras se vio obligado a descansar en casa de bienhechores o amigos para poder continuar después. Cierto día entró en el convento de la Annunziata de Portoria y dejándose caer pesadamente sobre un arca, se desfogó contra sí mismo: «Esta carroña ya no puede más».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su situación, anota el atento portero del convento, no le impedía de ninguna manera complacer a los que le buscaban. Pero una mañana -era el 14 de septiembre, día de la Santa Cruz-, hacia las ocho, el padre santo, al salir de la iglesia donde había comulgado, le dijo a fray Luis de Breccanecca que era el portero: «Si alguno pregunta por mí en la portería, yo no vuelvo más a ella». El portero se sorprendió, por lo que fray Francisco María añadió: «Yo sé por qué».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Internado por obediencia en la enfermería, dijo con alegría al padre Luis de La Spezia: «Pronto iré a Staglieno» (el cementerio de la ciudad), y a fray Nazario de Gavi, muy amigo suyo: «Consuélate, espero entrar en el cielo; rogaré por ti».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco tiempo estuvo en cama; el 17 de septiembre de 1866, día de las Llagas de san Francisco, a las cinco de la tarde, «con pleno conocimiento, sereno y tranquilo, después de recibir los santos sacramentos», se durmió en el Señor. El médico, Luis Garibaldi, que estaba presente a la hora de la muerte, certificó que su causa había sido «el cólera fulminante que asolaba a Génova».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La conmoción sacudió a la ciudad. No era solamente la comunidad religiosa que perdía uno de sus miembros; era toda la comunidad ciudadana la que lloraba a su amigo, a su bienhechor, a su padre santo. Toda la prensa, incluida la más hostil a los religiosos, se hizo eco del acontecimiento. La modulación de la noticia y su acento expresivo fueron diversos, pero todos coincidieron en un sincero y único pesar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pío XI lo beatificó el 30 de junio de 1929, y Juan XXIII, al terminar la primera etapa del Concilio Vaticano II, el 9 de diciembre de 1962, lo canonizó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Casiano de Langasco, O.F.M.Cap., &lt;i&gt;San Francisco María de Camporosso. La manera de dar pidiendo, en AA.VV., «... el Señor me dio hermanos...». &lt;/i&gt;Biografías de santos, beatos y venerables capuchinos. Tomo II. Sevilla, Conferencia Ibérica de Capuchinos, 1997, págs. 99-12&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-4188899165845780167?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/4188899165845780167/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=4188899165845780167' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4188899165845780167'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4188899165845780167'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/san-francisco-maria-de-camporosso.html' title='San Francisco María de Camporosso'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ayVaU_eIs6Y/TndSbese_jI/AAAAAAAACiU/q8dPAsSDv9s/s72-c/camporosso.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-8157839851892081897</id><published>2011-09-18T07:07:00.000-07:00</published><updated>2011-09-19T07:26:14.465-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San José de Cupertino</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-QeFG3f4YfrI/TndPlbttriI/AAAAAAAACiQ/Mz-vd1-6d3I/s1600/jose+de+copertino3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-QeFG3f4YfrI/TndPlbttriI/AAAAAAAACiQ/Mz-vd1-6d3I/s400/jose+de+copertino3.jpg" width="271" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por aquellas calendas agitábanse los pueblos con las convulsiones propias del nacimiento de una nueva época: la Edad Moderna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El antes glorioso Imperio otomano estaba en decadencia; Rusia se regía por zares, sedientos de grandezas; en Alemania se incubaban guerras intestinas; otro tanto ocurría en Inglaterra en los inicios de su hegemonía marítima; en Francia el «Rey Sol» deslumbraba con las fastuosidades de su Versalles; mientras que íbase declinando el poderío español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos momentos históricos, siendo papa Clemente VIII y reinando en España y Nápoles Felipe III, plugo a Dios que viniera al mundo el niño José Desa, como para confundir con su ignorancia a los petulantes de aquel siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni por razón de la patria, ni del hogar, puede decirse que resplandeciera este gran santo desde su infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vino al mundo en un establo de la pequeña aldea napolitana de Cupertino. Su madre, Francisca Panara, hubo de refugiarse en aquel escondrijo, para huir de los ejecutores de la sentencia de embargo, dictada contra el cabeza de familia, Félix Desa, por no poder pagar a sus acreedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran gente honrada; pero los escasos ingresos de un pobre carpintero de aldea no permitían vivir con deshago económico y, como los agentes judiciales no suelen tener entrañas de misericordia...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En compensación de estas penurias económicas, abundaba aquella familia de caudales de fe tradicional y buenas costumbres, por lo que el pequeño fue educado en el santo temor de Dios y la mayor pureza de vida. Para ponerle bajo la protección de la Santísima Virgen, le añadieron en la confirmación el sobrenombre de María, y así José María desde su infancia pudo contar con dos madres: la del cielo y la de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era ésta una ruda aldeana de carácter fuerte, que no le consentía el menor desliz o travesura, castigándole duramente, hasta el extremo de dejarle alguna noche fuera de casa, teniendo que refugiarse, para dormir, en el atrio de la iglesia parroquial, según cuentan algunos autores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo que todos sus hagiógrafos coinciden es en afirmar que era de muy cortos alcances intelectuales, por lo que no pudo lograr casi ningún adelanto en la escuela rural, donde le matricularon sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vista de que el estudiar era para él tiempo perdido, le sacaron de la escuela sin saber leer y, para que ayudase a aliviar las angustias domésticas, le pusieron sus padres como aprendiz en la zapatería del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era muy complicado este oficio de artesanía; mas la ineptitud de José para los estudios corrió pareja con la que mostraba en este aprendizaje, durante el que más de una vez tendría que experimentar las caricias del tirapié, para que se espabilase...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desechado como inútil por el maestro zapatero, hubo de quedarse en su propia casa, cuyos problemas agrandó más, en vez de ayudar a resolverlos, porque le sobrevino entonces una larga y penosa enfermedad. Su cuerpo se le cubrió de postemas repugnantes y dolorosas, que le ocasionaban muchos sufrimientos, aunque supo soportarlos con ejemplar paciencia, hasta que un buen día la Santísima Virgen le devolvió la salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez repuesto corporalmente, como para nada servía, se dedicó a una vida de oración y caridad, prestando a todos, con mejor gana que acierto, sus pobres servicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para lo único que tenía gran habilidad era para orar y mortificarse. Se pasaba largas horas de hinojos en la iglesia, y ni se preocupaba de comer, siendo frugalísimo su alimento, cuando le obligaban a tomarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fueron pasando los días de su adolescencia y, al frisar en los diecisiete años, sintióse llamado a la vida religiosa en la Orden de los franciscanos conventuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para solicitar el ingreso en ella, acudió a un convento que le era conocido, por tener allí dos tíos suyos frailes. Gracias a la eficaz recomendación de éstos, fue admitido como lego, ya que, por su ineptitud para las letras, no podía aspirar al sacerdocio. Viéndose en la casa de Dios, se acrecentaron sus fervores, de tal modo que sólo se preocupaba de orar y hacer penitencia, pero descuidando y realizando mal los encargos que se le hacían. Todos reconocieron que era muy santo, pero inútil para la vida de comunidad, pues no servía ni para pelar patatas o fregar platos, por lo que hubieron de despedirle del convento, con gran pena de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fracasado este primer intento, pensó en pedir el hábito en otra Orden más austera y, en 1620, llamó a las puertas del convento que tenían los capuchinos en Martina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente de pobreza y recogimiento de aquella casa encantó a José. Los religiosos también quedaron gratamente impresionados al ver su profunda humildad y oírle hablar de las cosas divinas con tanto fervor, por lo que, ad experimentum, le recibieron entre los hermanos legos. Pronto llegaron hasta allí rumores de que se trataba de un haragán histérico, inservible para todo. Las sencillas pruebas a que le sometieron confirmaron estas apreciaciones: la santidad de aquel postulante no parecía muy sólida, ya que lo que le sobraba de oración, le faltaba de obediencia, pues se olvidaba de los encargos o los hacía al revés. A su capacidad deficiente en lo intelectual, se le añadieron raras enfermedades en los ojos y en las rodillas, por lo que hubieron de despedirle con pena por inservible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así plugo al Señor acrisolar a esta alma predilecta suya, llevándole por la penosa senda de las humillaciones y fracasos. Para colmo de desdichas, cuando retornó a su hogar, vio que había muerto su padre, y los acreedores de éste quisieron poner en la cárcel al hijo, para saldar las cuentas familiares; pero ¿de dónde sacaría dinero, si para nada servía?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como José supo que uno de sus tíos franciscanos estaba predicando en Vetrara, decidió encaminarse allá, para impetrar orientación y auxilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El buen franciscano, en vista del doble fracaso de su sobrino, le recibió con mal talante, reprendiéndole por su inconstancia e inutilidades; pero compadecido y edificado al ver su humildad, se animó a recomendarle a sus hermanos de la pequeña residencia de Santa María de Grotella, donde fue admitido, en 1621, como mero oblato, para ayudar en los servicios más ínfimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquellos padres conventuales, religiosos de mucho espíritu, supieron apreciar el oro de santidad, encubierto bajo la escoria de las deficiencias del joven oblato, y le admitieron como novicio en 1625, ciñéndole el glorioso cordón franciscano. ¡Todo se lo debía a su Madre del cielo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El humilde fray José, al verse tonsurado y recibido entre los aspirantes al sacerdocio, henchióse de santo júbilo; pero no cesaron por eso sus amarguras, pues el nuevo género de vida le obligaba a dedicar largas horas al estudio y sus cortas facultades mentales no daban para tanto. Las letras no entraban en su cabeza y a duras penas logró aprender a traducir el sencillo lenguaje evangélico. Cada examen era para él un martirio y un fracaso...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas sus progresos en la virtud eran extraordinarios y compensaban este retardo mental; en vista de ello, sus superiores decidieron en 1626 concederle la profesión, al terminar su noviciado, y hasta le dispensaron de los exámenes, para que el señor obispo de Nardó, don Jerónimo de Franchis, le concediera las órdenes menores y el subdiaconado, que recibió el 30 de enero y el 27 de febrero respectivamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al aspirar al diaconado, quiso el señor obispo examinarle personalmente, lo que puso a fray José en un trance peligroso. Temblando fue hacia la sede episcopal, después de haberse encomendado con todo fervor a su querida Virgen de la Grotella. Como de costumbre, presentó el prelado al ordenando los evangelios, para que picase, leyera e hiciese la exégesis del que le correspondiese. Abrió el libro, al azar, por el texto mariano: Beatus venter, qui te portavit... («¡Dichoso el seno que te llevó...!» Lc 11,17), y al punto lo tradujo con tal maestría y lo explanó con tan devota elocuencia, que a todos dejó prendados de su saber, por lo que pudo recibir el diaconado el 30 de marzo del mismo año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvado así este difícil trance, prosiguió fray José sus estudios con igual tesón e idéntico resultado fatal en el aprovechamiento, hasta que, para aspirar al presbiterado, hubo de presentarse ante el tribunal que presidía el obispo de Castro, don Juan Bautista Detti. Presentóse con otros compañeros de claustro que tenían grandes dotes de talento, por lo que el contraste habría de resultarle muy bochornoso; pero la Santísima Virgen se valió de esto mismo para sacar con bien a su devoto; los primeros examinandos probaron su competencia con tal brillantez, que aquel prelado, aunque tenía fama de riguroso, creyendo que todos los condiscípulos estarían a la misma altura, suspendió la sesión, cuando le iba a tocar a fray José, y dio por aprobados a los restantes... Por tan extraordinario favor pudo recibir el 18 de marzo de 1628 los poderes sacerdotales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como reconocía que su ordenación era un singular favor de la Santísima Virgen de la Grotella, en este reducido santuario quiso celebrar su primera misa, para dedicar las primicias del sacerdocio a su celestial Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces se repitieron casi diariamente los éxtasis y comenzó a prodigar favores milagrosos a cuantos necesitados de auxilio recurrían al convento. Una vida tan extraordinaria y tales hechos taumatúrgicos originaron envidias, habladurías y rumores calumniosos, que llegaron hasta las oficinas curiales, por lo que cierto vicario se creyó obligado a delatar el caso de fray José al Santo Tribunal de la Inquisición, que funcionaba en Nápoles. Tremenda y afrentosa era esta prueba, ya que este Tribunal se cuidaba de extirpar la plaga de herejes y hechiceros. Los inquisidores tomaron cartas en asunto de tanta resonancia en la provincia de Bari y citaron a juicio al acusado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Harto prolijo y a fondo debió ser el examen, ya que duró dos semanas y le dedicaron tres largas sesiones, indagando su género de vida y arguyéndole sobre las cuestiones teológicas más debatidas entonces, a todo lo cual respondió con una seguridad y acierto asombrosos. Más aún, pues allí mismo verificó un milagro, ya que le mandaron leer en un breviario las lecciones históricas de Santa Catalina de Sena, que contenían un error histórico y, no viendo lo que tenía ante sus ojos, hizo por tres veces una lectura correcta y exacta. Nada encontraron aquellos doctos y ecuánimes jueces que fuera censurable o erróneo en fray José, por lo que proclamaron su inocencia y sabiduría, pues era evidente que tenía ciencia infusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta gracia gratis data se comprueba mejor en los atestados hechos para el proceso de su canonización. Pero aún hay otro testimonio de más valía, dado por la boca de un pequeñuelo que apenas sabía hablar. Cuando se le presentó su madre al Santo, acaricióle éste, rogándole que repitiera: «Fray José es un pecador, que merece el infierno», y con voz clara el chiquitín dijo: «Fray José es un gran santo, que merece el cielo»...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la fama de tales portentos se dilataba cada vez más, de todas partes acudían al convento donde residía el frailecito de Cupertino, por lo que el padre ministro general de los conventuales, fray Juan B. Berardiceldo, decidió llamarle a su residencia de Roma. Recibióle con cautela y dio órdenes para que se le aposentara en la más apartada celda de aquel convento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo fue en vano. Los éxtasis y los milagros se multiplicaron, y las más altas dignidades eclesiásticas se preocupaban de ver al taumaturgo. Hasta el mismo Papa manifestó deseos de conocerle, y, conducido por el padre ministro general, fue recibido en audiencia particular por el papa Urbano VIII; pero hete aquí que, nada más ver al Vicario de Cristo, se quedó extático fray José y, en suave levitación, permaneció suspenso en el aire por largo rato, hasta que su superior le mandó que descendiera. Al terminar la audiencia, el Papa dijo al general: «Si este fraile muriese durante nuestro pontificado, Nos mismo daríamos testimonio de lo sucedido hoy».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan extraordinario fenómeno místico llegó a ser cosa corriente en la vida de fray José. Parecía como que su mortificada carne estaba ya exenta de las leyes ordinarias de la gravitación y, en cuanto una idea u objeto le recordaba algo divino, sus sentidos se enajenaban y el cuerpo ascendía por los aires, a veces hasta unirse con la imagen, que le atraía como suave imán, pasando por encima de las velas encendidas, sin que sus llamas quemaran el pobre sayal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1639 fue destinado al observante convento de Asís, donde le sobrevinieron graves crisis de aridez espiritual y lúbricas tentaciones, a lo que se juntaron otras penosas enfermedades y humillaciones; pero, cuando su general le volvió a trasladar a Roma en 1644, se le acabaron todas estas pruebas y comenzó otra serie de compensaciones gloriosas, que continuaron después, al retornar a vivir junto al sepulcro de su padre; allí prodigó los milagros, compuso discordias, purificó las costumbres y evitó una sangrienta revuelta, por todo lo cual llegó a merecer que las autoridades y el pueblo le proclamasen hijo adoptivo de aquella histórica ciudad, perla de la Umbría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta serie de éxitos ruidosos despertó otra de nuevas contradicciones y hasta de diabólicas venganzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cierta ocasión, caminando a caballo de uno a otro convento, al pasar por un estrecho puente, la furia infernal espantó a la noble bestia y el jinete cayó al río; pero lo maravilloso fue que fray José salió del agua tranquilamente con el hábito seco. Contaba después este lance con su ordinaria sencillez, diciendo que fue el diablo quien le dio un empujón, exclamando: «¡Muere aquí, fraile hipócrita, abandonado de Dios!»; pero que él le había respondido: «En todo momento quiero esperar en el Señor, que siempre me ayuda, y no habrá quien me haga desconfiar de Él...»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También debió ser otra diabólica trama la nueva persecución, suscitada en Roma contra el Santo de Cupertino. Cuando subió al solio pontificio Inocencio X, decidió acabar de una vez con todas las disputas que había en torno a los hechos portentosos de fray José y, para esclarecer la verdad y evitar posibles amaños, mandó que se le recluyera en el escondido convento capuchino de Petra Rubra, para librar así a los conventuales de calumniosas maledicencias. Todo fue en vano; pues el ambiente aislador se trocó en nueva exaltación, y aquella recóndita casa convirtióse en centro de peregrinación y manantial de prodigios, creciendo más el frenesí de los fieles. Esto motivó un nuevo traslado a Fesonbrone, pero continuaron allí los éxitos del taumaturgo igual que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el cambio de Pontífice, pudieron lograr los conventuales que se permitiera al discutido fraile retornar a vivir entre sus hermanos de la primitiva Orden, y sus superiores le señalaron como residencia claustral a Osimo, en la región de Las Marcas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que llegó a la que iba a ser su última morada, hasta que enfermó en ella el 10 de agosto de 1663, puede decirse que pasó el ocaso de su vida en un continuado y dulcísimo rapto. Hubieron de separarle de la comunidad y señalarle un oratorio interior, para que celebrase con sus extraordinarios fervores el santo sacrificio, que solía durar casi una hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El don de profecía, que había mostrado antes en favor de otros, sirvióle también entonces para conocer la proximidad de su muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preparóse para el trance final con singular fervor, y pidió él mismo que le administrasen los últimos sacramentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque yacía consumido por la fiebre en su pobrísimo lecho, al sentir el toque de la campanilla que anunciaba la proximidad del viático, como impulsado por el resorte de su amor, dio su postrer vuelo para salir, de hinojos sobre el aire, al encuentro de Jesús, exclamando: «¡Oh, véase libre cuanto antes mi alma de la prisión de este cuerpo, para unirse con Vos!»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después entró en suave agonía, fijos los ojos siempre en lo alto y repitiendo el Cupio dissolvi... [cf. Flp 1,23: “Deseo partir y estar con Cristo...”] ¿Qué contemplaría entonces quien durante su vida disfrutó de tan dulcísimos raptos?... ¡Misterios de la vida interior! Sólo sabemos que sus últimas palabras fueron: Monstra te esse Matrem..., del himno a la Virgen Ave, maris stella. Así entregó su espíritu a Dios este fino amante de María el 18 de septiembre de 1663. Aquel perfume milagroso y celestial, que tantas veces había descubierto su presencia en los recovecos de los conventos, se difundió por todas partes y duró en su celda más de trece años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd;"&gt;José María Feraud García, &lt;i&gt;San José de Cupertino, en Año Cristiano, &lt;/i&gt;Tomo III, Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 716-723.&lt;/div&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-8157839851892081897?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/8157839851892081897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=8157839851892081897' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8157839851892081897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8157839851892081897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/san-jose-de-cupertino.html' title='San José de Cupertino'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-QeFG3f4YfrI/TndPlbttriI/AAAAAAAACiQ/Mz-vd1-6d3I/s72-c/jose+de+copertino3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-2662523948511248713</id><published>2011-09-16T19:22:00.000-07:00</published><updated>2011-09-16T19:23:17.017-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Oraciones varias'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Las llagas de San Francisco</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-x_ic4Hvm8Us/TnQECcgC49I/AAAAAAAACiM/FC4SlMS-Aeo/s1600/Francisco+y+la+melod%25C3%25ADa+celestial+3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-x_ic4Hvm8Us/TnQECcgC49I/AAAAAAAACiM/FC4SlMS-Aeo/s400/Francisco+y+la+melod%25C3%25ADa+celestial+3.jpg" width="310" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En el bosque de las hayas puras&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;por un sendero de otoño enrojecido,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;camina Francisco, el corazón herido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en su nostalgia de Dios hecha locura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Locura de un Amor que se ha encendido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el fuego del Espíritu donado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el calvario por un Dios crucificado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;que en su mirada de Amor lo dejó ungido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Ungido con el óleo que consagra,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;con el perfume de la santidad participada,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;con la unción de los profetas derramada&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el corazón abierto que la encarna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En el bosque de las hayas puras&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;camina Francisco agradecido,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;su cuerpo por el ayuno consumido,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;su corazón anclado en la Escritura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En su boca sus salmos preferidos,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en sus oídos la música del cielo,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en sus ojos el brillo del consuelo,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;del paraíso, por Cristo, prometido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En el sendero su pensamiento sumergido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en la pasión que en la cruz se hizo locura,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el Amor de Jesús y su ternura,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en las llagas de su cuerpo envilecido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;El espíritu de Francisco está absorbido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en la Pascua que es centro de la historia,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en la cena que encarna su memoria,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el corazón de Aquel que lo ha elegido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Su oración se hace clamor, pasión y ofrenda,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;contemplación del gólgota escondido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el sol que se oculta enrojecido&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en el sepulcro al que la noche lo encomienda.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Y en la tarde, como un sol ensangrentado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;sangra Francisco su Amor y su locura,&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;florecen en su cuerpo las llagas que aseguran&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;que su camino está, con Él, crucificado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Un serafín de Amor apasionado&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;lo bendice y se enciende su figura&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;y se incendian las estrellas y la luna&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;en la hoguera del Señor resucitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: center;"&gt;Autor: Fray Alejandro R Ferreirós OFMConv&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-2662523948511248713?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/2662523948511248713/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=2662523948511248713' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2662523948511248713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/2662523948511248713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/las-llagas-de-san-francisco.html' title='Las llagas de San Francisco'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-x_ic4Hvm8Us/TnQECcgC49I/AAAAAAAACiM/FC4SlMS-Aeo/s72-c/Francisco+y+la+melod%25C3%25ADa+celestial+3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-7006479697513582918</id><published>2011-09-13T04:16:00.000-07:00</published><updated>2011-09-13T04:16:58.689-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Apolinar Franco, presbítero y mártir</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-uz2-e9ZeI7Y/Tm87hJXDAcI/AAAAAAAACiE/EYv0ip9IC8c/s1600/nagasaki+martires.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-uz2-e9ZeI7Y/Tm87hJXDAcI/AAAAAAAACiE/EYv0ip9IC8c/s400/nagasaki+martires.jpg" width="288" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Apolinar Franco, nació en Aguilar del Campo, en Castilla la Vieja, de padres nobles y virtuosos. Completó sus estudios en la célebre universidad de Salamanca, donde recibió el grado de doctor, y después tomó el hábito franciscano entre los Hermanos Menores. Fue religioso austero y de alta contemplación. Era el predicador más renombrado en Castilla la Vieja, cuando en 1600 obtuvo de sus superiores licencia para partir a las misiones de Filipinas junto con 50 cohermanos suyos. De allí pasó al Japón, donde su celo y su santidad produjeron abundantes frutos apostólicos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el comienzo del shogunado de Tokugawa, en 1614, los shoguns, o jefes supremos, cerraron el Japón a los extranjeros y se aseguraron dos siglos y medio de “bienestar y paz”. Allí vivían medio millón de católicos cuando, en 1614, Useyasu, fundador de la dinastía de Tokugawa, promulgó un decreto que les prohibía practicar su religión y ordenaba bajo pena de muerte que los misioneros abandonaran el país. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de esto, Apolinar Franco permaneció en su puesto, es más, fue nombrado Ministro Provincial del Japón. En 1617 estaba en Nagasaki y supo que en el reino de Omura no había quedado ni un sacerdote, los cristianos eran numerosos y la persecución violentísima. Sin embargo decidió ir entre ellos. Partió vestido con su hábito religioso; a lo largo del viaje predicó públicamente y convirtió a uno de los verdugos del Beato Pedro de la Asunción. Los bonzos, irritados contra el apóstol de Jesús, lo denunciaron al Gobernador quien el 7 de julio de 1617 lo hizo arrestar y poner en prisión en Omura junto con algunos cristianos japoneses. En aquélla prisión pasó cinco años, pero tuvo la fortuna de encontrar carceleros benévolos que le permitieron el contacto con los cristianos. Entre los prisioneros se encontraba uno de sus catequistas, Francisco, quien al saber del arresto del Padre Apolinar, había ido ante el gobernador para reprocharle su crueldad. El gobernador, irritado, lo hizo meter a la cárcel. Allí Fray Apolinar lo recibió como novicio clérigo con el nombre de Fray Francisco de San  Buenaventura. Otro cristiano, Pablo, recibió el hábito con el nombre de Fray Pablo de Santa Clara; otros fueron admitidos a la Tercera Orden Franciscana. La prisión para Fray Apolinar se había convertido en convento, donde se practicaba la vida religiosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era esta una verdadera fraternidad en donde se oraba y se elevaban continuamente las alabanzas a Dios. En los primeros días de septiembre de 1622 los Santos Mártires prisioneros de Omura debieron separarse: veinte fueron enviados a Nagasaki para consumar allí su inmolación con el martirio; ocho permanecieron en Omura junto con el Beato Apolinar Franco. Condenados a ser quemados vivos, fueron ejecutados el 12 de septiembre de 1622. El 7 de julio de 1867 Pío IX beatificó a doscientos cinco de estos mártires, entre ellos al padre Apolinar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de esta persecución, ningún sacerdote, durante doscientos cincuenta años, o sea hasta 1867, ejerció su ministerio en Japón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-7006479697513582918?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/7006479697513582918/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=7006479697513582918' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/7006479697513582918'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/7006479697513582918'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/beato-apolinar-franco-presbitero-y.html' title='Beato Apolinar Franco, presbítero y mártir'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-uz2-e9ZeI7Y/Tm87hJXDAcI/AAAAAAAACiE/EYv0ip9IC8c/s72-c/nagasaki+martires.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1287671618409661586</id><published>2011-09-11T03:44:00.000-07:00</published><updated>2011-09-13T03:54:28.312-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Buenaventura de Barcelona</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Mfyf414CLE8/Tm82QgXBDdI/AAAAAAAACiA/9pO_3bcoBjY/s1600/buenaventura3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-Mfyf414CLE8/Tm82QgXBDdI/AAAAAAAACiA/9pO_3bcoBjY/s400/buenaventura3.jpg" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hermano profeso franciscano. Reformador de la Orden y fundador de casas de retiro. Atendiendo las recomendaciones de su padre, contrajo matrimonio; pero, al quedar pronto viudo, vistió el hábito de los Hermanos Menores, entre los que destacó por su amor a la pobreza y a la vida contemplativa. Fue cocinero y limosnero entre otros quehaceres conventuales, y trató de hace revivir con toda fidelidad y pureza el ideal primitivo de San Francisco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Beato Buenaventura Gran vino al mundo en Riudoms, pueblecito de Cataluña cercano a Tarragona, el 24 de noviembre de 1620. Sus padres eran labradores pobres, pero muy temerosos de Dios. Lo llamaron Miguel Bautista, nombre que mudó más adelante en el convento por el de Buenaventura. Al paso que crecía en edad, sus padres le enseñaban las grandes verdades de nuestra fe, y excitaban en su corazón vivos sentimientos de amor a Dios, al par que una tierna y filial devoción a la Virgen María.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Frecuentó algunos años la escuela del pueblo; después, lo emplearon sus padres en las labores del campo. No obstante sus muchas ocupaciones, el piadoso joven hallaba tiempo para cumplir fielmente los ejercicios devotos que se había impuesto para cada día. Antes y después de la tarea cotidiana, solía entrar en la iglesia a visitar al Señor sacramentado, y muchas veces, sobre todo en la víspera de las fiestas principales, permanecía en oración ante el Santísimo toda la noche.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya en su juventud hubiera deseado Miguel entregarse de todo en todo al Señor en la vida religiosa; pero tales razones alegó su padre para disuadirle, que Miguel se convenció de que Dios le quería todavía en el siglo. Contrajo matrimonio con una doncella muy virtuosa; pero el día de la boda, después de la ceremonia religiosa, se quedó en la iglesia por espacio de largas horas; cuando fueron a buscarle, lo hallaron totalmente absorto en altísima contemplación, y fue menester hacerle volver en sí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ambos esposos determinaron vivir como hermanos guardando virginidad perfecta, y así lo hicieron con la gracia de Dios. A los dieciséis meses de matrimonio, murió la virtuosa compañera de Miguel; antes de morir declaró formalmente a su madre que el Señor le había otorgado la insigne merced de guardar intacta su virginidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Lego franciscano&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rotos ya los lazos que le tenían atado al siglo, partió Miguel de casa con licencia de sus padres, y fue a llamar a las puertas del convento franciscano de San Miguel de Escornalbou. Se echó a los pies del Padre Provincial y le suplicó que lo admitiese como fraile converso. El buen Padre se negó a ello, alegando falta de salud y estudios en el pretendiente. Entonces le dijo Miguel: «Razón tenéis de despedirme; pero al fin y al cabo menester será cumplir lo que el Señor ha determinado». Viendo el Superior su constancia, lo admitió en el convento, donde tomó el hábito el día 14 de julio, entonces fiesta de San Buenaventura, cuyo nombre quiso llevar para merecer la protección del seráfico Doctor franciscano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recién entrado en la religión, dio muestras del celo con que se proponía observar la pobreza de la Orden. Al hallar en el bolsillo cierta moneda que guardaba sin advertirlo, la tiró por la ventana tan lejos como pudo, exclamando: «Maldígame Dios si en los días que me quedan de vida llego a apropiarme semejante moneda».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El fervor de los principios no se desmintió en todo el tiempo de su noviciado. Tanto sus compañeros como los religiosos antiguos le miraban como a modelo. Al año de probación, profesó con los votos religiosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Celo apostólico. Persecuciones del diablo&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los superiores eligieron a fray Buenaventura para que, en compañía de otros religiosos, fuese a fundar en Mora un convento de la Reforma franciscana. En esta nueva residencia llevó el Beato vida todavía más devota y mortificada, a pesar del mucho trabajo que suele acarrear una nueva fundación. Por sus cargos de limosnero y cocinero, tenía trato continuo con el mundo, pero sabía enderezarlo todo a la mayor gloria de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo que más le afligía era ver que el libertinaje se cebaba en poblaciones fieles hasta entonces a su fe y de sanas costumbres. Les llegaba el contagio de los ejércitos franceses que ocuparon Cataluña en el último período de la guerra de los Treinta Años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque mero fraile converso, llevado de celo ardiente, se presentaba sin temor en medio de los concursos y saraos del mundo, y con sus palabras traía al sendero del bien a los extraviados y trocaba en "Magdalenas" a las mayores pecadoras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Casi todos los soldados franceses eran calvinistas. Fray Buenaventura intentó convertirlos, y tuvo la dicha de traer a muchos de ellos al seno de la Iglesia Católica. Notable fue la conversión de uno de los principales jefes de aquel ejército. Cierto día se llegó a él fray Buenaventura en ademán de pedirle limosna. El oficial mandó a su ordenanza que le diese algo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- No es esa limosna la que te pido -exclamó el siervo de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¿Pues qué quieres? -preguntó el hereje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- La limosna que deseo no es para el convento -repuso el fraile-, sino para la salvación de tu alma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No se enojó el oficial con las palabras del fraile; al contrario, habiéndose mostrado hasta entonces rebelde a todas las exhortaciones, ahora oyó los consejos de fray Buenaventura con docilidad y mansedumbre y, movido de la gracia, abjuró de la herejía al poco tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con malos ojos veía el demonio escapársele tantas almas que creía poseer para siempre. Para vengarse del santo fraile, empezó a aparecérsele de noche en figuras espantosas, amenazándole, persiguiéndole y dándole recios golpes y toda suerte de malos tratos. Pero Buenaventura, confiando en el Señor y escudándose en su fe, menospreciaba la violencia del infierno embravecido. «Nada podrás contra mí, espíritu maligno, porque Dios me ampara y defiende», solía decirle al demonio. Con hacer entonces la señal de la santa Cruz e invocar los sagrados nombres de Jesús y María, ahuyentaba a los espíritus infernales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;Éxtasis y milagros&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Frente a las violentas persecuciones del infierno, el Señor solía consolar a Buenaventura con mercedes y dones realmente admirables.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yendo un día de camino, se paró a hablar con algunos amigos y, en la conversación, vinieron a tratar de las glorias de la Virgen María. De repente, apareció el Beato cercado de extraordinario resplandor; se alzó en el aire y recorrió unos cien pasos gritando con toda su fuerza:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¡Virgen Santísima! ¡Virgen Santísima! ¡Viva la Virgen Santísima!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un hecho más maravilloso todavía ocurrió un día de fiesta en la iglesia del convento, donde por mandato del superior explicaba la doctrina a los niños. Mientras hablaba con fervor de los misterios de nuestra fe, miró un instante a un cuadro de la Inmaculada colocado en el altar mayor. Lo mismo fue verlo que lanzarse disparado como una flecha por el aire hasta besar con sus labios el purísimo rostro de la Virgen. Los niños empezaron a gritar asustados; acudieron los frailes y muchísimas personas vecinas de la iglesia, y todos contemplaron admirados aquel éxtasis maravilloso, hasta que el padre superior, para acabar con aquel alboroto de la gente, mandó al Beato que bajase. Al punto obedeció fray Buenaventura; pero extrañado y corrido a vista de la muchedumbre, se retiró a su celda para no oír las voces del pueblo, que le aclamaba ya como a santo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Señor le favoreció asimismo con el don de milagros. Siendo cocinero, dejó un día la comida en el fogón y se fue a la iglesia a hacer una visita corta. Pero, estando allí, quedó arrobado en éxtasis, y se olvidó totalmente de las ollas y del fogón. Entretanto la comida de la comunidad quedó del todo quemada y echada a perder.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¿Qué hacéis, fray Buenaventura? -le dijo el hermano campanero, antes de tocar a comer-; la comida está totalmente quemada, y así tendrán que contentarse hoy los frailes con pan y agua.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- No tema, hermano -repuso humildemente el siervo de Dios-, todo se arreglará. Toque a comer como de costumbre, y el Señor proveerá al sustento de sus siervos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue a tocar el campanero, riéndose para sus adentros de la ingenuidad de fray Buenaventura. Pero, ¡cosa maravillosa!, llevaron al comedor aquellos alimentos carbonizados, y los frailes los hallaron tan exquisitos y en su punto, que declararon no haberlos comido nunca tan sabrosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro día recibió el Beato dos hermosos peces para la comida de los frailes. Se ausentó unos instantes y al volver no halló sino las espinas. Los culpables habían sido los gatitos del convento. Buenaventura los llamó a todos sin enfadarse y, tomando mansamente en sus rodillas al más viejo, le echó un sermoncillo de encantadora sencillez: «¡Ah goloso! -le dijo-; tú, que eres el más viejo y deberías dar buen ejemplo a los gatitos tus compañeros, les enseñas a robar y comerse el pescado de los pobres franciscanos. Mira, no tengo más remedio que castigarte delante de todos tus compañeros para que escarmienten». Diciendo esto, le dio unos golpecitos con la mano, pero con tanta suavidad, que más parecían caricias. Hallábase entonces en la cocina un tal Salmerón; al ver aquella escena, no pudo menos de reírse a carcajada limpia. Pero aquella risa se trocó en admiración cuando al mirar al plato vio, en lugar de las raspas, otros dos peces tan grandes y hermosos como los de antes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una señora llamada Isabel Vila criaba gusanos de seda; pero llegó a faltarle hoja de morera, con lo que temió perder el fruto de su labor. Acudió a fray Buenaventura, y éste fue con ella a ver de qué se trataba. Ante aquellos gusanillos muertos de hambre que levantaban sus cabecitas como pidiendo el sustento de que habían menester, dijo a la señora:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- No os aflijáis, doña Isabel; estos minúsculos hermanitos nuestros están ahora alabando al Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y mirando a los gusanitos les dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- Vaya, hermanos gusanos; puesto que ya no hay hojas que comer, haced vuestros capullos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No en balde les dijo el Beato estas palabras, porque la misma noche hicieron capullos tan grandes y de tan excelente calidad, que la señora logró beneficio mayor que si la hoja no hubiera faltado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salió cierto día a pedir limosna, y advirtió de pronto que el Ebro arrastraba a una mujer con su borriquillo. Ya estaban a punto de perecer ahogados, cuando Buenaventura se fue a ellos andando sobre las aguas, y los trajo a la orilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¡Prodigio, prodigio! -empezaron a gritar los transeúntes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¿A esto llamáis prodigio? -les dijo el Beato; y cándidamente añadió-: La prueba de que no es un milagro, es que todos podéis hacer lo mismo si tenéis fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;En el convento de Tarrasa&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al humilde fray Buenaventura le pareció que no era nada cuanto hasta entonces había hecho en la religión. Pensó reformar su vida, y para ello no vio mejor camino que fundar un convento donde se observase rigurosamente la primitiva Regla de San Francisco. Un día estaba el Beato suplicando a la Virgen María que le diese a conocer cuál era la voluntad divina. La Reina del cielo se le apareció entonces y le dijo:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- Buscas, hijo, cómo fundar un convento de la perfecta observancia. Yo te lo diré. Parte para Roma. Allí quiere Dios fundar por tu medio un Instituto más austero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquel mismo día se le apareció Nuestro Señor, y le volvió a decir que partiese para Roma, donde podría llevar a efecto la reforma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Manifestó Buenaventura a sus superiores la orden celestial y, como era modelo de obediencia, aguardó con sosiego que le llegase la licencia de embarcarse para Italia. Mucho le costó al padre Provincial dar el permiso, porque no quería perder un fraile tan virtuoso; y así, en vez de dejarle ir a Roma, lo envió como limosnero al convento de Tarrasa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquí tuvo ocasión de desplegar todo su celo. Cierto día se llegó hasta el puerto de la cercana ciudad de Barcelona. Entró en una galera y, al ver a los cautivos moros que hacían de remeros, movióse a compasión. Empezó a hablarles, y lo hizo con tanta mansedumbre y caridad, que todos ellos, movidos y persuadidos con las palabras de Buenaventura, acabaron pidiendo el bautismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Finalmente, le dieron licencia para embarcarse. Pronto cundió la noticia por Tarrasa y sus alrededores, y se afligieron sobremanera todas aquellas gentes. Llegó el día del embarco, y entonces se vio cuánto apreciaban todos al humilde fraile limosnero; porque al llegar al puerto, fue tal la aglomeración de gente que cercó a fray Buenaventura, que no podía dar un paso. Esta demostración popular le conmovió vivamente. «Hermanos míos -les dijo-, si no fuera porque así lo quiere el Señor, nunca me separaría de vosotros. Ofrezcámosle todos el sacrificio de nuestra propia voluntad». Diciendo esto, se levantó en el aire, donde permaneció suspendido una hora a vista de la gente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entendieron con este prodigio que no debían oponerse más tiempo a que se embarcase el siervo de Dios y, en cuanto hubo bajado al suelo, se apartaron y le dejaron libre el paso. En medio de las lágrimas y gemidos de los presentes, entró Buenaventura en un navío que se hacía a la vela con rumbo a Italia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Reformador y apóstol. Su muerte&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A punto estuvo el navío de caer en manos de los holandeses, enemigos entonces de España. El Beato lo salvó milagrosamente, porque con el Santo Cristo en la mano gritó a los perseguidores que se acercaban:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- Deteneos, enemigos de nuestra fe, y no os acerquéis más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al punto se levantó un viento huracanado que barrió lejos los cuatro grandes veleros holandeses, y empujó al navío español hacia las costas italianas. También sosegó una furiosa tempestad con sólo una palabra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desembarcó en Génova, y prosiguió a pie hasta Roma, pasando por Loreto y Asís. Primero se hospedó en el convento de Ara Coeli. De allí pasó al de San Mauricio, con el cargo de limosnero. Pero, a poco de llegar, se ganó de tal manera el aprecio de las gentes, que en tropel acudían a verle, lo que determinó a los superiores a enviarle a Capránica (Viterbo). Aquí premió el Señor la obediencia de su siervo, permitiendo que la sagrada Hostia volase de los dedos del sacerdote a los labios del Beato después del Dómine non sum dignus.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noticia de este milagro llegó hasta Roma. Los cardenales Facchinetti y Barberini -este último protector de la Orden-, con intento de asegurarse del hecho y estudiar de cerca el espíritu del Beato, le hicieron ir al convento de San Isidoro, en Roma, del que fue cocinero. Los dos príncipes de la Iglesia acudieron a verle, hablaron con él largo rato y quedaron convencidos de la eminente santidad del humilde lego franciscano. A menudo iban a verle o le llamaban a palacio. Estas amistades fueron de gran provecho a Buenaventura para llevar a efecto la anhelada Reforma.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Merced a la intervención de tan poderosos protectores, tuvo el humilde fraile una larga entrevista con el Sumo Pontífice Alejandro VII, el cual, maravillado de que un hermano lego le hablase con elocuencia tan extraordinaria, encargó al cardenal Barberini que apresurase la ejecución de aquella empresa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El cardenal llamó a Buenaventura. Le dijo que redactase una súplica a la Congregación de Obispos y Regulares, y el mismo prelado la presentó a los Padres, que la aprobaron. Alejandro VII sancionó, el 8 de marzo de 1662, la fundación de la Reforma, y el Capítulo provincial franciscano celebrado en Roma aquel mismo año cedió al Beato y a sus compañeros el convento de Santa María de las Gracias, sito en Ponticelli (Rieti).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quince religiosos, entre padres y hermanos legos, acudieron al llamamiento de fray Buenaventura. Su vida fue copia de la del santo Fundador; ni almacenaban provisiones, ni aceptaban estipendios por la predicación, misas u otros ejercicios del santo ministerio, y se contentaban con lo que la Providencia les enviaba por mano de los bienhechores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Buenaventura no aceptó el cargo de superior sino por imposición del cardenal Barberini; y por cierto que lo ejerció con vigilancia, prudencia y caridad tales, que todos se hacían lenguas ensalzando las virtudes de su amado Guardián.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- ¿Dónde habéis estudiado, fray Buenaventura? -le preguntó cierto día un hermano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- En las llagas de Jesucristo -le contestó el Beato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tanto prosperó la Reforma, que fue menester fundar otros conventos para recibir a los muchos que deseaban entrar en ella. El más famoso fue el de Roma, en el Palatino, llamado convento de San Buenaventura, fundado el 8 de diciembre de 1677 con veinticinco frailes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante su estancia en Roma, fue este santo y humilde religioso otro San Felipe Neri. Solía enviar a los padres a dar misiones en todas las iglesias de la ciudad y parroquias vecinas. Enseñaba la doctrina a los niños en el portal del convento; visitaba a los enfermos en los hospitales, y a muchos los curaba milagrosamente con sólo rezar por ellos. Por eso, cuando alguien caía enfermo, solían decir: «Llamemos a fray Buenaventura»; y también: «Llevémosle a fray Buenaventura».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Le agradaba sobremanera dar limosna a los pobres. Quería que cada mañana se les repartiese abundante sopa; cuando los mendigos eran más numerosos, las provisiones se multiplicaban milagrosamente en las manos del Beato. Cierto día que volvía al convento llevando a cuestas el pan de la comunidad, se vio cercado de tantos pobres, que se le llevaron todo el pan.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;--Señor -dijo entonces fray Buenaventura-, así como yo atiendo a las necesidades de vuestros pobres, Vos proveeréis a las de mis frailes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y así fue, porque, al llegar al convento, el cesto se halló lleno de tanto y mejor pan que antes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al conde Tomás Barberini le predijo que tendría pronto un heredero, como así sucedió el mismo año; y al cardenal Francisco Barberini le libró de gravísimo peligro, porque, a pesar de cierta prohibición, entró el Beato en el aposento del prelado y, para despedirse, le acompañó el cardenal hasta la puerta de palacio; y no bien habían salido del aposento, se derrumbó el techo del mismo estrepitosamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Llegó el Beato a la edad de sesenta y cuatro años. Previendo ya su próximo fin, solía repetir amorosamente: «¡Paraíso, paraíso! ». El 15 de agosto de 1684, le sobrevino una recia calentura. Los médicos esperaban vencerla, pero Buenaventura aseguraba que no sanaría. El 11 de septiembre recibió los santos Sacramentos con admirable devoción, bendijo a los frailes, y fue arrebatado al éxtasis eterno de la vida perdurable.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Sumo Pontífice Pío X beatificó a fray Buenaventura Gran de Barcelona el 10 de junio del año 1906.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: justify;"&gt;[Beato Buenaventura de Barcelona, en El Santo de cada día, tomo V. Zaragoza, Editorial Luis Vives, 1955, pp. 111-119]&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;El Beato Buenaventura de Barcelona y los Retiros&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No ha de creerse que la reacción franciscana contra las varias herejías del siglo XVII sea solamente de orden intelectual; es también, como en los demás siglos, en el XVI sobre todo, interiormente expiadora. También en este siglo siente el Franciscanismo la necesidad de entrar dentro de sí y volver sobre sí para reformarse. Que desgraciadamente nace de la naturaleza misma de las cosas humanas que el fervor religioso se entibie si no lo estimulan hombres santos. Y he aquí, a diez lustros de distancia de la Reforma franciscana, un movimiento de recogimiento y penitencia en el corazón de la Reforma misma, en gran parte suscitado por un pobre lego, el Beato Buenaventura de Barcelona, el cual, primero en su patria, España, luego peregrino a Asís, en el conventillo de San Damián, inspirador y punto de partida de tantas empresas franciscanas, escuchó el gran mandato: «Ve a Roma a regocijar mi casa». Fray Buenaventura se detuvo en Fontecolombo, y allí, donde San Francisco había escrito la Regla, extendió un memorial suplicando a Alejandro VII concediese la fundación de un retiro, o sea, de un convento donde los frailes pudiesen observar la Regla sine glossa, sujetándose a la obediencia del guardián, del provincial y de los superiores generales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aun cuando los retiros no eran una novedad en la Orden, fray Buenaventura tuvo que esperar un lapso de tiempo, haciendo oficio de portero en San Isidoro y en Capránica, entre los recoletos irlandeses, antes de ver realizado su sueño. Por fin el cardenal Barberini, que le consideraba un santo, en 1662 escribió en su favor una carta a la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares pidiendo un humilde convento, de los más retirados y escondidos, donde con algunos compañeros fray Buenaventura pudiera guardar la Regla en todo su rigor. En atención a tan alto medianero obtuvo el convento de Santa María de las Gracias de Ponticelli, adonde se retiró con quince compañeros, sujetos a la obediencia del ministro de la Provincia Romana de la Reforma. Tuvo después la dicha de instituir los retiros de Sant'Angelo di Montorio Romano; de San Cosimato, junto a Vicovaro; de San Buenaventura, en el Palatino, nido de pobreza santa entre las ruinas del imperio más poderoso del mundo. Los retiros lograron gran incremento después que el Capítulo general de Araceli, en 1664, estableció que cada provincia tuviese los suyos. La eficacia de estas casas de austera virtud fue pronto puesta de manifiesto por hombres como San Carlos de Sezze. Este pastor de las lagunas pontinas, llamado desde niño a la vida franciscana, santificó los humildes oficios de hortelano, de cocinero, de sacristán, de mendicante en la llama de la caridad, y alcanzó un alto grado de sabiduría mística, llegando a escribir obras notables, como las Tre vie, Il sacro Settenario, los Discorsi sulla vita di Gesú Cristo. En el siglo siguiente, los retiros dieron aquellos grandes santos que se llamaron Teófilo de Corte y Leonardo de Porto Maurizio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: justify;"&gt;[A. Gemelli, El Franciscanismo. Barcelona, Luis Gili Editor, 1940, págs. 200-201]&lt;/div&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1287671618409661586?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1287671618409661586/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1287671618409661586' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1287671618409661586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1287671618409661586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/beato-buenaventura-de-barcelona.html' title='Beato Buenaventura de Barcelona'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Mfyf414CLE8/Tm82QgXBDdI/AAAAAAAACiA/9pO_3bcoBjY/s72-c/buenaventura3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-6984136428346396743</id><published>2011-09-07T06:13:00.000-07:00</published><updated>2011-09-10T06:17:26.108-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Peregrino de Falerone, Beato</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-nRUZJpJiHjM/TmtifzGTtiI/AAAAAAAACh8/7NpOLDYWPfw/s1600/falerone.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-nRUZJpJiHjM/TmtifzGTtiI/AAAAAAAACh8/7NpOLDYWPfw/s320/falerone.JPG" width="274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd;"&gt;Religioso y discípulo de San Francisco, de la Primera Orden. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Peregrino no era ciertamente un ignorante. Hijo de una familia noble y rica, oriundo de Falerone, diócesis de Fermo, hoy provincia de Ascoli Piceno; una ciudad de las Marcas que trae el nombre de la destruida ciudad romana Faleria, en el valle de Tenna, entre Amandola y Monte Giorgio. En Bolonia había estudiado filosofía y derecho canónico, y era profundamente versado en las ciencias sagradas y profanas. Sin embargo, cuando Peregrino se presentó a San Francisco, oyó que le decía: “Tú servirás a Dios en la humilde condición de hermano religioso y te aplicarás sobre todo a la práctica de la humildad”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Peregrino tomó la profecía de San Francisco como un mandato, y durante toda su vida quiso permanecer en la modesta condición de religioso hermano, entregado a los servicios más humildes y a menudo oculto en los conventos más pobres y escondidos. Según decir de Fray Bernardo de Quintaval, fue, entre los primeros discípulos de San Francisco, uno de los religiosos más ejemplares.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inflamado en sagrado fervor, buscó el martirio a manos de los infieles, y como el mismo San Francisco, pasó el mar para ir a Tierra Santa en medio de los musulmanes. El martirio a manos de los mahometanos, considerados entonces como los “matacristianos” por antonomasia, era con frecuencia la devota aspiración de muchos hermanos. En realidad y en circunstancias normales los árabes, especialmente en Tierra Santa, eran tolerantes y respetuosos para con los huéspedes cristianos, y más con los misioneros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el caso de Peregrino, más bien faltó poco para que naciera a su alrededor la veneración precisamente por parte de los musulmanes. Y no podía ser de otro modo, frente a aquel frailecito descalzo que visitaba los lugares santos con el libro de los evangelios en la mano, esparciendo en todas partes a raudales lágrimas de compasión y piedad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vuelto a Italia, Peregrino de Falerone volvió a esconderse en los lugares más ocultos y en los conventos más alejados. Pero por más que se hiciera pequeño y humilde, la luz de su santidad resplandecía aun desde debajo del celemín y destellaba en el brillo de los milagros que se le atribuyeron en vida. En los últimos años de su vida, todavía joven, vivió en el convento de San Severino Marcas y allí murió en 1233. Sepultado en la iglesia de los Cistercienses, La Madonna de las Luces. Nuevos milagros acaecidos en su sepulcro, hicieron aún más amado y venerado su recuerdo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-6984136428346396743?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/6984136428346396743/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=6984136428346396743' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6984136428346396743'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6984136428346396743'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/peregrino-de-falerone-beato.html' title='Peregrino de Falerone, Beato'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-nRUZJpJiHjM/TmtifzGTtiI/AAAAAAAACh8/7NpOLDYWPfw/s72-c/falerone.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1483846479468740183</id><published>2011-09-06T05:26:00.000-07:00</published><updated>2011-09-10T06:04:26.924-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beato Liberato de Loro Piceno</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-vR96k0msbUs/Tmtfq2VnkPI/AAAAAAAACh4/miPghv47sQY/s1600/loro+piceno.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-vR96k0msbUs/Tmtfq2VnkPI/AAAAAAAACh4/miPghv47sQY/s400/loro+piceno.jpg" width="326" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Sacerdote de la Primera Orden (1214‑1258). Pío IX el 26 de septiembre de 1868 concedió oficio y misa en su honor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Liberato nació en Loro Piceno, provincia de Macerata, en las Marcas. Pertenecía a la familia Brunforte. Vistió el hábito franciscano en Soffiano, lugar solitario en los alrededores de Sarnano, donde todavía hoy se ven los restos de un antiguo pequeño convento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hacia 1234 el joven Liberato guiado por el Espíritu Santo, renunció al condado que le había sido asignado por su tío Fidesmido y lo traspasó a su hermano Gualterio, y escogió para vivir el convento de Roccabruna, en la arquidiócesis de Urbino. Consagrado sacerdote y deseoso de consagrar la vida a la penitencia y a la contemplación se retiró al eremitorio de Soffiano, no lejos del castillo de Brunforte, donde su vida fue más celestial que terrena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las “Florecillas de San Francisco” nos refieren algunos detalles de su vida: “En el eremitorio de Soffiano hubo antiguamente un hermano menor (Liberato de Loro Piceno) de tan gran santidad y gracia, que parecía totalmente endiosado; frecuentemente estaba arrobado en Dios. Y sucedía que, mientras se hallaba todo elevado en Dios, porque poseía en grado notable la gracia de la contemplación, venían a él los pájaros de toda especie y se posaban confiadamente en sus hombros, cabeza, brazos y manos, poniéndose a cantar maravillosamente. El era muy amante de la soledad y raras veces hablaba; pero, cuando le preguntaban alguna cosa, respondía con tal gracia y sabiduría, que más parecía ángel que hombre; y vivía muy entregado a la oración y a la contemplación. Los hermanos le profesaban gran reverencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al final de su virtuosa vida, tenía unos 45 años, este hermano cayó enfermo de muerte por divina disposición, hasta el punto de no poder tomar nada; por otro lado, él rehusaba recibir medicina alguna terrena, y ponía toda su confianza en el médico celestial, Jesucristo bendito, y en su bendita Madre, de la cual mereció, por la divina clemencia, ser milagrosamente visitado y consolado. Porque, hallándose en cama, preparándose para la muerte con todo el corazón y con la mayor devoción, se le apareció la gloriosa Virgen María, rodeada de gran muchedumbre de ángeles y de santas vírgenes, en medio de maravilloso resplandor, y se acercó a su cama. Al verla, él experimentó gran consuelo y alegría de alma y de cuerpo, y comenzó a suplicarle humildemente que rogara a su amado Hijo que, por sus méritos, lo sacara de la prisión de esta carne miserable. Y como prosiguiera en esta súplica con muchas lágrimas, le respondió la Virgen María llamándolo con su nombre: ‘No temas, hijo, que tu oración ha sido escuchada, y yo he venido para confortarte antes de tu partida de esta vida’”. El 6 de septiembre de 1258 serenamente pasó de esta vida a la eterna bienaventuranza.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1483846479468740183?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1483846479468740183/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1483846479468740183' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1483846479468740183'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1483846479468740183'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/beato-liberato-de-loro-piceno.html' title='Beato Liberato de Loro Piceno'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-vR96k0msbUs/Tmtfq2VnkPI/AAAAAAAACh4/miPghv47sQY/s72-c/loro+piceno.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-5455723075525771838</id><published>2011-09-04T07:09:00.000-07:00</published><updated>2011-09-05T07:15:37.739-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Santa Rosa de Viterbo</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8DSGH6iRBeM/TmTZEVkoa4I/AAAAAAAACho/YKN4N8Qxk9g/s1600/rosa+viterbo.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-8DSGH6iRBeM/TmTZEVkoa4I/AAAAAAAACho/YKN4N8Qxk9g/s400/rosa+viterbo.jpg" width="283" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Gertrudis von le Fort ha escrito que &lt;b&gt;la verdadera genialidad de la mujer se encuentra en lo religioso&lt;/b&gt;, y que el mundo profano no ha dado a la historia nombres comparables a Juana de Arco o a Catalina de Sena. Rosa de Viterbo se halla en la línea de lo genial en el mundo religioso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El barrio gótico de Viterbo es uno de los lugares más evocadores de la Edad Media. Cuando se habla de aquella época hay que evitar dos escollos: o considerarla como la edad ideal del cristianismo, a fijarse sólo en sus defectos, que los tuvo. Sin embargo, prevalecen los aspectos positivos. En ninguna otra edad de la historia se dejó sentir tan intensamente el influjo del cristianismo en la vida pública y privada, política y social, cultural y artística. Un verdadero y sentido universalismo unió a los pueblos bajo la dirección del Papa y del emperador. Todos tenían fe, y se sujetaban gustosos al magisterio de la Iglesia, no faltando, naturalmente, las excepciones. ¿Qué otro tiempo puede gloriarse de creaciones como las universidades, las catedrales, las cruzadas, la Suma de Santo Tomás y la Divina Comedia de Dante? Los héroes que se llevaban las simpatías de todos eran los santos. Santos del calibre de un Tomás de Aquino, de un Domingo, de un Francisco de Asís.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosa nació en Viterbo en 1235. Viterbo formaba parte entonces del patrimonio de San Pedro. En 1216 había muerto Inocencio III, a quien se ha llamado el Augusto del pontificado. Con él se llegó a la cúspide de la autoridad de la Iglesia sobre el mundo. Pero, a su muerte, el emperador Federico II estuvo en lucha constante con los papas Gregorio IX e Inocencio IV. De la lucha salieron debilitados los dos poderes, el imperial y el pontificio. Se acercaban días malos para la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los padres de Rosa eran pobres y excelentes cristianos. Ya en su más tierna infancia todos se dieron cuenta de que Dios tenía grandes planes sobre ella. De verdad que es asombrosa la mezcla de lo natural y de lo sobrenatural en su vida. En vez de entregarse a los juegos propios de su edad, se pasaba largos ratos ante las imágenes de los santos, especialmente si eran imágenes de la Virgen Santísima. Impresionaba la atención con que oía a sus padres cuando hablaban de cosas de Dios. Desde muy pequeña sintió ansias de vivir en soledad, ansias que casi nunca se realizaron del todo. Y siempre fue una enamorada de la penitencia. Los viterbianos se avezaron a ver por sus calles a una niña, que iba siempre descalza y con los cabellos en desorden. Grandes eran sus austeridades en la comida, llegando a pasarse días enteros con un poco de pan. Pan que muchas veces iba a parar a la boca de los pobres, otra de sus santas debilidades. Corría tras los pobres y con cariño inmenso les ofrecía todo cuanto tenía. Si fuera de su casa era caritativa, es fácil imaginar el respeto y amor con que mimaba a sus padres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Viterbo había un convento de religiosas, llamado de San Damián. A sus puertas llamó nuestra heroína, pero inútilmente, porque era pobre y porque era niña. Entonces decide convertir su casa en un claustro. Allí se excedía santamente en las penitencias corporales, llegando a disciplinarse hasta perder el conocimiento. Los de su casa intentan apartarla del camino emprendido, pero es tanta la gracia humano-divina que se refleja en toda su persona, que convence a todos. Y las horas de oración se sucedían sin interrupción en su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los ocho años, víctima de sus penitencias, contrae una gravísima enfermedad, que dura quince meses. Fue milagrosamente curada por la Santísima Virgen, quien le mandó tomar el hábito de la Tercera Orden de San Francisco, hábito que recibió en la iglesia de Santa María. Aquel día empezó su vida de apóstol. Al salir de la iglesia predicó con tal fervor sobre la pasión de Nuestro Señor Jesucristo y los pecados de los hombres, que todos se volvieron compungidos a sus casas, mientras ella regresaba gustosa a su soledad. Día tras día toda la ciudad, atónita, oyó sus predicaciones. Difícilmente comprendemos hoy el ardor con que las multitudes medievales iban tras el predicador de la palabra de Dios, las conversiones, las públicas reconciliaciones que provocaba, por ejemplo, un San Antonio de Padua. Y si el predicador resultaba ser una niña de pocos años...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No faltaron las contradicciones ni las penas. Los partidarios de Federico II, enemigos de la Santa Sede, en seguida la hicieron objeto de sus ataques. Tras las mofas y las calumnias vino el destierro. Todo ello sirvió para demostrar el temple de aquella niña, quien, como los apóstoles en otro tiempo, dijo que no podía dejar de predicar la divina palabra. Y la Providencia se valió de la malicia de sus perseguidores para que la semilla de la verdad fructificara en otras partes. Con sus padres tuvo que salir de noche de Viterbo, mientras la nieve barría los caminos. Agotados por el cansancio y el sufrimiento, llegaron al día siguiente al pueblo de Soriano. Sin embargo, todos los sufrimientos físicos se desvanecieron ante el dolor de su alma por la disolución moral de aquellas gentes. Allí continúa predicando, y su predicación se convierte, al cabo de algunos meses, en abundantes conversiones. Acuden también a oírla hombres y mujeres de los pueblos vecinos. A sus oyentes un día les anunció la muerte de Federico II, ocurrida en Fiorentino de Puglia el 13 de diciembre de 1250. Al fin de su vida el emperador se reconcilió con la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-oky-T1NiIgA/TmTZV9Q_vsI/AAAAAAAAChs/4KqwmybV_Tg/s1600/Beata_Rosa_da_Viterbo_G.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-oky-T1NiIgA/TmTZV9Q_vsI/AAAAAAAAChs/4KqwmybV_Tg/s320/Beata_Rosa_da_Viterbo_G.jpg" width="276" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y los pueblos de Vitorchiano, Orvieto, Acquapendente, Montefalcone y Corneto, oyeron, extrañados y al fin convencidos, la voz de aquella niña que atraía con su sola presencia, y que, si era preciso, confirmaba su predicación con milagros. Uno de los defectos que se achacan, con razón, a la Edad Media es la excesiva credulidad con que admitía los hechos extraordinarios. Hoy los biógrafos de nuestra Santa rechazan algunos de los milagros que se le atribuyeron, pero sin duda ninguna que hizo grandes milagros, porque de otro modo no se explica la polvareda espiritual que su paso levantó por todas partes. Su vida entera era un milagro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los dieciocho meses de haber salido de su pueblo natal pudo regresar a él, después de la muerte de Federico II. El pueblo entero salió a recibir a la mujer extraordinaria, contentos todos de recuperar aquel tesoro, que ahora apreciaban más después de haberlo perdido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A pesar de sus triunfos apostólicos, su alma deseaba la soledad, para entregarse más decididamente a la oración y a la penitencia. Es la constante historia de todos los verdaderos apóstoles. San Bernardo había escrito poco tiempo antes que el apóstol debe ser concha y no simple canal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por segunda vez intenta entrar en un convento. Esta vez el monasterio lleva el bonito nombre de Santa María de las Rosas. Pero por segunda vez se le cierran las puertas del claustro. Dios no la destinaba a la vida religiosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y por consejo de su confesor, Pedro de Capotosti, decide de nuevo convertir su casa en el claustro soñado; esta vez, sin embargo, tendrá que preocuparse de la santificación de otras almas. Algunas amigas suyas de Viterbo se unen a ella para guardar silencio, cantar salmos y oír sus exhortaciones espirituales. Ante la constante afluencia de nuevas jóvenes, el confesor de Rosa les compra un terreno cerca de Santa María de las Rosas. Allí floreció una comunidad que tomó la regla de la Orden Tercera de San Francisco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De nuevo las humanas pequeñeces estorbaron la obra de Dios. Inocencio IV suprimió la obra, a indicación de las monjas de San Damián.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El biógrafo de San Francisco de Asís, Tomás de Celano, dice que «cantando recibió la muerte». Un canto de alegría fue también la muerte de Rosa. Gastada prematuramente por las penitencias y el apostolado, se preparó para salir al encuentro del Esposo de las vírgenes. Al recibir el viático quedó largo rato en altísima contemplación. Cuando volvió en sí se le administró la extremaunción. Pidió perdón a Dios de todos sus pecados y se despidió de sus familiares con la exquisita caridad de siempre. Jesús, María, fueron sus últimas palabras. Tenía diecisiete años y diez meses.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede fácilmente imaginarse el dolor de los viterbianos. ¡Había sido tan rápido su paso sobre la tierra! Su cuerpo, que despedía un perfume muy agradable, fue sepultado en Santa María.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Inocencio IV inició su proceso de canonización, pero la muerte le impidió terminarlo. Entonces nuestra Santa se aparece a Alejandro IV, que a la sazón se hallaba en Viterbo, y le indica que traslade su cuerpo a la iglesia de San Damián. Se organizó una magnífica procesión, presidida por el Papa, a quien acompañaban cuatro cardenales, para el traslado de sus reliquias a la iglesia aludida. Desde entonces el monasterio se llama de Santa Rosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nicolás V ordenó al consejo de la villa de Viterbo que en la precesión de la Candelaria tres cirios de cera blanca recordaran a todos la luz de su apostolado, su amor a Dios y a los hombres, y su blancura virginal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Calixto III la colocó en el catálogo de los santos. Desde su muerte, el lugar que guarda su cuerpo incorrupto ha sido centro de constantes peregrinaciones. En 1357 ocurrió en Viterbo un gran milagro. Quedó reducida a cenizas la capilla que guardaba sus reliquias, y se quemó la caja que las contenía; el cuerpo santo sólo cambió un poco de color.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque su muerte ocurrió el día 6 de marzo de 1252, su fiesta se celebra el día 4 de septiembre, por ser el aniversario de la solemne traslación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De le representa recibiendo la sagrada comunión junto a un altar, y viendo en sueños los instrumentos de la pasión de Nuestro Señor Jesucristo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿La lección de Rosa? Yo diría que es una lección de sobrenaturalismo. Nuestro siglo XX, escéptico ante lo extraordinario, y excesivamente enamorado de lo humano, conviene recuerde que Dios tiene marcada preferencia por servirse de instrumentos inadecuados para obtener sus victorias. Sobre todo deberían recordar frecuentemente la vida y la obra de Rosa de Viterbo todos los que se dedican al apostolado.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;José María Cases, &lt;i&gt;Santa Rosa de Viterbo, Virgen, en Año Cristiano&lt;/i&gt;, Tomo I, Madrid, Ed. Católica (BAC 182), 1959, pp. 510-515.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-5455723075525771838?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/5455723075525771838/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=5455723075525771838' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/5455723075525771838'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/5455723075525771838'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/santa-rosa-de-viterbo.html' title='Santa Rosa de Viterbo'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-8DSGH6iRBeM/TmTZEVkoa4I/AAAAAAAACho/YKN4N8Qxk9g/s72-c/rosa+viterbo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-8468561787568948246</id><published>2011-09-02T07:03:00.000-07:00</published><updated>2011-09-05T07:16:16.477-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Apolinar Morel de Posat, Beato</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-ncHx-WlojAk/TmTWkarNz3I/AAAAAAAAChk/WgybY0A2yE8/s1600/apolinar.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-ncHx-WlojAk/TmTWkarNz3I/AAAAAAAAChk/WgybY0A2yE8/s320/apolinar.jpg" width="225" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: justify;"&gt;El 17 de octubre de 1926, Pío XI beatificó a 191 mártires de la Revolución Francesa, víctimas en París de las masacres de septiembre de 1792. Tres de esos mártires pertenecen a la familia franciscana: Juan Francisco Burté, conventual, Apolinar de Posat, capuchino, y Severino Girault, terciario regular. Apolinar nació en 1739 cerca de Friburgo de Suiza. Se educó en los jesuitas, y a los 23 años entró en los capuchinos. Ordenado de sacerdote en 1764, se dedicó con fervor y entrega al apostolado y a las misiones populares; además, lo nombraron maestro y profesor de sus estudiantes de teología. A pesar de la santidad de su vida y acción, tuvo que sufrir injustas acusaciones de herejía e inmoralidad. Destinado a Siria como misionero, fue a París en 1788 para instruirse en la lengua y cultura asiática. En la capital francesa ejerció también el apostolado, un tiempo clandestino, dedicado en particular a los alemanes. Por negarse a firmar la Constitución civil del Clero, impuesta por la Revolución, fue encerrado en el convento de los Carmelitas de París el 14 de agosto de 1792, y asesinado el 2 de septiembre del mismo año.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;BEATO APOLINAR DE POSAT&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;por Prudencio de Salvatierra, o.f.m.cap.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pocas veces ha recogido la Iglesia Católica mayor número de palmas y laureles que durante los días calamitosos de la Revolución Francesa. Los corifeos de la impiedad, al perseguir y sacrificar en las aras de la fe a incontables víctimas, creyeron que el catolicismo sufriría un golpe decisivo, mortal; pero sucedió precisamente todo lo contrario. La Iglesia de Cristo sale siempre de los combates más fuerte y más gloriosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquellos torrentes de sangre cristiana vinieron a hermosear, como en los tiempos de Diocleciano y de Nerón y de otros perseguidores, la diadema triunfal de la Iglesia. El año 1926, el Sumo Pontífice Pío XI puso su sello de inmortalidad sobre los restos casi olvidados de ciento noventa y un mártires de París, elevándolos en masa al honor de los altares. Hoy nadie se acuerda ya de los ridículos así llamados «derechos del hombre», que no eran otra cosa que un burdo insulto a la libertad humana y una máscara para disfrazar pasiones y odios inconfesables. En cambio, las víctimas de la bárbara persecución brillan con nuevas luces y proyectan vivos resplandores sobre la Historia, atrayendo las miradas de todos los espíritus nobles y el homenaje de todos los cristianos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La cosecha de aquellos días fue muy abundante; y los frutos maduros que Dios recogió en sus trojes eternas no tienen número, y algunos tampoco tienen historia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La matanza llevada a cabo en París en los primeros días de septiembre de 1792 fue un capítulo de tal ferocidad y de tal magnitud, como pocas veces ha presenciado el mundo. Más de mil trescientas víctimas, según cálculos aproximados, pagaron con su sangre, sólo en París, el delito de sostener los principios católicos con energía y con amor. Las cárceles de la Abadía de San Germán, La Force, Le Châtelet, El Carmen, San Fermín, La Salpêtrière y otras muchas quedaron llenas de cadáveres. Pero la Commune de París no se contentó con enrojecer de sangre las prisiones de la capital; por medio de una infame proclama circular, los asesinos llevaron su satánico furor a muchas otras ciudades y campos de Francia, y el suelo de la patria quedó sembrado de cruces y de coronas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre los mártires de París beatificados, había un capuchino, el Padre Apolinar de Posat, simpática figura de noble continente y de rasgos propios e inconfundibles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El martirio del Beato Apolinar nos era casi desconocido. Escaseaban los documentos que orientan al historiador, faltaban los datos que le iluminan y le guían. El mártir capuchino era uno de tantos, entre el numeroso conjunto de héroes de aquellos días alborotados y siniestros. La última etapa de su vida, la más interesante y la más gloriosa, era conocida únicamente de Dios, que penetra el interior de cada una de sus criaturas. Las modernas investigaciones y el hallazgo providencial de los documentos oficiales, han venido a derramar un haz de brillante luz sobre todos los puntos oscuros de la tragedia. Tenemos además un precioso legajo de cartas del Padre Apolinar, conservadas afortunadamente a través de muchos años de polvo y de olvido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los mártires del Carmen de París, capitaneados por el santo arzobispo de Arles, Monseñor Juan María de Lau, fueron asesinados sin más formalidades que un simulacro de juicio y una sentencia premeditada. En el mismo caso se encuentran las víctimas que cayeron bajo el puñal sectario en las numerosas cárceles de Francia. Hoy la Historia va descubriendo y glorificando los nombres de aquellos valientes confesores de la fe católica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestro Padre Apolinar nació en 1739 en el pueblecito suizo de Préz-vers-Noréaz, del cantón de Friburgo. En el bautismo recibió el nombre de Juan Jacobo. Juan Morel e Isabel Maître fueron sus padres, honrados y piadosos. El nombre de Posat que lleva nuestro santo le vino del pueblo originario de su familia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su infancia fue un continuo progreso en la virtud y en los estudios. Debía poseer una memoria envidiable, pues conocemos sus brillantes notas en los exámenes de Literatura y Lenguas y en otras ciencias de aquellos años juveniles.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el célebre colegio «San Miguel», de los jesuitas de Friburgo, fundado por San Pedro Canisio, cursó la Filosofía con tanto aprovechamiento, que su maestro le señaló para que sostuviera públicamente una tesis de especial importancia. Juan Jacobo Morel cosechó, en aquella ocasión, los primeros laureles de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al mismo tiempo, el joven estudiante daba señales inequívocas de una sólida y bien cimentada virtud: sus costumbres angelicales, sus palabras siempre bondadosas y castas, su humildad y su fervor religioso hacían de él un estudiante de cualidades superiores, ejemplo vivo de perfecta conducta cristiana para todos sus condiscípulos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los profesores de Friburgo estaban orgullosos de Morel, y felicitaban frecuentemente a los dichosos padres del mejor estudiante del colegio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La virtud de Juan Jacobo no era la clásica timidez de los niños piadosos; comenzaba a manifestarse con energía y con valor admirable, dando a entender lo que sería el joven andando el tiempo. Su alma tenía ya los perfiles de las almas varoniles y apostólicas; nada le hacía retroceder en el camino del bien, ni las burlas de sus frívolos compañeros, ni las seducciones de la juventud, ni el ambiente poco propicio para la vida del espíritu.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la iglesia del colegio se le veía con frecuencia, en actitud reverente, adorando al Dios de los sagrarios; se acercaba todas las semanas a la mesa eucarística, y animaba a sus amigos a comulgar con él; saludaba a la Virgen dondequiera que encontraba alguna de sus imágenes, y daba muestras de intensa vida interior.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A los veintitrés años, Juan Jacobo era un brillante filósofo, y la vida se le presentaba con todos sus atractivos. Pero en su corazón había un deseo de mayores alturas, y sentía que Dios era el único que podría llenar completamente las ansias de su alma. «Tal vez en un claustro -pensó el joven- hallaré lo que busco».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Durante algunos meses pensó reposadamente en elegir una Orden religiosa que fuera conforme con los propósitos de su espíritu y con la firmeza de su carácter. Conocía varios institutos que le atraían y que, al mismo tiempo, le dejaban perplejo. Los jesuitas de Friburgo, sus maestros, eran excelentes para educar a la juventud en las ciencias y en la piedad; los Padres conventuales y los ermitaños de San Agustín se ejercitaban en obras de celo y de caridad con el aplauso unánime de la población; los cistercienses de Hauterive vivían en continua oración y en apartada soledad. La elección era difícil y había que pensarla seriamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin se fijó en los capuchinos. El hábito franciscano le había gustado siempre, como signo de humildad y penitencia. Los capuchinos recorrían el cantón de Friburgo en todas las direcciones, infatigables en la predicación, afables en su trato, elocuentes y apostólicos en sus misiones, irreprochables en su conducta. La gente les miraba con especial simpatía, y hasta los mismos protestantes se convertían a la fe católica ante los argumentos poderosos y convincentes que los capuchinos esgrimían con su santidad proverbial.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El joven Morel había encontrado el ideal que buscaba. Y con la energía propia de su carácter, renunció al mundo, dejó su familia y sus riquezas y se fue al convento de Zug a pedir el hábito capuchino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los primeros fervores de la vida religiosa del Beato Apolinar se adivinan a través de las escasas noticias que han llegado hasta nosotros. El año del noviciado debió ser un ejercicio constante de oración, de penitencia y de vida franciscana; y los estudios teológicos con que se preparó para el sacerdocio fueron profundos y completos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Uno de sus panegiristas escribe: «Después de la profesión religiosa, dio a sus hermanos el ejemplo de una virtud sublime y de una profunda piedad... Observaba con minucioso cuidado todas las costumbres y tradiciones de la Orden, aun las más insignificantes. Hecho sacerdote, celebraba la santa misa con extraordinario respeto, atención y fervor. Era el primero en el coro, tanto de día como de noche. En él se veía brillar una humildad profunda, una pronta obediencia, y el sincero amor de Dios y del prójimo. Era asiduo en el estudio, pero sin detrimento de la oración, según la mente y deseos del Seráfico Padre... Y así como en su vida seglar había llamado la atención del público al defender sus tesis filosóficas, después de vestir el hábito capuchino recogió aplausos y felicitaciones explicando puntos teológicos ante muchos y doctísimos oyentes».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero el nuevo sacerdote debía ser, ante todo, un formidable apóstol inflamado en el fuego que consumió a los grandes operarios evangélicos. Uno de sus compañeros escribía con palabras entusiastas: «He vivido siete años con Fray Apolinar; lo he observado y admirado, y he podido dar testimonio de su celo extraordinario por la conversión de los pecadores, instrucción de los ignorantes y catequesis de los niños; puedo decir que conozco pocos misioneros que puedan compararse con él... Todos sus compañeros de misión pueden atestiguar y contar los sudores de su apostolado y el fruto que recogió con sus predicaciones... Hay, además, muchas otras pruebas de su virtud, que los superiores de la provincia han recogido».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestro santo vivió en los conventos de Porrentruy, Bulle y Romont; tuvo una cátedra en Friburgo durante seis años; fue vicario de los conventos de Sión y de Bulle, y al mismo tiempo se dedicaba a la enseñanza de la filosofía entre los jóvenes de las familias más importantes, que buscaban ansiosos al eximio maestro y admiraban su humildad y su cultura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1783 pidió permiso para dejar sus clases, y presintiendo quizá el tremendo combate que le esperaba, quiso fortalecer su alma con el retiro, la penitencia y la oración. Nombrado Maestro de novicios, pasó dos años en Altdorf preocupado únicamente de su santificación y de la de sus súbditos, siendo para los novicios un perfecto dechado de espíritu capuchino, y esparciendo por todas partes la suave fragancia de su virtud. El Padre Apolinar era considerado por cuantos le conocían como un hombre excepcional y perfecto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Más tarde fue trasladado al convento de Stans y enseñó a los jóvenes religiosos el curso de elocuencia sagrada, y a los niños las primeras lecciones del catecismo, poniendo el mismo interés en las más altas cuestiones de la teología que en los primeros rudimentos de la religión. Tenía una gracia especial para hablar a los pequeños, narrándoles interesantes anécdotas, estimulándoles con premios y regalos, descendiendo hasta el nivel de las inteligencias más oscuras para iluminarlas con luz de su palabra diáfana y llena de encanto. El catecismo del Padre Apolinar cobró tal fama de amenidad y tuvo tanta fuerza de atracción, que la gente corría a la iglesia para escuchar aquellas lecciones sencillísimas del capuchino, verdaderos modelos de pedagogía. Por este tiempo escribió un notable tratado que intituló Método para pensar seriamente en el estado que se ha de elegir, y que demuestra la vasta erudición escrituraria y patrística de nuestro santo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Otro de los campos más fecundos del apostolado del Padre Apolinar era la dirección espiritual de las almas que acudían a su confesonario. Su amabilidad, su prudencia, sus excelentes consejos eran conocidos y admirados por cuantos llegaban a tratarle en la intimidad. Y el incansable apóstol, sentado casi todo el día en su confesonario, se veía asediado por toda clase de gentes que venían a él, unos para hacer confesión general, otros para pedir su parecer en los más diversos asuntos de conciencia, y otros para adelantar más rápidamente en las vías dificultosas de la perfección. El Padre Apolinar tenía siempre en los labios la palabra justa, oportuna y santa que cada uno necesitaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero Dios sabe preparar las almas de sus héroes con golpes y amarguras que purifican a los elegidos, mientras que abaten y desalientan a los flacos de corazón. El Padre Apolinar, hombre de virtud acrisolada, de fe invencible y de ciencia vastísima, que era considerado como un oráculo y como un santo, tuvo que apurar hasta las heces el cáliz amargo de la más negra calumnia. La envidia de algunos que no pudieron tolerar sus continuos y resonantes triunfos, dio el primer zarpazo a su ortodoxia: se le acusó de hereje y de blasfemo, se propaló que en la enseñanza del catecismo y en los sermones sostenía errores contra la fe. La tremenda prueba terminó con la más completa victoria del siervo de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los enemigos no se durmieron. El segundo golpe fue más diabólico y más tenaz: le acusaron de escandaloso. La castidad invicta del apóstol capuchino fue atacada públicamente con todos los dardos de las lenguas viperinas. Se acudió al soborno y al perjurio, se pagó con largueza a personas viciosas para que esparcieran el veneno de falsas acusaciones, corrieron las más horribles sospechas con la velocidad del rayo; y el mártir habría permanecido mudo e indefenso si los superiores no le hubieran mandado por obediencia que justificara solemnemente su conducta. En medio de la furiosa borrasca, el alma del Padre Apolinar estaba serena y tranquila, descansando en las manos paternales de Dios y en el testimonio de su propia conciencia. El memorial que redactó para defenderse, es un luminoso informe de absoluta sinceridad, la más humilde autoapología de un santo. En esas páginas, breves y magistrales, embellecidas por un destello de encantadora modestia, el calumniado capuchino deshace y desmenuza las burdas invenciones de la envidia; pero al mismo tiempo sabe excusar la malicia del adversario, juzga benignamente sus perversos intentos, perdona la injuria y se contenta con poder reanudar tranquilamente su apostolado, sin pedir sanciones ni castigos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La heroica mansedumbre del Padre Apolinar no hizo sino exasperar el encono de sus adversarios; y él, en un arranque de entereza y de humildad, pidió a sus superiores que le concedieran retirarse a un convento lejano, para descansar de sus trabajos y ofrecerse a Dios como víctima por sus enemigos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En abril de 1788 llegó al convento de Lucerna, gozoso y satisfecho por haber sido elegido por Dios para padecer persecución por la justicia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquel descanso no fue más que un alto en el camino, para poder llegar con mayores energías al sacrificio completo a que Dios le había predestinado. Pocos meses más tarde, debiéndose formar una expedición de misioneros valerosos para evangelizar las apartadas y salvajes regiones de Asia, el Padre Apolinar fue invitado para participar en la gloriosa aventura. No podían darle noticia más ardientemente deseada. Su corazón apostólico se inundó de alegría; su ardiente imaginación voló a las estepas asiáticas, donde los errores y los vicios de aquellas gentes esperaban tal vez una palabra de amor y de verdad para caer a los pies de Cristo; quizá soñó también en el supremo placer de los apóstoles: las palmas y coronas del martirio. Cuando salió del convento de Lucerna, en dirección a su soñado ideal, el Padre Apolinar iba radiante y dichoso, como aquel que está cercano a la meta de su carrera; pero, ¡ah!, la corona del triunfo estaba más próxima que lo que él se imaginaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con el fin de que se instruyera en las lenguas asiáticas e hiciera los últimos preparativos para el largo viaje, los superiores lo mandaron a París, hervidero de pasiones por aquellos días, que comenzaba a enrojecerse con los crímenes de una revolución del más fiero libertinaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestro santo llegó a la capital de Francia y se dirigió inmediatamente al convento de capuchinos de Marais. Sus tareas sacerdotales comenzaron el mismo día, y al poco tiempo fue conocido y respetado en un vasto sector de la ciudad. Predicaba en francés y en alemán ante diversos auditorios que solicitaban sus elocuentes instrucciones, confesaba a sanos y enfermos, catequizaba a los niños, socorría a los pobres. Su fama llegó hasta los barrios más apartados: el capuchino era considerado como un santo admirable y como un sabio orador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los numerosos alemanes de la parroquia de San Sulpicio pidieron con insistencia al Padre Apolinar que tomara a su cargo el cuidado y dirección de sus almas. El siervo de Dios aceptó en el acto, y tuvo que presentarse ante el tribunal de doctores de la Sorbona para rendir el examen obligatorio de aprobación. La prueba fue un nuevo laurel para el misionero, y el docto tribunal le concedió facultades extraordinarias para el ejercicio de su ministerio sacerdotal. Dejó el apartado convento de Marais, y se vio obligado a vivir en una casa particular cercana a la parroquia: la vida del perfecto capuchino no experimentó ninguna variación, y su residencia se convirtió en un pequeño monasterio de rígida clausura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy pronto fulguraron en París y en toda Francia los primeros chispazos del sectarismo revolucionario: el padre Apolinar sufrió sus consecuencias con ánimo varonil y constante. La Asamblea Nacional intentó obligar a todos los sacerdotes que tenían cura de almas, a jurar obediencia absoluta a sus leyes inicuas. El capuchino, con otros muchos colegas valerosos, se negó terminantemente a pronunciar un juramento que combatía y atropellaba los derechos espirituales de la religión católica. La calumnia intentó envolver en sus redes a todos los recalcitrantes. Se difundió el rumor de que el padre Apolinar había jurado la Constitución; y hasta de su misma patria le llegaron quejas amargas que él sufrió con su acostumbrada serenidad. Pero como de su silencio se podía seguir grave daño para la causa católica y una tácita aceptación de la calumnia, escribió un enérgico folleto titulado Los seductores desenmascarados, en el que probaba el sectarismo del juramento nacional, sosteniendo paladinamente que ningún católico podía suscribirlo ni acatarlo. Aquellas páginas eran el más rotundo mentís a las malévolas afirmaciones de sus calumniadores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La persecución arreciaba de manera alarmante. Los amigos del padre Apolinar temieron por su vida y le aconsejaron que se ocultara en lugar seguro hasta que pasara el peligro. Pero nuestro héroe no sabía de miedos, ni temblaba ante la muerte, antes parecía desearla con toda su alma. Estaba ya maduro para el sacrificio: su valor intrépido merece colocarse al lado del de los primeros mártires cristianos. Las cartas que escribió en estos últimos días de su vida, ponen al descubierto una alma gigantesca, animada de los sentimientos más nobles y sublimes, alma gemela de la de Pablo de Tarso, del Papa San Clemente y de otros esforzados paladines de la fe cristiana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A uno de sus amigos le escribe en estos términos: «¿Por qué, amigo mío, por qué tener tanto temor por mi cabeza? ¿No sabes que yo debo cumplir con mi oficio? La misericordia de Dios me ha destinado a morir gloriosamente por la fe... ¡Alleluja, alleluja! ¿Por qué me compadeces? Alégrate conmigo, porque, aunque miserable, he sido grato al Altísimo que me ha predestinado para tan glorioso triunfo. Estoy lleno de alegría porque voy a entrar en la mansión del Señor. Allí, querido, allí, Apolinar cantará eternamente las misericordias divinas». Y de esta forma, con frases caldeadas en amor y en celo apostólico, el mártir da rienda suelta a su pluma, sin poder reprimir el gozo de su corazón ante el próximo combate. Está seguro de morir, y esa idea le hace rebosar de un entusiasmo febril que se comunica al lector, le consuela y le enardece. No sería aventurado suponer que muchos de los mártires de París llegaron animosos al supremo heroísmo, debido en gran parte a las cartas y estímulos del padre Apolinar. «No lloréis por mí», dice en otra parte; y pone en sus propios labios las admirables palabras de San Ignacio de Antioquía: «Soy trigo de Cristo; seré molido por los dientes de las fieras para convertirme en pan inmaculado».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al padre Provincial de Suiza le escribe en forma parecida: «Os mando uno de los tomos del Concilio, y he dispuesto lo necesario para que recibáis los otros volúmenes después de mi muerte. Repito: después de mi muerte; porque es menester que el fuego, la cruz, las fieras y todos los tormentos del demonio caigan sobre mí. Temo como hombre, espero como cristiano, me alegro como religioso, y, como pastor de cinco mil ovejas, salto de júbilo... A todos mis enemigos y perseguidores presentes, pasados y futuros, los abrazo y les doy el ósculo de la paz, como a mis amigos predilectos... ¡Oh, pecado de Rousseau y de Voltaire! La consecuencia será que los ciegos vean, hablen los mudos, caminen los cojos y se anuncie a los pobres el Evangelio. ¡Alleluja, alleluja, alleluja!»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Las cartas del padre Apolinar, escritas en vísperas de su glorioso martirio, son documentos de fe, de santa alegría y de invicta fortaleza. Sabe que su muerte se aproxima; podría, si lo quisiera, huir o esconderse hasta que cese la persecución; sabe que los esbirros de El Terror han comenzado a buscar víctimas entre los sacerdotes que se niegan a jurar las leyes nacionales; y él continúa sereno en su puesto, visitando a los enfermos, predicando en su parroquia, repartiendo entre los pobres los consuelos de su caridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día, un grupo de malvados logra seguir de cerca los pasos del capuchino. El padre Apolinar entra en una pobre casa, y sus enemigos se lanzan en pos de él; abren violentamente la puerta de una habitación, creyendo segura su presa, y hallan al santo sacerdote a la cabecera de un moribundo, hablándole dulces palabras de perdón, administrándole los últimos sacramentos, recitando pausadamente las oraciones de los agonizantes. Los sicarios huyeron avergonzados ante aquella escena de caridad cristiana, imponente y augusta dentro de su triste sencillez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El santo religioso sabe que sus días están contados, que los enemigos le buscan por todas partes, ávidos de su sangre; y para ahorrarles molestias inútiles, él mismo se presenta ante los comisarios Jourdain y Foubert para afirmar categóricamente su fe, asegurándoles que jamás ha pronunciado el inicuo juramento de la Constitución. Antes de dar ese paso decisivo, lo consulta con su Dios, acepta su divina voluntad, y se prepara para el sacrificio celebrando la Santa Misa con un fervor excepcional.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La Asamblea Nacional ordenó la inmediata prisión del padre Apolinar, y el día 14 de agosto de 1792 fue llevado al convento de los Padres Carmelitas descalzos, que servía de cárcel por aquellos días. Allí encontró al célebre y santo arzobispo de Arles, Monseñor Juan María de Lau, a los obispos de Beauvais y de Saintes, los hermanos La Rochefoucauld, y a numerosos sacerdotes seculares y religiosos de toda la nación, cuyo delito consistía en defender los derechos de la fe contra las injusticias de la Constitución nacional.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Uno de los prisioneros, el reverendo Miquet, que pudo escapar milagrosamente, habla en una carta acerca de nuestro mártir: «El padre Apolinar llegó a la prisión con tanta alegría, que todos los detenidos anteriormente quedaron admirados. Desde aquel momento, el capuchino fue objeto de edificación para todos los prisioneros. La mayor parte de ellos acudían al padre Apolinar para confesarse. Hablaba con los tristes para animarles, y con los valerosos para fortalecerse él mismo en su compañía... Trabajaba para hacerse útil a todos, arreglando las camas, las mesas para comer, barriendo la iglesia, y haciendo alegremente los oficios más bajos y pesados».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hasta aquí llegan las noticias que poseemos sobre nuestro Beato Apolinar. Desde este momento, su figura es nada más que una parte del conjunto glorioso de los mártires de París: los numerosos arroyuelos se unen entre sí, se confunden, pierden sus características propias, forman un solo caudal de imponente grandeza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Encerrados y vigilados en la iglesia de los Carmelitas, los mártires bendecían a Dios con voces unánimes, se animaban mutuamente para la próxima batalla, tenían todos una alma y un corazón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un sacerdote de San Sulpicio leía en voz alta las Actas de los primeros mártires cristianos; y un estremecimiento de entusiasmo corría por aquellas apretadas falanges de víctimas. El momento supremo se acercaba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Danton, que por una cruel ironía de las cosas se apellidaba Ministro de Justicia, no se contentó con la pena de deportación decretada por la Asamblea contra los sacerdotes detenidos. Quería otro castigo más decisivo y radical: consiguió que la Commune de París cambiara el primer decreto por el de pena de muerte. Uno de sus esbirros más feroces, Maillard, recibió de Danton instrucciones precisas y detalladas para dar el golpe, según decía el ministro, «de manera útil y segura, con precauciones para evitar los gritos de los ajusticiados y para borrar cualquier rastro de sangre».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Danton tenía demasiada prisa por desembarazarse de aquel montón de prisioneros cuya muerte podía provocar un tumulto en el pueblo; además, las amenazas del ejército prusiano que se acercaba a París, le ponían en trance de salir rápidamente de la capital. En la madrugada del domingo 2 de septiembre, los rumores alarmantes se hicieron más vivos; había que consumar el crimen lo antes posible: cada minuto de retardo podía ser para él un paso hacia la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Maillard, al frente de una banda de forajidos, penetró en el convento de los Carmelitas, dispuesto a ejecutar la horrible carnicería. Los confesores de Cristo fueron sacados violentamente de la iglesia y conducidos al jardín inmediato. Con increíble serenidad y fervorosos actos de fe, obedecieron a sus verdugos que les amenazaban con mazas de hierro y con gritos salvajes. Los sacerdotes se postraron de rodillas, prontos para entregar su vida sin resistencia; se dieron la última absolución unos a otros, y la matanza comenzó con toda la furia de un huracán.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En aquel momento de confusión, algunos prisioneros consiguieron saltar las tapias del jardín y escapar por una de las calles vecinas. Otros se refugiaron en la iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los criminales, poseídos de ciego furor, comenzaron a descargar sus armas sobre todos sin distinción: unos morían en el acto, otros quedaban palpitando en un charco de sangre; los asesinos tenían deseos de acabar su obra en poco tiempo, y las víctimas eran más de cien. En breves instantes, los cadáveres cubrieron los caminos y arriates del jardín, el suelo de la capilla, los bancos, la sacristía. Al feroz Maillard le pareció que aquello iba demasiado lento: «No -gritó-, así no; seguidme». Víctimas y verdugos entraron en la iglesia y allí se constituyó un tribunal burlesco ante el cual pasaron de dos en dos los pocos detenidos sobrevivientes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- «¿Cuál es tu profesión?», preguntaba el juez. Y los reos contestaban; invariablemente:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-- «Soy católico, apostólico, romano».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un grupo de hombres armados, que rodeaban el tribunal, se encargaban de hacer enmudecer a los valientes confesores de la fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En pocos minutos, ciento trece mártires fueron asesinados brutalmente. Morían sonrientes, tranquilos, dichosos. El comisario Violet exclamó sorprendido: «Yo no comprendo la conducta de estos sacerdotes; van a la muerte como si fueran a una fiesta nupcial».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los cadáveres fueron sacrílegamente despojados, en medio de una orgía frenética: un baile macabro, movido por el vino y azuzado por el olor de la sangre caliente y por los estertores de los que aún agonizaban, puso un epílogo de horror al drama que acababa de consumarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cuál fue la suerte de nuestro padre Apolinar en aquel confuso y rápido desenlace? No sabemos si fue de las primeras víctimas, o si tuvo que presenciar el bárbaro espectáculo del martirio de sus compañeros, muriendo él al final de la hecatombe. Tampoco sabemos si recibió su palma de mártir en el jardín o en la iglesia de los Carmelitas. Nadie ha podido contarnos los pormenores de su heroísmo, que sólo se adivinan a través de su carácter esforzado y de su ánimo invencible.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El último documento oficial que ha llegado hasta nosotros, es un certificado de defunción que fue remitido al superior de los capuchinos de Suiza, y que nos permite suponer que los restos de nuestro santo fueron sepultados en el cementerio Montrouge, de Vaugirard, junto con otros sesenta compañeros de triunfo. El documento dice fríamente: «Yo, el infrascrito, comisario de la Convención general, sección de Luxemburgo, certifico, acerca de la sepultura de los sacerdotes y de otras personas fallecidas el 2 de septiembre pasado, que Juan Jacobo Morel, sacerdote y capuchino, era del número de los detenidos en esta casa, que murió y que fue enterrado en mi presencia. Dado en París, el 15 de octubre de 1792, año primero de la República. Firmado: Daubault. Secretario de los jueces de esta sección».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Beato Apolinar de Posat, es para la Orden Capuchina, un nuevo ornamento de la más pura belleza: la vida del amable religioso compendia todas las virtudes de las almas elegidas; su carrera, larga y dolorosa como el camino del Calvario, tiene una variada sucesión de amarguras que nos la presentan más grande y más uniforme. La calumnia soez que pretendió empañar el brillo de esta figura inmaculada, con ataques solapados y tenaces, le comunica un esplendor extraordinario; y la sangrienta rúbrica del martirio es el digno coronamiento de una vida perfecta, consagrada únicamente al amor de Dios y a la salvación de las almas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;[Prudencio de Salvatierra, OFMCap, Beato Apolinar de Posat, en Idem, Las grandes figuras capuchinas. Madrid, Ed. Studium, 1957, 2.ª ed.; pp. 285-302].&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;* * * * *&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;BEATO APOLINAR DE POSAT&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un mártir por la Iglesia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;por Francisco Javier Toppi, o.f.m.cap.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 17 de octubre de 1926, Pío XI elevaba al honor de los altares a 191 mártires, víctimas en París de las famosas masacres de septiembre de 1792, perpetradas en odio a la fe por los revolucionarios franceses. Al reconocer su martirio, el vicario de Cristo declaraba que fueron asesinados por haberse negado a jurar la Constitución civil del clero, impuesta a la fuerza por la autoridad civil, pero condenada por el papa y los obispos como contraria y perjudicial a la libertad y a la unidad de la Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la relación de los 191 mártires beatificados, el puesto 69 lo ocupaba Juan Jacobo Morel, en religión padre Apolinar de Posat. Para los capuchinos, él era el emblema de una larga lista de mártires que, durante la Revolución Francesa, derramaron su sangre por Cristo. Pasaron del centenar los frailes que testimoniaron con la vida su fe: guillotinados, pasados por las armas, arrojados al mar, deportados; está documentado el martirio de 41 de ellos y se les ha abierto el proceso de beatificación. El beato Apolinar fue uno de éstos: mártir, no sólo por haber derramado su sangre muriendo por Cristo, sino por haber dado de Él testimonio heroico a través de luchas, persecuciones, imposibles de describir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;JUAN JACOBO MOREL&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nació y fue bautizado el 12 de junio de 1739 en la villa de Préz-vers-Noréaz, cercana a Friburgo en Suiza. Sus padres, Juan Morel y María Isabel Maître, casados en 1737, tuvieron tres hijos: Ana María, nuestro beato y Nicolás Plácido. En 1740, cuando todavía no había nacido el tercer hijo, Juan Morel hubo de abandonar el hogar, emigrando probablemente al extranjero, donde ya había vivido algunos años antes de esposarse. María Isabel Maître, mujer de virtudes eximias, se encontró sola para sacar adelante a la familia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 5 de mayo de 1744, Juan Jacobo recibía el sacramento de la confirmación de manos del obispo de Lausana, Claude-Antoine Duding; hacía de padrino el tío paterno Francisco José Morel, que en aquella época estaba a punto de concluir sus estudios teológicos en el seminario de Saint-Nicolas du Chardonnet en París. En 1747, Francisco José Morel fue enviado providencialmente como vicario a la parroquia de Préz-vers-Noréaz y, entonces, nuestro beato fue confiado a sus cuidados sacerdotales en lo referente a su formación religiosa y escolástica. Vivió con él, como un hijo con su padre, y con él permaneció, cuando en 1750 su madre fue empleada, como comadrona, por el Estado en la ciudad de Friburgo. Más tarde lo siguió también a Belfaux, donde había sido trasladado como párroco en 1752.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1755, preparado adecuadamente por su tío sacerdote, fue admitido en el colegio de San Miguel, dirigido por los jesuitas, en Friburgo. Careciendo el colegio de internado, volvió a vivir con su madre, residente ya en la ciudad. De estos años de estudio, el primer biógrafo, Mauricio Stadler, testimonia: «Juan Jacobo Morel empleó de tal manera los talentos que Dios le había dado, que superó a sus condiscípulos tanto en su conducta como en el estudio». De hecho, al finalizar los cursos escolásticos, el 28 de julio de 1762, era elegido para exponer públicamente y defenderla la tesis de filosofía, según se acostumbraba en las escuelas de entonces. Su éxito fue lisonjero; la dirección del colegio le otorgaba la nota de «sobresaliente cum laude».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ante sí, tenía un porvenir rico en promesas y esperanzas, pero no se dejó cautivar por ideales terrenos; siguió, en cambio, con prontitud dócil, al Señor que lo llamaba a seguirle en la vida religiosa. Stadler anota: «Los padres jesuitas habían admirado en su discípulo su conducta ejemplar, su tesón indeclinable y sus grandes aptitudes para el estudio. Conociendo su inclinación a la vida religiosa, intentaron conquistarle para la Compañía. Muchos otros hubieran tenido por gran honor y suerte poder entrar en una Orden que, entonces, gozaba en todos los campos del más alto prestigio. Pero el Espíritu de Dios que lo guiaba, quiso que llegase a ser un hijo auténtico, hijo del humilde y pobre Francisco de Asís, para obtener la gracia de sufrir múltiples persecuciones y, por último, el martirio, para gloria de Dios».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;APOLINAR DE POSAT, CAPUCHINO&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 26 de septiembre de 1762, a los 23 años, tomaba el hábito capuchino en el convento de Zug, tomando el nombre de fray Apolinar de Posat (ciudad de origen de su padre). Tuvo como maestro de novicios al padre Dionisio Zürcher, que lo formó en el más genuino espíritu franciscano. Al finalizar el año de prueba, hizo los votos religiosos y comenzó el estudio de la teología. Según costumbre de aquel tiempo, recibe en seguida las órdenes sagradas y el 22 de septiembre de 1764, en la ciudad de Bulle, es ordenado de sacerdote, por el obispo de Lausana, José Nicolás de Montenach.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde el 1765 estuvo en Lucerna, donde concluyó los estudios teológicos bajo la guía del padre Ermanno Martín de Reinach. De estos años, el primer biógrafo atestigua: «Después del día de su profesión religiosa, dio a sus cohermanos el ejemplo de una eximia virtud y de una profunda piedad. La oración vocal y mental era su ocupación preferida; de ella derivó, sin duda, aquella fuerza heroica que lo sostuvo en todas las dificultades de la vida hasta el día del martirio. Observaba con cuidado minucioso las costumbres de la Orden, aun en las cosas más insignificantes. Ordenado sacerdote, celebraba los santos misterios con singular reverencia, devoción y fervor. Era el primero en el coro para el oficio divino del día y de la noche. En él resplandecía una humildad profunda, una solícita obediencia, un amor sincero a Dios y al prójimo. A la hora debida, atendía con asiduidad al estudio, pero sin menoscabo del espíritu de la santa oración. Igual que estando en el siglo había defendido con éxito las tesis de filosofía, así también en la Orden tuvo que defender las tesis de teología universal: esto lo hizo públicamente en Sión, ante la presencia de muchos hombres doctos que quedaron llenos de admiración».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;PREDICADOR Y PROFESOR DE TEOLOGÍA&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un religioso así preparado en la oración y en el estudio no podía menos que ser elegido para las tareas de la viña del Señor. Acabado el curso de teología, se dedica al apostolado capuchino típico de ayuda a los sacerdotes en las parroquias y a la predicación de misiones populares. Lo encontramos realizando este empeño desde 1769 a 1774 en los conventos de Sion, Porrentruy, Bulle y Romont sucesivamente. El padre Ermanno, que fue profesor y superior suyo, es testigo entusiasta del fervor misionero de nuestro beato: «He vivido siete años con fray Apolinar, le he observado, le he admirado, soy testigo de su celo extraordinario por la conversión de las almas, por enseñar a los ignorantes con predicaciones y catequesis, por infundir en los jóvenes, tanto dentro como fuera de la Orden, principios sólidos religiosos y morales, por llevar a la penitencia a hombres endurecidos y habituados al mal, y esto hasta el punto de que pocos otros he conocido que se le puedan comparar. Todos aquellos que fueron compañeros suyos en las misiones, pueden testimoniar las fatigas que afrontó en su apostolado y el bien que hizo con sus palabras, llenas de celo y adaptadas a la inteligencia del pueblo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hacia el final de agosto de 1774 le fue encomendado el cargo de profesor y director de los estudiantes de teología en Friburgo. Era un reconocimiento público de sus dotes de religioso espiritualmente maduro y culturalmente preparado. Respondió plenamente a la confianza que se había depositado en él, desempeñando la delicada misión de formador durante seis años con resultados óptimos. Nos ha quedado, como síntesis expresiva de su magisterio, una disertación sobre la relación entre filosofía y teología, que fue publicada en 1932.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juntamente con las clases de teología, estaba también encargado de dar catequesis a la comunidad; participaban, por disposición de los superiores, los sacerdotes jóvenes, los clérigos y los hermanos no clérigos. Este período de Friburgo fue el más tranquilo de todos los que ejercitó en su ministerio sacerdotal. No se dan acontecimientos dignos de relieve, a no ser la muerte de su tío párroco, acaecida el 29 de septiembre de 1774 en Belfaux y un probable encuentro con san José Benito Labre, que pasó por Friburgo en los años 1775-1776.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al finalizar el segundo trienio de enseñanza, el padre Apolinar habría sido nombrado superior, según costumbre de la provincia capuchina, si él no hubiera pedido con solicitud permanecer súbdito. Así fue como se le envió de vicario a Sion, convento que acababa de erigirse aquel año 1780 junto con el convento de Saint-Maurice en la prefectura apostólica confiada a los capuchinos. Aquí pudo volver a su actividad misionera en medio del pueblo, pero sólo por un año, ya que el 20 de agosto de 1781 era trasladado, también como vicario, al convento de Bulle.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;LA BIENAVENTURANZA DE LOS PERSEGUIDOS&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue ésta la bienaventuranza que caracterizó la vida del padre Apolinar. La primera vez le sucedió en Romont. En el pleito de una causa civil, fue acusado de haber insinuado una denuncia contra un cierto Jorge Cordey que vivía entre los frailes en el convento. El padre Apolinar, en cambio, había obrado exactamente en sentido contrario, y la acusación fue desmentida por los más directamente interesados, que afirmaron que el padre Apolinar «era totalmente inocente de dicha culpa y que, más bien, era digno de alabanza por sus buenos consejos y sus virtuosas acciones».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta iniciativa fue criticada por los religiosos, como una innovación que perturbaba el ritmo de la vida conventual. Se concentraron allí algunos seglares que veían con malos ojos que un fraile sirviera a un representante del gobierno, contra el cual poco antes se había levantado una insurrección popular, capitaneada por Chenoux. Se llegó incluso a escribir y a difundir un folleto difamatorio contra el padre Apolinar, que pidió a los superiores ser trasladado de Bulle, para calmar los ánimos en el convento y en el pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue entonces enviado a Altdorf, en donde se encontraba de superior el padre Zürcher, que había sido su maestro en el noviciado. Aquí permaneció dos años, dedicado a la plegaria y a la soledad, serenando su espíritu. El 12 de septiembre de 1783 moría su madre, a la que no pudo asistir, por encontrarse de viaje, camino del capítulo provincial que iba a celebrarse en Sursee.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De Altdorf pasó, en 1785, a Stans como director de la escuela aneja al convento y catequista de los jóvenes del vecino lugar de Büren. El primer biógrafo escribe: «Testigos dignos de fe legaron pruebas de su vida religiosa en Stans. Era el primero en el coro y en el confesonario. El último en abandonarlos. En cuanto dependía de él, celebraba la misa en el turno último, especialmente los días dedicados a las confesiones. Era requerido de manera continuada al confesonario, porque sus consejos espirituales inspiraban en todos una verdadera confianza. Innumerables fieles querían hacer con él confesión general de su vida y, en tales ocasiones, el padre Apolinar ejercía un bien inmenso. Sus salidas del convento eran irreprensibles, su comportamiento digno de un religioso, su conversación siempre agradable y edificante. Después del rezo del oficio divino de media noche, raramente volvía a descansar, pues se dedicaba entonces al estudio, a la oración y a la meditación. La catequesis que impartía a los jóvenes de Büren resultaban tan atractivas que también acudían muchos adultos, obteniendo gran fruto».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todo hacía esperar que un apostolado tan múltiple y fecundo durase largo tiempo sin disturbio alguno; pero no fue así. La tempestad no tardó en aparecer en el horizonte. Los primeros síntomas aparecieron con motivo de las lecciones del catecismo; se comenzó a insinuar que no eran ortodoxas y que desorientaban a los oyentes. El ataque era grave e insidioso. Cuando los buenos parroquianos de Büren tuvieron conocimiento del hecho, acudieron altamente indignados al alcalde Wirsh, para que acallase las voces malévolas. El alcalde se acercó con dos jurados al convento de Stans y atestiguó, ante la comunidad reunida, que los catecismos del padre Apolinar no sólo no eran sospechosos, sino útiles y edificantes, y dejó una declaración escrita muy favorable. Para sus enemigos, iluminados y legalistas, un sacerdote fiel a la Iglesia como el padre Apolinar, con su prestigio de hombre culto y virtuoso, constituía un obstáculo que debía eliminarse a toda costa. Inatendida la insinuación sobre el catecismo, comenzaron a desacreditarlo en su labor y tarea escolar, con todo tipo de medios, recurriendo incluso al arma del ridículo mediante representaciones teatrales.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre Apolinar creyó deber suyo dimitir, pero el alcalde Wirsch intervino una vez más para defenderlo. En enero de 1788, la Cancillería del estado envió una instancia al padre provincial, llegado a Stands para la visita canónica, en la que se le pedía no aceptase la dimisión del padre Apolinar y que, en cambio, se le confirmase en sus tareas, apoyándole moralmente, ya que todo redundaba en provecho del pueblo. La instancia fue acogida positivamente, pero los enemigos no cesaron en su lucha. Envenenados de odio, alentaron la acción de personas entregadas a todo tipo de vicios, para que enfangasen en vil calumnia la reputación moral del padre Apolinar. Se abrió una encuesta judicial que puso en claro la inocencia de nuestro beato. Sin embargo, la calumnia diabólica se agrandó como una mancha de aceite, que tomó proporciones imposibles de contener. Los superiores pidieron al padre Apolinar que se defendiese y éste elaboró un memorial que, por desgracia, se ha perdido. Nos ha quedado tan sólo la siguiente plegaria conclusiva de dicho memorial: «Padre, si este cáliz no puede alejarse de mí sin que yo lo beba, ¡hágase tu voluntad! Yo lucho con menor lealtad, cuando no sufro persecuciones. El siervo no es más que su maestro. Si Dios me mortifica con la persecución, puedo esperar pertenecer al número de los elegidos. Déjame a mí el realizar la justicia, dice el Señor, soy yo quien la haré. En lo que a ti respecta, tú sigue mis pasos».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Habría podido perseguir en los tribunales a los calumniadores, pero renunció a ello. Prefirió seguir el ejemplo de Jesús en la cruz, cuando imploraba misericordia para los que lo crucificaban. Escribiendo a una penitente, sor Clara Rosalía, le rogaba: «Reza conmigo, para que Dios perdone a mis perseguidores».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras tanto, al ver que la lucha no llevaba traza de terminarse, para evitar a los demás religiosos posteriores fastidios, suplicó ardientemente al superior provincial que lo trasladase de Stans, apelando al ejemplo del profeta Jonás. Esta vez fue acogida su demanda. Y el 16 de abril de 1788 dejaba Stans y se dirigía a Lucerna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De este período de grandes sufrimientos morales, se conserva un retrato del beato, realizado por el pintor Jakober de Sarnen y que se conserva en el convento de Altdorf. Su aspecto es expresivo al máximo: está sentado en su mesa de trabajo, la frente espaciosa revela al pensador, la serenidad que irradia deja la paz profunda de que está colmado su corazón y que la persecución no ha podido turbar. Junto a él, sobre la mesa, el crucifijo, su amor; en la estantería, a su izquierda, algunos libros, sus amigos; Apolinar escribe, y las líneas que traza aluden evidentemente a los muchachos de su catequesis: «Dejad que los pequeños vengan a mí, porque el reino de los cielos pertenece a los que se les asemejan».&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;EN LA TORMENTA DE LAS PERSECUCIONES DE PARÍS&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunos meses después de su llegada a Lucerna, se hospedaba allí, de paso, el padre Victor de Rennes, ministro provincial de Bretaña. Teniendo conocimiento de las increíbles persecuciones sufridas por el padre Apolinar, le propuso agregarse al grupo misionero de su provincia que trabajaba en Siria. Descubriendo en aquella inesperada propuesta un indicio de la voluntad de Dios, Apolinar aceptó con agrado, y en el otoño de 1788 se encontraba ya en París, en el convento de Marais, para aprender la lengua necesaria en el desarrollo de las tareas apostólicas en el Oriente. París debía ser solamente una etapa de su viaje hacia la misión de Siria, pero el Señor dispuso que fuese el último campo de su apostolado y el lugar de su martirio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 4 de mayo de 1789 se convocaban los Estados Generales para afrontar la crisis en que se debatía Francia desde hacía tiempo; el 17 de junio, el tercer Estado se proclamaba Asamblea Nacional, que, a su vez, después de diez días, se transformaba en Asamblea Constituyente; el 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla señalaba el inicio de la Revolución Francesa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El superior del convento de Marais, sabiendo que el padre Apolinar conocía el alemán, le rogó que se interesase por los cinco mil católicos provenientes de Alemania que vivían en la ciudad. El padre Apolinar, que no sabía negarse a ninguna petición de servicio que se le hiciera, aceptó el encargo y se dedicó a él con su inconfundible celo pastoral. Se presentó, de acuerdo con las leyes canónicas, ante los doctores de la Sorbona para el examen canónico, y lo superó tan brillantemente que le fue concedida la facultad de confesar y perdonar los pecados, incluso los reservados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 13 de febrero de 1790 fueron suprimidas las órdenes religiosas. Esto dio lugar a la clausura de 3.000 conventos y monasterios, a la dispersión de 26.000 religiosos, de los cuales muchos pasaron a ayudar al clero diocesano en las parroquias. El padre Apolinar, a primeros de marzo, era nombrado vicario para los fieles de lengua alemana en la parroquia de San Sulpicio. El 19 de mayo de 1790 lo encontramos, sin embargo, presente todavía en la comunidad de Marais, como resulta de la siguiente declaración de los comisarios enviados para la clausura de aquella casa religiosa: «Juan Jacobo Morel, llamado en la religión padre Apolinar, ha declarado que es intención suya permanecer en una casa de la Orden en París, para poder continuar sus trabajos apostólicos en favor de los alemanes residentes en la ciudad, de los cuales es vicario en la parroquia de San Sulpicio, como también de los detenidos y encarcelados en la Tournelle. Se reserva el derecho de aprovechar el decreto de la Asamblea Nacional, en el caso de que no pudiese permanecer en su Orden en París. Ha firmado: padre Apolinar, capuchino de Friburgo, profesor».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 27 de noviembre de 1790, el convento de Marais es cerrado definitivamente, y entonces encuentra alojamiento en una casa, puesta a su disposición por seglares y a la que provee de clausura casi monástica. Entretanto, la revolución había dado grandes pasos en su lucha contra la Iglesia: el 2 de noviembre de 1789, bajo propuesta del famoso obispo de Autun, Carlos Mauricio de Talleyrand, habían sido expropiados todos los bienes de la Iglesia, y el 2 de julio de 1790 se había promulgado la Constitución civil del Clero, que será la causa de la persecución. Con ella, en efecto, se ordenaba, entre otras cosas, la posibilidad de que el poder civil eligiera los obispos y párrocos de todos los habitantes de una diócesis o parroquia, ya fuesen católicos, calvinistas, luteranos, hebreos o librepensadores, y se vetaba a los obispos el pedir a Roma la confirmación de dicha elección, consintiendo sólo el que se comunicase este suceso al papa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La ofensa a la libertad y a la unidad de la Iglesia era flagrante. La Revolución no tenía escrúpulo de trastocar radicalmente la disciplina eclesiástica y de pisotear los derechos más elementales de la conciencia cristiana. Sin prestar oídos a las autorizadas voces que se elevaron para protestar contra esta arbitrariedad, siguió adelante en el camino empezado de modo irreversible, imponiendo sus directrices por la fuerza. Entre el 9 y el 16 de enero de 1791, todos los sacerdotes con cura de almas fueron llamados a jurar la Constitución civil del clero. Aquellos que se negasen a hacerlo serían declarados contra-revolucionarios y perturbadores del orden público, apartados del oficio y perseguidos según las normas de la ley. El primero en rechazar la Constitución civil del clero fue el arzobispo de París, monseñor Antonio de Juigné, que debió tomar el camino del exilio. Le siguió la mayoría de los obispos. El papa Pío VI, el 10 de marzo y el 3 de abril de 1791, intervenía con dos breves, condenando formalmente la Constitución civil del clero y excomulgando a todos los que la jurasen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los sacerdotes de San Sulpicio, con su valiente párroco a la cabeza, monseñor Pancemont, se negaron abiertamente a jurar la Constitución. En la tentativa sincera de conciliar las exigencias del Estado y la fidelidad a la Iglesia, en armonía con directivas explícitas del arzobispo, propusieron un juramento condicionado, en el que excluían solamente aquello que era contrario a la religión y a la conciencia. La propuesta fue rechazada. Entre los que defendían este juramento «condicionado» se encontraba el padre Apolinar. La calumnia lo zarandeó y clavó de nuevo su diente en él: se hizo figurar su nombre en la lista de los que habían prestado juramento incondicional a la Constitución. La noticia llegó hasta los superiores capuchinos de Suiza, que no tardaron en enviarle su condena por tal actitud. Apolinar tomó entonces la pluma y escribió una vibrante rectificación, que envió para la publicación el 23 de octubre de 1791 a la redacción de «L'Ami du Roi». El texto es demasiado importante como para no transcribirlo íntegramente; es un espléndido flash sobre la firmeza heroica de nuestro mártir, en un momento crucial de su vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escribe: «Deseando dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, en virtud del decreto del 27 de noviembre de 1790, yo he jurado ser fiel a la ley, a la nación, y al rey, pero exceptuando formal y expresamente todo aquello que, a juicio de la Iglesia, contuviera la Constitución de herético o de cismático o contrario a las buenas costumbres. La fórmula de mi juramento fue, el 16 de enero de 1791, consignada públicamente a los señores comisarios de la Comuna de París, reunidos en la iglesia de San Sulpicio, en donde uno de ellos hizo su lectura y en alta y clarísima voz, en presencia de más de diez mil personas, de las cuales unas cuarenta no dudaron en exigir que mi juramento, dadas sus restricciones, fuese rechazado como insuficiente, cosa que al instante los citados comisarios realizaron públicamente. ¿Cómo es posible, entonces, que se haya tenido la desvergüenza de colocarme en la lista de los que juraron incondicionalmente la Constitución? La religión, mi honor, la edificación del pueblo, todo me obliga a denunciar esta impostura. Ruego, señores, tengáis a bien hacer pública mi justa protesta, aunque ello me causase las más crueles persecuciones. Mejor morir mil veces que figurar entre los que han jurado "pura y simplemente" la nueva Constitución, juramento que yo siempre he creído y demostrado sin réplica alguna (léase Le Séducteur démasqué, editado por Crapart) que es una verdadera y escandalosa apostasía. Me enorgullezco, señores, de declararme, con tanta estima y devoción, vuestro humildísimo y obedientísimo siervo padre Apolinar Morel, capuchino, vicario de los alemanes de San Sulpicio».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La declaración, clara y decidida, deja transparentar el alma limpia y eclesial del padre Apolinar, dispuesto a afrontar las más crueles persecuciones con tal de permanecer fiel a la Iglesia. Testimonio irrefragable es el opúsculo por él compuesto y ya citado Le Séducteur démasqué. Él afirma que obedecer a la Iglesia es obedecer al Espíritu Santo que habla a través de las jerarquías. Ante el dilema: seguir la autoridad de la Iglesia o la del Estado, sin dudarlo lo más mínimo, Apolinar escoge lo primero. Escribe textualmente: «Nosotros debemos escuchar a la Iglesia y no a la Comuna de París. ¡Es la sabiduría eterna que nos lo ordena!».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta actitud, firme y abierta, hace que se le anote como contra-revolucionario. El 1 de abril de 1791 debe abandonar, juntamente con el párroco monseñor Pancemont, la iglesia de San Sulpicio y dedicarse al ministerio pastoral de manera clandestina. Buscado como un fuera de la ley, va a Meudon, algunos kilómetros al sudeste de París, en donde se encontraba el convento capuchino más antiguo de Francia; al encontrarlo cerrado, vuelve a la ciudad y se aloja provisionalmente en el barrio de San Antonio, en casa de un alemán llamado Weullers, que le confía la educación de sus dos hijos. Pero su corazón está en San Sulpicio, y se traslada de nuevo al barrio de su amada parroquia, a casa de un amigo sastre, Stohl, en la calle «Des Canettes». Se encuentra con monseñor de Pancemont y con él organiza una asistencia clandestina a los católicos que permanecieron fieles a las directrices de la jerarquía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;AL ENCUENTRO DEL MARTIRIO&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras tanto, la revolución continuaba avanzando en una escalada de medidas represivas cada vez más inquietantes. El 3 de septiembre de 1791, la Asamblea Legislativa sucede a la Asamblea Constituyente y se dispone a afrontar el problema de los sacerdotes rebeldes a la Constitución civil, decidida a resolverlo radicalmente. La persecución es ya un hecho y el padre Apolinar lo sabe. Así, el 27 de abril de 1792 escribe a su amigo, el abad Valentín Jann de Altdorf, una carta que, por su importancia, se ha incluido en la lectura de la liturgia de las horas [de los Capuchinos], como reflejo auténtico del espíritu del beato en vísperas de su martirio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«¿Por qué -escribe-, por qué, amigo mío, tener tanto miedo por mi vida? ¿Por qué se aflige tanto por mí? ¿No sabe acaso que yo pertenezco a mi ministerio apostólico? Reconoced y adorad a la divina providencia. Su misericordia me condujo por medio del Espíritu Santo al convento de Altdorf como a un sediento, a fin de prepararme, mediante obras de caridad de todo género, a la misión de la que me ocupo en este momento. Esa misma misericordia me llevó, casi a la fuerza, al convento de Stans para ejercitarme en la lengua alemana y enseñar sagrada elocuencia; y todavía esta misericordia es la que, para purificarme como se purifica el oro en el fuego, me ha llamado a París para instruir, mantener y confirmar a los alemanes en la religión, destinándome a morir gloriosamente por Cristo. ¡Alleluya, alleluya, alleluya!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»¿No se marchaban de la presencia del Sanedrín jubilosos los apóstoles, por haber sido dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús? ¿No exultaban de gozo en todas sus tribulaciones? ¿A quién pertenece el Reino de Dios? A aquéllos que sufren persecución por la justicia. ¿No es acaso sufriendo tormentos, incluso atroces, como Cristo ha entrado en su gloria? ¿Será el discípulo más que su Señor? ¿Por qué, pues, me enviáis vuestras condolencias? Alegraos más bien conmigo porque, aunque tan pequeño, he sido agradable al Altísimo que me ha preferido y escogido entre tantos hermanos venerables y mejores que yo, predestinándome a un glorioso triunfo. Uníos a mí, para glorificar al Señor, y exulte vuestro espíritu en Dios nuestro salvador, porque ha vuelto sus ojos a mí, siervo indigno y ha hecho en mí cosas grandes; su nombre es santo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Yo me alegro, y ¿qué cristiano no se alegraría? Yo gozo con la palabra que me ha sido dicha y que veo hecha sentencia en mí. ¡Alleluya, alleluya! Entraremos en la casa del Señor... Allí, querido amigo mío, Apolinar cantará las misericordias del Señor por toda la eternidad... Oh, ¿qué podré yo devolver al Señor por todos los dones que me ha hecho? Tomaré el cáliz de la salvación e invocaré su nombre. Invocaré el nombre del Señor. Invocaré al Señor en mi alabanza y seré liberado de mis enemigos...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»Teméis por mí; es justo: conocéis mi debilidad de hombre; pero mirad a Cristo y participaréis de mi seguridad. Nosotros lo podemos todo en Aquél que nos conforta; es Él en quien tenemos nuestra vida, en Él nos movemos y existimos. Nos encontramos con dificultades irremontables, pero no sucumbimos; somos apaleados, pero no perdemos la esperanza; perseguidos, pero no estamos abandonados; abatidos, pero nunca perdidos. No lloréis, pues, por mí. Soy grano de trigo de Cristo y es necesario que sea triturado por los dientes de las fieras, para llegar a ser un pan puro...».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La carta continúa todavía, es como una cascada que salta hasta las fuentes de la biblia y de la liturgia de los mártires. Apolinar salta de gozo y de entusiasmo, porque se encuentra en comunión con el misterio pascual de Cristo: conformándose con la muerte al crucificado, pregusta ya la transfiguración con el resucitado. Por esto anhela el martirio, y, en lo que depende de él, corre a su encuentro, como a la meta suspirada de su vida. Hubiera podido marchar al extranjero, ya que no era francés; hubiera podido esconderse en casa de amigos seguros, como hicieron tantos otros: no quiso. Y decidió, por el contrario, entregarse voluntariamente, para ahorrar, así, inevitables represalias contra aquellos que le hospedaban.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La noche entre el 13 y el 14 de agosto, asistió a un pobre moribundo; al amanecer celebró la misa, «con el fin de prepararse -según escribe en su última carta- para combatir con coraje la batalla del martirio»; y después se presentó a los comisarios de la sección de Luxemburgo, Jourdain y Foubert, declarando no haber prestado juramento, sin considerarse por ello un conspirador. Fue inmediatamente arrestado y enviado al convento del Carmen, en donde ya estaban presos cerca de 160 rebeldes a la Constitución, casi todos eclesiásticos, entre los cuales se encontraban el arzobispo de Arles, Juan María de Lau, y los dos hermanos La Rochefoucauld: Francisco José, obispo de Beauvais, y Pedro Luis, obispo de Saites.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El abad Miquet, que estaba entre los detenidos en el Carmen y que logró escapar de la matanza del 2 de septiembre, nos ha dejado un testimonio precioso de este período en una carta dirigida a monseñor Gottofrey, secretario del obispo de Lausana. Leemos allí, entre otras cosas: «El padre Apolinar vino a la prisión con tanta alegría y satisfacción, que sorprendió a todas las personas que se encontraban allí prisioneras. Desde aquel momento fue edificación para todos los encarcelados. La mayor parte de ellos se dirigía a él, para recibir el sacramento de la confesión. Estaba continuamente ocupado, o rezando al Señor, o confortando a los que estaban abatidos por el temor o la angustia, o para entretenerse con aquéllos que, más adelantados en la vida espiritual, anhelaban sólo el martirio. No se ahorraba ningún ejercicio de caridad. Buscaba ser útil a todos, bien en preparar los lechos que, las más de las veces, eran bancos de madera, bien en arreglar las mesas para la comida, que por necesidad se colocaban en el centro de la iglesia. Realizaba, además, con solicitud los trabajos aparentemente más bajos y viles, pero que a nuestros ojos mostraban su virtud y su humildad, como, por ejemplo, barrer la iglesia, único espacio que teníamos reservado para nosotros, vaciar los cubos que habían sido colocados en algunas capillas para las necesidades corporales, y otras tareas del género. Tantas obras buenas fueron al fin coronadas con una muerte preciosa, de la cual yo no puedo dar particular alguno, ya que la Providencia permitió que yo saliese de aquel lugar antes de consumarse tan glorioso sacrificio».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 14 de agosto de 1792, la Asamblea Legislativa impuso un nuevo juramento, en el que se exigía fidelidad a la nación y a los valores de la libertad y de la igualdad. Ante esta nueva formulación, aparentemente legítima, los eclesiásticos se preguntaron si podían hacer juramento lícitamente. Lo que, de manera particular, les interesaba era conocer el pensamiento de la jerarquía. Estando en el exilio el arzobispo, le pidieron el parecer al nuncio papal, monseñor Salamón, encarcelado él también en locales dispuestos del ayuntamiento. Éste, después de haber reflexionado y ponderado el tema, respondió en los siguientes términos: «Yo no puedo saber todavía cuáles son las intenciones del papa, ya que este juramento es totalmente nuevo. Pero creo que, cuando esté informado del mismo, no lo aprobará, porque es ambiguo e implícitamente contiene la fórmula ya condenada. Por mi parte, yo estoy decidido a rechazarlo, aunque no me sienta en condiciones de condenar a los que eventualmente lo aceptasen».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta declaración del representante pontificio bastó para que los encarcelados en la iglesia del Carmen se decidiesen también ellos a rechazar la nueva fórmula de juramento. De hecho, éste sólo fue exigido a dos o tres eclesiásticos. Resulta estar bien documentado por los procesos judiciales que los encarcelados en el Carmen murieron todos por no haber querido jurar la Constitución civil del clero.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;FIN GLORIOSO&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La Asamblea Legislativa había decretado la deportación para los que no aceptasen la Constitución civil del clero. Sin embargo, en París, la Comuna era la dueña de la situación e impuso la pena de muerte. Danton, ministro de justicia, confió la ejecución de esta pena al terrible Maillard, apodado «corazón de piedra».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la jornada del viernes, 31 de agosto, se hizo trasladar de la iglesia del Carmen todo aquello que servía para el culto. Hacia las once de la noche se comunicó a los encarcelados oficialmente el decreto de deportación; con todo, a aquella misma hora, estaba ya decidida la matanza de todos los encarcelados para el domingo siguiente, y se cavaba la fosa en el cementerio de Vaugirard.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sábado fue día de intensa oración y de trepidante espera. Los prisioneros no se hacían ilusiones sobre su suerte; habían comprendido claramente lo que les aguardaba, y se preparaban para ello con espíritu de fe. A un visitador benévolo que les había preguntado en qué podía ayudarles en su viaje al exilio, monseñor de Cucsac respondió: «El único servicio que nos podéis hacer es el de procurar las Actas de los Mártires».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la mañana del domingo, 2 de septiembre de 1792, se esparció la voz de que los prusianos, después de haber ocupado Verdún, marchaban sobre París. Danton ordena resistir a los invasores con todos los medios, y de exterminar, entre tanto, a los rebeldes encarcelados. En la iglesia del Carmen, la guardia ordinaria es sustituida por soldados armados de espadas. Al atardecer, comienza la matanza. Los esbirros de Maillard, después de haber pasado por la espada a los detenidos en la abadía de Saint-Germain-des-Prés, irrumpen en el convento de los carmelitas y matan a lo loco a todos los que encuentran a su paso. Entre los primeros en caer está el arzobispo de Arles, Juan María de Lau. Los sacerdotes se arrodillan, se intercambian la absolución y ofrecen al Señor el sacrificio de su vida. Maillard, cuando ya unas cuarentas víctimas estaban tiradas agonizando por el suelo, ordena conducir a los prisioneros restantes al interior de la iglesia. Improvisa un simulacro de tribunal y organiza la farsa de un proceso sobre un rellano entre la iglesia y el jardín. Los detenidos son llamados de dos en dos por su nombre e interrogados secamente: «¿Habéis prestado el juramento?». Tras la respuesta negativa, son inmediatamente pasado por las armas, degollados sin piedad a golpes de sable o de puñales. La espantosa masacre termina a las seis de la tarde: 113 mártires se encuentran esparcidos por el jardín en medio de un inmenso charco de sangre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Habían caminado al encuentro de la muerte con espíritu digno, sereno, incluso jubiloso. Al día siguiente, el comisario Violette, que había presidido las ejecuciones, exclamaba desconcertado: «Yo no comprendo nada; estos sacerdotes han ido a la muerte con alegría como si fueran a unas bodas».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre los muertos se encontraba el padre Apolinar de Posat. De él, de su gozo ante el cercano martirio, sabemos mucho merced a la carta dirigida a su amigo Jann; y lo confirma además otra carta, escrita el mismo día 27 de abril de 1792, a su antiguo superior el padre Ermanno Martín. Constituye su testamento espiritual y revela la intimidad de su espíritu, que exulta ante la certeza de su inmolación por Cristo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Escribe: «Padre carísimo, le mando el sexto volumen del Concilio y he tomado las disposiciones necesarias para que recibáis los otros volúmenes después de mi muerte. Digo: después de mi muerte, porque la persecución toma dimensiones cada vez más vastas: venid y veréis a los mártires con la corona que el Señor pone sobre su cabeza. ¡Este es un bautismo que yo debo recibir y no veo la hora que llega...! Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, permanece solo...; como hombre, yo tengo miedo; como cristiano, tengo esperanza; como religioso, me alegro; como pastor de cinco mil almas, me gozo, porque no he prestado el juramento. Nosotros podemos todo en Aquél que nos conforta. A todos mis enemigos, a todos mis perseguidores presentes, pasados y futuros, yo los abrazo y les doy el beso de la paz como si fueran grandes bienhechores. Que Dios tenga a bien perdonarlos. Si yo he ofendido a alguno de cualquier manera, humildemente le pido también perdón. A todos mis amigos me encomiendo en este mi último combate.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»¡Alleluya, Alleluya, Alleluya! En verdad, en verdad os digo, bien pronto Francia, impregnada con la sangre de tantos mártires, verá reflorecer la religión sobre su suelo... ¡Oh! este es de verdad el tiempo sobre el que se escribió: Gloria a Dios en los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. ¡Oh, qué hombre más feliz soy! Mi padre y mi madre me han dejado, pero Dios ha tomado cuidado de mí y me ha colocado como pastor de cinco mil almas, en el número de tantos héroes que mueren en Francia por su fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;»¡Alleluya, Alleluya! ¡Oh, en verdad cuando el Espíritu sopla, nadie sabe dónde va. Si José no hubiese sido vendido a los ismaelitas por sus hermanos, y si en su fidelidad al Señor no hubiese sido víctima de una calumnia, no habría sido nunca coronado en Egipto. Yo imitaré aquella víctima inocente, vendida, calumniada, en verdad, pero que perdonó de todo corazón. ¡Sí, que se realice esto! Así es, así será».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la luz del martirio, Apolinar ve resplandecer el designio de Dios sobre su vida de perseguido, y entona el alleluya pascual que cantará después, por toda la eternidad, junto a «aquellos que vienen de la gran tribulación y se han vestido con las vestiduras blancas del cordero degollado».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;[Francisco Javier Toppi, O.F.M.Cap., &lt;i&gt;Beato Apolinar de Posat. Un mártir por la Iglesia, en AA.VV., «... el Señor me dio hermanos...». Biografías de santos, beatos y venerables capuchino&lt;/i&gt;s. Tomo II. Sevilla, Conferencia Ibérica de Capuchinos, 1997, págs. 57-76]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-8468561787568948246?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/8468561787568948246/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=8468561787568948246' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8468561787568948246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8468561787568948246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/apolinar-morel-de-posat-beato.html' title='Apolinar Morel de Posat, Beato'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-ncHx-WlojAk/TmTWkarNz3I/AAAAAAAAChk/WgybY0A2yE8/s72-c/apolinar.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1399445070354863140</id><published>2011-09-01T08:15:00.000-07:00</published><updated>2011-09-01T08:15:44.753-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Franciscanos ilustres'/><title type='text'>Fray Claudio Granzotto</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-3kZUcf0CQrg/Tl-hZwtYDbI/AAAAAAAAChI/wTNTgyG2zcQ/s1600/cludio+fray.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-3kZUcf0CQrg/Tl-hZwtYDbI/AAAAAAAAChI/wTNTgyG2zcQ/s400/cludio+fray.jpg" width="226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Religioso profeso de la Orden franciscana, de quien cabe destacar la exquisita bondad y la fina sensibilidad para el arte, en especial la escultura. Dócil a la acción del Espíritu, se convirtió, de joven obrero, en modelo para los religiosos en su entrega total al amor del Señor; para los artistas, en su búsqueda de la belleza de Dios; y para los enfermos, en su adhesión amorosa al Crucificado. Lo beatificó Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1994.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Claudio nació el 23 de agosto de 1900 en Santa Lucía di Piave (Treviso, Italia). Su familia era económicamente modesta, pero muy cristiana. La naturaleza le dotó de una voluntad tenaz y de una exquisita bondad, que lo hacía amable a todos. El duro trabajo en el campo y, posteriormente, los oficios de carpintero y de albañil templaron su carácter y le formaron en el sacrificio y la generosidad. A los 15 años sintió repentinamente la pasión por el arte, especialmente por la escultura, la cual se convirtió muy pronto en el mayor sueño de su vida. El 2 de abril de 1918 se vio forzado a partir al frente militar y, tras un período de cuatro años transcurridos en Roma, Forlí, Nápoles, Sant'Arcangelo di Romagna y Albania, a la edad de 22 años, gracias a la ayuda de su párroco Mons. Morando, ingresó, con grandes sacrificios y admirable constancia, en la Academia de Bellas Artes de Venecia, donde, a los 29 años, obtuvo con la máxima nota el diploma de profesor de escultura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando ante la mirada del joven y apreciado profesor brillaba un espléndido futuro, el Señor lo llamó a la vida franciscana, injertando su ideal artístico en el ideal todavía más sublime de la santidad. El 7 de diciembre de 1933 ingresó en la Orden de los Frailes Menores, en San Francisco del Desierto, en la laguna véneta. Al presentarlo al ministro provincial de los Frailes Menores de Venecia, el arcipreste de Santa Lucía di Piave escribía: «La orden consigue no sólo un artista, sino también un santo».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comienza su subida al monte santo de Dios, es un recorrido marcado por un inmenso amor a Dios; un total abandono en sus manos; una oración hecha vida y que lleva con frecuencia a fray Claudio a la adoración ante el Sagrario; al amor a todos, especialmente a los pobres y enfermos; una extraordinaria y suave humildad; una obediencia pronta y generosa; y una radiante castidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su práctica heroica de todas las virtudes se alimenta de una piedad eminentemente eucarística y reparadora y de una devoción filial a María Inmaculada. Amó de corazón a la Madre del Señor, hasta el punto de poder afirmar: «¡Soy esclavo de la Virgen!... La Virgen quiere mi salvación, porque desde hace mucho tiempo estoy consagrado a su Corazón inmaculado, cuyo esclavo me considero». Por amor a la Virgen de Nazaret, construyó cuatro Grutas de Lourdes, una de las cuales, la de Chiampo, es de proporciones idénticas a las de la Gruta de Massabielle, en Francia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fray Claudio, que había escrito: «Señor, cuando me concedas el don de las espinas tendré la certeza de que has aceptado el sacrificio de mi vida», no rehuyó el don conclusivo con que Cristo quiso mostrarle su predilección. Atacado por un tumor cerebral, el 15 de agosto de 1947, en el hospital civil de Padua se encontró para siempre con Aquel a quien había confesado: «Quiero vivir y morir diciéndote y demostrándote que te amo más que a todos los tesoros del cielo y de la tierra». La Reina de los Ángeles, a quien había venerado y honrado con todo el corazón, lo acogía en la morada celestial el día de la solemnidad de su Asunción, atendiendo así el deseo de su siervo: «El día de la Asunción me voy». Sus restos mortales descansan en Chiampo, al pie de la gruta de Lourdes, convertida, según su promesa, en «lugar de oración y de encuentro con Dios para tanta gente».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al principio de su vida franciscana, escribió: «Quisiera que mi vida permaneciese escondida como un grano de arena». Pero el proyecto de Dios sobre este humilde fraile menor era muy distinto. La fama de santidad de que gozaba ya en vida, tras su muerte se difundió rápidamente por el Véneto, el resto de Italia y otras muchas partes del mundo. El 16 de diciembre de 1959, el entonces Obispo de Vittorio Véneto, Mons. Albino Luciani, el futuro Papa Juan Pablo I, iniciaba el proceso diocesano sobre la vida y virtudes del artista franciscano. Este camino concluía el 7 de septiembre de 1989, día en que el Papa Juan Pablo II declaraba la heroicidad de las virtudes del siervo de Dios, y el 6 de julio de 1993, aprobaba el milagro atribuido a su intercesión, declarándolo válido a los fines de la&amp;nbsp; beatificación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con su vida de artista, de franciscano y de fidelidad al Evangelio, transmitió un mensaje de alegría y de esperanza tanto a los hombres de su tiempo como a los de nuestros días. Escultor de materia inerte, que supo convertir en testimonio elocuente de la Belleza divina, fray Claudio Granzotto fue, sobre todo, un espléndido escultor de sí mismo: «Me he entregado por entero a Jesús. Esto me ha costado mucho esfuerzo... Hay que dejarse moldear por él, de lo contrario vivimos la vida en vano».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En Cristo bebió el ardor que convirtió por entero su joven existencia en un fuego de caridad. Con la santidad de su vida heroica, aparece ante la Iglesia, ante los artistas y ante todo hombre de nuestros días como expresión de la humanidad nueva que el Espíritu de Jesús resucitado guía hacia los infinitos horizontes del Amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 18-XI-94]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1399445070354863140?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1399445070354863140/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1399445070354863140' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1399445070354863140'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1399445070354863140'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/09/fray-claudio-granzotto.html' title='Fray Claudio Granzotto'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-3kZUcf0CQrg/Tl-hZwtYDbI/AAAAAAAAChI/wTNTgyG2zcQ/s72-c/cludio+fray.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-8617089796930442522</id><published>2011-08-30T03:46:00.000-07:00</published><updated>2011-08-30T03:46:52.316-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santos Dominicos'/><title type='text'>Santa Rosa de Lima</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-r88kl27Nba4/Tly_fhkLOTI/AAAAAAAAChE/l-u6zTXL3Zs/s1600/rosa+de+lima+garzi.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-r88kl27Nba4/Tly_fhkLOTI/AAAAAAAAChE/l-u6zTXL3Zs/s400/rosa+de+lima+garzi.jpg" width="292" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Honorum ómnium largítor, omníptens Deus, qui beátam Rosam, cœléstis grátiæ rore prævéntam, virginitátis et patiétiæ decóre Indis floréscere voluísti: da nobis fámulis tuis; ut in odórem sauvitátis ejus curréntes, Christí bonus odor éffici mereámur: Qui tecum vivit...&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Extraordinarias pruebas y gracias&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-d06nvT-yg-k/Tly9Ggc2P4I/AAAAAAAAChA/IaYM8Z_up0w/s1600/rosa_de_lima2.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-d06nvT-yg-k/Tly9Ggc2P4I/AAAAAAAAChA/IaYM8Z_up0w/s320/rosa_de_lima2.jpg" width="261" /&gt;&lt;/a&gt;El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Papa Clemente X la canonizó en 1671.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente nos reta a todos a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo.  Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en el desierto o en el claustro.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: center;"&gt;DE LOS ESCRITOS DE SANTA ROSA&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;"¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acre-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;centamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;no hay camino por donde se pueda subir al cielo!"&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu pode-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;roso de ponerme en medio de la plaza para gritar con&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cual-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;quier edad, sexo, estado y condición que fuesen:&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;"Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conse-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;guir la participación íntima de la divina naturaleza, la&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;alma."&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;a predicar la hermosura de la divina gracia, me angus-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;tiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;se había de romper la prisión y, libre y sola, con más&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;agilidad se había de ir por el mundo, dando voces:&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;"¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas ri-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;quezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;por el mundo en busca de molestias, enfermedades y&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se que-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;jaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte,&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;si conocieran las balanzas donde se pesan para repartir-&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: center;"&gt;los entre los hombres."&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-8617089796930442522?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/8617089796930442522/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=8617089796930442522' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8617089796930442522'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/8617089796930442522'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/08/santa-rosa-de-lima.html' title='Santa Rosa de Lima'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-r88kl27Nba4/Tly_fhkLOTI/AAAAAAAAChE/l-u6zTXL3Zs/s72-c/rosa+de+lima+garzi.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-1023627670617265218</id><published>2011-08-29T05:48:00.000-07:00</published><updated>2011-08-29T05:48:02.256-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, Beatos, Mártires de Teruel</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QGeFl8NOnDM/TluKad3HnSI/AAAAAAAACg4/AAb1mM_KSrE/s1600/juan+de+perusa+y+saxoferrato.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-QGeFl8NOnDM/TluKad3HnSI/AAAAAAAACg4/AAb1mM_KSrE/s400/juan+de+perusa+y+saxoferrato.jpg" width="300" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En los primeros tiempos de la Orden Franciscana hubo tres expediciones de religiosos para predicar la fe a los sarracenos, coronadas con el martirio. La primera, la de San Berardo y compañeros, martirizados en Marruecos el 16 de enero de 1220. La segunda, la de nuestros santos mártires Juan y Pedro, que salen de Italia por el mismo tiempo de la otra, y son martirizados en Valencia el 29 de agosto de 1228. La tercera, la de San Daniel y compañeros, que salen de Italia en 1227, y son martirizados en Ceuta el 10 de octubre de ese mismo año. Las tres tomaron el camino de Aragón para llegar al mundo árabe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La primera y la tercera son más divulgadas por haber pasado antes estos mártires al rezo del breviario. La fiesta de nuestros santos mártires entró en fecha más tardía; por eso su historia y devoción quedaron más bien concentradas en Teruel y en la Provincia Seráfica de Aragón.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;I. Datos históricos de los Beatos hasta la fecha de su martirio&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los Beatos Juan y Pedro son de nacionalidad italiana; el primero nacido en Perusa, ciudad de Umbría, y el segundo en Saxoferrato, de la región de los Abruzos. Entraron en la Orden Franciscana en edad avanzada y fueron formados espiritualmente bajo la dirección del mismo seráfico Padre San Francisco. Juan era sacerdote, y Pedro hermano laico. De esto se infiere que Juan era ya sacerdote cuando ingresó en la Orden, porque ni la edad -entró de edad avanzada- ni la organización de la Orden antes del año 1220, que es el tiempo en que hay que colocar la fecha de su entrada en la misma, podían proporcionarle ocasión y coyuntura para adquirir la formación intelectual que entonces se requería para el estado sacerdotal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La fecha de ingreso en la nueva Orden, todavía en proceso de fundación, no la conocemos. Ciertamente hay que colocarla después del año 1209, fecha en que comienzan a afluir los primeros discípulos de San Francisco, y antes de 1220, fecha cierta en que aparecen en la ciudad de Teruel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Su formación espiritual la recibieron del mismo San Francisco, bajo su dirección inmediata, como todos los primeros compañeros que se le agregaron. Adiestrados en la vida espiritual por tan insigne maestro, bien pudieron realizar en sí el ideal del perfecto religioso franciscano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según la Crónica de los XXIV Generales fueron enviados por el Seráfico Padre al Reino de Aragón «para predicar la fe católica». El Reino de Aragón era el camino que les había de conducir a la España ocupada por los árabes, cuyo punto más próximo era Valencia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hay algo de discrepancia entre los historiadores respecto de la fecha de su llegada a Teruel. En dos capítulos generales envió San Francisco sus frailes a las Misiones: el de 1217, del cual salieron los religiosos principalmente a tierras cristianas, y el de 1219, de donde se dirigen a tierras de moros, pasando por Aragón. La fecha de la llegada de nuestros Beatos a Teruel depende de una u otra de estas dos expediciones, en que debieron de salir a predicar la fe. Algunos sostienen que llegaron a Teruel en 1216 ó 1217, mientras que otros, más numerosos, dan como año de entrada en Teruel el 1220. Esta fecha nos parece más aceptable: primeramente por convenir en ella mayor número de historiadores, y luego por estar más en consonancia con la finalidad de la misión de los religiosos enviados por el Seráfico Padre a la tierra de infieles; más concretamente, la predicación de la fe a los sarracenos de España y Marruecos, cuyo paso natural para llegar allí era Aragón. Resultado de esta misión fueron los protomártires de la Orden en Marruecos y nuestros Beatos, martirizados por los moros de Valencia. Ya hemos dicho que la misión de 1217 tuvo como finalidad la predicación entre fieles y propagar la Orden en las naciones cristianas de Europa; por eso no se produjo ningún martirio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Enviados por San Francisco al Reino de Aragón, ellos mismos eligieron la ciudad de Teruel para fijar pie en ella. La causa de esta elección es obvia. El P. Tomás Jordán, cronista del Convento de Zaragoza, lo declara al afirmar que, siendo la intención de los Beatos predicar la fe a los moros, y con ello buscar la gracia del martirio, se dirigieron a Teruel como punto más cercano a Valencia, que es en donde ellos intentaban predicar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De su estancia en Teruel, dice la Crónica de los XXIV Generales que, con la oración y la predicación, esparcieron por aquellas tierras el buen olor de su santidad. Su porte humilde, caritativo y sencillamente franciscano les granjeó en gran manera el afecto de todo el pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuadra aquí muy bien una antigua tradición muy arraigada en Teruel. Apenas llegaron a la ciudad, no teniendo todavía local donde cobijarse, se dirigieron a un hospital, dicen que de leprosos, situado en la plaza de San Juan, donde comenzaron a prestar los buenos servicios de la caridad a los enfermos. Las noches las pasaban en casa de una persona caritativa que los albergaba por amor de Dios. El emplazamiento de esta casa todavía se muestra en la calle llamada de los Santos Mártires, donde hasta hace poco aún existían restos de pinturas antiguas que recordaban este hecho. Hoy lleva esta casa en la fachada unos azulejos con las imágenes de los santo mártires. Este modo de preceder anda en perfecto acuerdo con la primitiva organización de la Orden Franciscana. Los frailes franciscanos no tuvieron residencias fijas hasta después del año 1221. Hasta esa fecha vivían practicando la oración, la predicación y la caridad recorriendo ciudades y villas, siendo siempre sus lugares preferidos los hospitales. Era, pues, muy puesto en razón que al llegar a Teruel los Beatos Juan y Pedro se dirigieran al hospital, según su modo de vivir en Italia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después del año 1220 comienza ya en la Orden Franciscana, recién fundada, la organización de las casas en residencias fijas. La Crónica de los XXIV Generales dice que los Beatos Juan y Pedro, conformándose con la nueva modalidad de la Orden, resolvieron establecer en Teruel residencia fija. El lugar preciso donde construyeron su humildísima morada está bien determinado por las fuentes históricas que refieren el caso. Muy cercana a la ciudad y a la vera del río Turia, se alzaba una pequeña ermita dedicada al Apóstol San Bartolomé. Como ya hemos dicho antes, los santos religiosos se ganaron el afecto de toda la población por su caridad, predicación y buen ejemplo. Ello fue causa de que de muy buen grado les ofrecieran dicha ermita para edificar junto a ella su pobre y pequeña morada. Fabricaron de pobres y humildes materiales dos celditas adosadas al ábside de la ermita, de tal manera que la del Beato Juan correspondía al lado del Evangelio y la del Beato Pedro al lado de la Epístola. Junto a la ermita tenían los Beatos un huertecito en el cual cultivaban las verduras que les servían para su pobre alimentación. Este huerto existía todavía al final del siglo XVII.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dentro del actual claustro de los Franciscanos hay un pozo que ya de tiempo inmemorial se tiene como obra de nuestros Beatos. Este pozo es lo único de los santos mártires que ha llegado hasta nosotros. Tiene escasa profundidad y nunca se ha agotado el agua. De la grande veneración en que se ha tenido este pozo y de los prodigios obrados por su agua, ya hablaremos más adelante. Las Relaciones del Proceso de Beatificación de los santos mártires nos hablan de este pozo como obra realizada por ellos mismos, para proveerse de agua en sus necesidades.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo que estuvieron en Teruel lo emplearon santamente en la edificación de aquellas gentes con su buen ejemplo, con la oración y la predicación de la divina palabra. Este apostolado no se limitó sólo a Teruel, sino que también se extendió a toda la comarca circundante. En su propia capillita la predicación era muy frecuente y seguramente concurrida, dada la veneración y afecto que les tenía el pueblo. La ermita tenía un púlpito que ellos construyeron o que existía ya al tomar posesión de la misma, de donde solían dirigir la palabra de Dios a los fieles. Este púlpito había de ser, andando el tiempo, como el primer altar que recibiera sus santos cuerpos al ser rescatados después de su martirio y ser traídos en viaje triunfal a Teruel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fray Juan Parente, compañero de San Francisco, fue nombrado primer Provincial de la Provincia Franciscana de Aragón, que con él y los religiosos de la Misión de España acababa de fundarse. Convocó Capítulo Provincial en Zaragoza, en 1220, al que asistieron los religiosos disponibles, probablemente todos italianos, existentes en los pocos conventos que habían fundado. Waddingo dice que nuestros Beatos estuvieron en Zaragoza, y su presencia en este Capítulo viene afirmada por Hebrera, quien dice que en este Capítulo trataron con Fray Juan Parente, su Provincial, de su propósito de predicar la fe a los sarracenos de Valencia. Luego regresaron a Teruel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No podemos determinar con exactitud el tiempo transcurrido en Teruel hasta su partida a predicar la fe en Valencia. Waddingo dice que ocurrió su martirio a los diez años de su llegada a Teruel y el P. Vicente Martínez Colomer afirma que moraron en Teruel diez años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tiempo que estuvieron los Beatos Juan y Pedro en Teruel lo podemos determinar con estos datos: su llegada a Teruel ocurrió en el año 1220; podemos dar como fecha más tardía de su martirio el año 1228; por tanto, el tiempo que estuvieron en Teruel no va más allá de ocho años.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;II. El martirio en Valencia&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los dos santos varones Juan y Pedro, almas formadas al calor e irradiación de la santidad de San Francisco, de quien reciben la obediencia para predicar la fe a los sarracenos de España; acrisolados y maduros en las obras del apostolado, de la oración, caridad y predicación entre los turolenses en los ocho años de su permanencia en estas tierras, consideraron ya llegada la hora de dar cima a la empresa que les había sido encomendada. El celo santo de la fe, la salvación de las almas por la predicación de la divina palabra y el ardiente deseo del martirio, fueron los estímulos que empujaron a nuestros Beatos a emprender el viaje a Valencia, al decir de la Crónica de los XXIV Generales. Para Waddingo fue el deseo de la salvación de los moros del Reino de Valencia lo que les llevó allá a predicar la fe. La Relación de la Causa de Beatificación asegura que las noticias que les llegaron de la cruel persecución desencadenada por el rey Azoto contra los cristianos fue lo que les llevó a Valencia a predicar la fe, lo cual naturalmente les hacía más fácil conseguir la palma del martirio que tan ansiosamente deseaban.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los tres testimonios concuerdan, pues, en afirmar que el motivo que les llevó a Valencia fue el celo por la conversión de los infieles y el vehemente deseo del martirio. Ciertamente, poderosos eran estos motivos para empresa tan santa, además de la obediencia del Seráfico Padre y de las exigencias de su propia vida interior que buscaba el completo holocausto por el Señor. Ante sus propios ojos tenían dos recentísimos martirios de compañeros suyos que habían convivido con ellos en compañía del Seráfico Padre y que habían sido sacrificados en la misma parcela de la viña del Señor que a ellos les estaba invitando a trabajar: la conversión de los moros. En efecto, el día 16 de enero de 1220, apenas llegados nuestros Beatos a Teruel, morían en Marruecos por la fe sus propios compañeros, los seis Protomártires de la Orden, San Berardo y compañeros; y el día 10 de octubre de 1227, un año antes de su propio martirio, sufren el martirio por la misma causa otros siete compañeros suyos en Ceuta, San Daniel y compañeros mártires. El ejemplo, pues, de sus propios hermanos era también para nuestros Beatos poderoso estímulo para alcanzar la misma corona.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para establecer bien los hechos de la fecha del martirio de Juan y Pedro, y el tiempo que medió entre su llegada a Valencia y la muerte de los mismos, hemos de tener presente las circunstancias que concurrieron a su llegada a dicha ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los santos religiosos llegan a Valencia, dentro del año 1228, en los últimos tiempos del último rey moro de aquel Reino árabe, conocido entre los cristianos con el nombre de Azoto, el célebre moro Zeit Abuzeit, hermano de Miramolín, el caudillo de los Almohades, derrotado en las Navas de Tolosa. Rey tirano y déspota, perseguidor de los cristianos para vengar en ellos la derrota de los Almohades en las Navas. Los miraba como a espías de los ejércitos cristianos; por eso permitió el asalto al barrio cristiano de Valencia, donde tantas crueldades y crímenes se cometieron.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar a la ciudad del Turia los Beatos Juan y Pedro, la persecución de los cristianos se encuentra en fase aguda, como lo prueba el mismo hecho de su propio martirio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Cuánto tiempo transcurrió entre su llegada y el martirio? Del examen detenido de las fuentes históricas se infiere que el martirio de los Beatos Juan y Pedro debió de ocurrir muy poco después de su llegada a Valencia. La Crónica de los XXIV Generales afirma que tan pronto llegaron a dicha ciudad comenzaron a predicar con fervor y valentía la fe de Cristo y la falsedad de la ley de Mahoma, lo cual, llegado a oídos del rey Zeit Abuzeit, hizo que éste los mandara encerrar en dura prisión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los cronistas andan bastante discordes en el establecimiento de la fecha del martirio de nuestros Beatos. En el espacio de una década, desde 1221 hasta 1231, se hallan comprendidos los distintos pareceres en orden al año de su muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Prescindiendo de todos estos pareceres tan distintos, para fijar con bastante seguridad la fecha del martirio de los Beatos Juan y Pedro tenemos en la historia de Valencia de estos tiempos un acontecimiento bien conocido que tomamos como término ad quem del martirio. Este hecho es el destronamiento del rey moro Zeit Abuzeit, ocurrido en el año 1229. Es un dato histórico indiscutible y admitido por todos los historiadores de los santos mártires que el rey moro de Valencia Zeit Abuzeit fue el que ordenó su martirio siendo rey de la Ciudad y Reino. Pues bien: a raíz de la muerte de nuestros santos mártires estalló la sublevación de los moros de la ciudad contra Zeit, al tiempo que la ocupaba con sus tropas un noble jeque de aquella tierra y gobernador de Denia, conocido por los historiadores con el nombre de Zaen. Zeit tuvo que huir y buscar refugio en don Jaime I el Conquistador, a quien encontró en Calatayud. Después de 1229 reina ya en Valencia Zaen. El martirio de nuestros Beatos no pudo ser posterior a esta fecha. Como entre el martirio y la caída de Zeit transcurrió poco tiempo, si Zeit fue destronado en 1229, el martirio debió ocurrir el día 29 de agosto de 1229, o en el mismo día de 1228, como se dice en el Proceso de Beatificación. De estas dos fechas nos parece más probable la de 1228, porque daría más tiempo para producirse los acontecimientos del cambio de Zeit: la rebelión de Valencia, la huida del mismo Zeit y la toma de la misma ciudad por Zaen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;III. Circunstancias del martirio&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Acuciados por el celo apostólico más encumbrado por la salvación de las almas apartadas de la fe, y con vivo y ardiente anhelo de dar su sangre por la gloria de Dios, por el año 1228 los Beatos entran en Valencia para dar cima a la obra que se habían propuesto. Tan pronto como llegaron comenzaron a predicar con ardor y valentía la fe de Cristo y la falsedad de la religión mahometana a los sarracenos. Fueron detenidos y llevados a la presencia del rey Zeit, quien les interrogó acerca de la causa de su venida a Valencia, y como primera providencia los encerró en cárcel durísima. Zeit pone todo su empeño en atraerles a la ley musulmana; para ello emplea todos los medios a su alcance. Recurre a los halagos, promesas y todo cuanto de humano pudiera cautivar el interés de los invictos varones. No consiguiendo nada por este camino, recurre a las amenazas, a las que siguen los tormentos. Estas torturas las padecieron atados a un ciprés. No especifican las fuentes de información la clase de tormentos que recibieron atados al ciprés. Sin embargo, no es difícil comprender que al ser atados al árbol era para recibir el tormento de los azotes. Así lo han entendido los escritores posteriores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después del horrendo castigo, nuestros Beatos no sólo quedaron con la fe más robusta, si es que en ella cabían grados, sino que sin dejarse amilanar por los tormentos persistieron en la predicación. Perdidas, pues, todas las esperanzas de atraerles a la ley islámica, Zeit pronuncia la sentencia capital contra ellos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era el día 29 de agosto de 1228, fiesta de la Degollación de San Juan Bautista, como hacen notar todas las fuentes históricas. La sentencia pronunciada sobre los dos confesores de Cristo era la decapitación, la cual había de cumplirse en lugar público. El escenario escogido para el suplicio lo indican bien claro los testimonios históricos más antiguos: la plaza de la Higuera o de la Figuereta, como entonces se la nombraba. Esta plaza estaba junto a la antigua iglesia de Santa Tecla, que correspondía a la actual plaza de la Reina. Con anterioridad nuestros Beatos habían estado en el palacio de Zeit, donde fueron encarcelados y sufrieron los interrogatorios; además, vista la ineficacia de éstos, fueron atados a un ciprés de aquella finca y allí recibieron el tormento de los azotes y demás vejaciones e injurias. Ciertamente, la sangre de los santos Mártires también llegó a santificar aquella regia morada, convertida más tarde en convento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puestos ya nuestros dos santos religiosos en el lugar del suplicio en la llamada plaza de la Higuera, dieron gracias al verdugo por el beneficio del martirio, y puestos de rodillas en tierra, con fervor rogaron por la salud espiritual del Rey, e interiormente recibieron del cielo la convicción de que su oración era atendida. Hincadas las rodillas en el suelo, y después de haber pronunciado unas palabras proféticas referentes a la conversión del tirano Zeit, los Beatos Juan y Pedro fueron decapitados, recibiendo con ello la tan ansiada palma del martirio. Esto ocurría en la fiesta de la Degollación de San Juan Bautista, día 29 de agosto de 1228.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ejecutada la sentencia, los cristianos residentes en Valencia se hicieron cargo de los cuerpos y de las cabezas separadas de los santos mártires, hasta las reliquias más insignificantes. En el tiempo que andamos de nuestra historia, existía en Valencia, ya desde los comienzos de la conquista árabe, un barrio cristiano llamado de "Rebetins", que estaba situado entre las calles actuales de la Concordia, San Bartolomé y Portal de Valldigna. A los cristianos, que tenían la costumbre de hacer sus enterramientos dentro de las iglesias, les servía de cementerio la iglesia del Santo Sepulcro, después iglesia de San Bartolomé, enclavada dentro del barrio cristiano. Obtenidos ya los sagrados cuerpos, allí les dieron honrosa sepultura, y allí estuvieron sepultados hasta su traslado a Teruel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Según hemos dicho, los gloriosos mártires, habiendo orado por la conversión del rey Zeit y después de recibir aviso del cielo de que su oración había sido escuchada, le anunciaron con palabras proféticas su futura conversión a la fe cristiana. ¿Cómo y en qué circunstancias se cumplió esta profecía? Zeit, consumado el martirio de nuestros santos religiosos, experimentó un cambio radical en su propia contextura psicológica y moral. Torcedores remordimientos y angustiosas tristezas le acompañaban de continuo. Se dijo que alguien le vio entrar disfrazado en el barrio cristiano. Por otra parte, en 1229 estalló la rebelión del pueblo de Valencia contra Zeit, a quien destronó, proclamando en su lugar a Zaen o Zellan. Zeit, con unos partidarios suyos, huyó a Zaragoza, a buscar a don Jaime, con el cual tenía un tratado de amistad, poniéndose a sus órdenes. Según J. Zurita, Zeit fue bautizado en 1233. Ayudó antes a don Jaime en la reconquista de Valencia, y éste le concedió la Señoría de Villahermosa, donde gobernó hasta su muerte, acaecida en 1247.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;IV. Glorificación de los mártires&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La devoción popular a los santos mártires Juan y Pedro comenzó en el punto mismo de su muerte y sepultura. A raíz de su martirio se apresuró el Señor a honrar a sus siervos con el don de milagros obtenidos por intercesión de los mismos. Pronto comenzaron a ser invocados con los nombres de Beatos y Santos, no sólo entre la gente del pueblo, sino también entre las personas de la nobleza y de la familia real.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dada la comunicación que había entre Teruel y Valencia por los mercaderes que iban y venían por razón de sus negocios, la noticia del martirio de nuestros Beatos llegó pronto a Teruel. Además, los nobles caballeros Blasco de Alagón y Artal de Luna, presentes en Valencia durante el proceso y martirio de los gloriosos confesores de Cristo, volvieron a Teruel en el mismo año o, a lo más tardar, al siguiente del martirio. Pudieron, pues, referir todos los pormenores de lo acaecido en Valencia. La devoción y afecto que la gente de Teruel sentía por estos santos varones por el olor de santidad que habían difundido en la ciudad y sus aledaños durante los ocho años de convivencia con ellos, hubo de tomar mucho vuelo con la llegada de estas noticias.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mismo rey don Jaime sintió viva devoción a los nuevos Mártires, de tal manera que a la intercesión de ellos atribuía los clamorosos triunfos logrados en su continuo batallar contra los moros. Con vivo anhelo deseaba el rey recuperar las santas reliquias, y con no menos singular interés lo deseaban también los turolenses, quienes miraban a los santos mártires como a sus venerandos maestros de espíritu. No era, sin embargo, cosa fácil la recuperación de los cuerpos de los Beatos Juan y Pedro. Las relaciones entre el nuevo régulo de Valencia, Zaen, y don Jaime distaban mucho de ser amistosas. Fue la divina Providencia quien llevó las cosas de manera que con facilidad, y como venidas a la mano pudieran ser trasladadas las reliquias a Teruel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La fecha de la entrada en Teruel de los cuerpos de los santos mártires la colocamos en el año 1232. En efecto, aquel año el rey don Jaime se encontraba en Teruel y, a instancia de los turolenses, rechazando la ingente suma que le ofreció el rey moro Zaen, pidió los cuerpos de los mártires como precio del rescate de los nobles moros de Morella, prisioneros del monarca aragonés tras la caída de dicha ciudad a finales de 1231. No era cosa difícil para Zaen encontrar los sagrados cuerpos. Depositados en la iglesia del Santo Sepulcro (San Bartolomé), cementerio de los cristianos, éstos los entregaron al rey moro, quien los consignó a unos mercaderes cristianos, que traficaban entre Valencia y Teruel, para su traslado a esta ciudad. Salieron de Valencia encerrados en una caja en la cual los cristianos valencianos escribieron los nombres de nuestros Beatos en esta forma: San Juan y San Pedro. Y con este título se les ha invocado en el transcurso de los siglos posteriores, y con este título ha quedado aún hoy profundamente arraigada en el corazón de los turolenses la devoción a los Beatos Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El recibimiento de los sagrados cuerpos fue apoteósico. Llegan a Teruel al tiempo en que la ciudad se encuentra visitada por muchos y muy ilustres huéspedes de todo Aragón, convocados por don Jaime con motivo de la magna asamblea para preparar la conquista de Valencia. Este asunto del rescate de las santas reliquias es muy del agrado y de la devoción de don Jaime, y por ello todas estas gestiones las lleva personalmente, por el gran deseo que tenía de tenerlas consigo. De aquí que, al acercarse la comitiva que traía los sagrados despojos, se aparejaron, por orden del Rey, todos los habitantes de la ciudad para recibirlos con gran devoción y compostura y solemne procesión. Y, como advierte el Proceso de beatificación, el propio don Jaime, que presidía esta fastuosa al par que piadosa manifestación, recibió las santas reliquias en sus propias manos, llevándolas con suma devoción y recogimiento hasta el lugar designado para ellas. Este lugar era el mismo oratorio o ermita de San Bartolomé, con las dos celditas que, adosadas al ábside, habían construido ellos mismos. En elegante urna de alabastro fueron colocadas en el púlpito desde donde tantas veces habían predicado la divina palabra a los turolenses.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al llegar la caja con los santos cuerpos a Teruel, no faltaba ninguno de los miembros. Sin embargo, las cabezas de los dos mártires, separadas de sus cuerpos por la espada y contenidas también en el arca al llegar a Teruel, no fueron depositadas en el oratorio de San Bartolomé, sino que el rey don Jaime las sacó de la caja y, engastadas en plata, las colocó en su relicario o capilla con suma devoción y ternura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La veneración y culto secular a nuestros mártires, constantemente mantenido por la devoción de los fieles, tardó por diversas circunstancias en obtener el reconocimiento oficial de la Iglesia. El 31 de enero de 1705 la Sagrada Congregación de Ritos publicó, con la aprobación del papa Clemente XI, el decreto en el que confirmaba el culto inmemorial de estos santos mártires, lo que equivale a una beatificación formal. Y el 23 de julio de 1723 el papa Benedicto XIII concedía el Oficio divino y Misa en honor de los Beatos Juan y Pedro, a toda la Orden franciscana, a las ciudades y diócesis de Valencia, Teruel y Perusa, y al pueblo de Saxoferrato.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #b4a7d6; text-align: justify;"&gt;[Texto extraído del trabajo de auténtica investigación histórica del&lt;b&gt; P. León Amorós, OFM,&lt;/b&gt; &lt;i&gt;Los santos mártires franciscanos B. Juan de Perusa y B. Pedro de Saxoferrato en la historia de Teruel.&lt;/i&gt; Separata de la revista Teruel núms. 15 y 16 (1956), 144 págs.]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-1023627670617265218?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/1023627670617265218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=1023627670617265218' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1023627670617265218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/1023627670617265218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/08/juan-de-perusa-y-pedro-de-saxoferrato.html' title='Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, Beatos, Mártires de Teruel'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-QGeFl8NOnDM/TluKad3HnSI/AAAAAAAACg4/AAb1mM_KSrE/s72-c/juan+de+perusa+y+saxoferrato.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-4800737445903907380</id><published>2011-08-28T05:38:00.000-07:00</published><updated>2011-08-29T05:43:06.545-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Franciscanos ilustres'/><title type='text'>Junípero Serra</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-BzFK6-CbABw/TluJSP8oSDI/AAAAAAAACg0/j_nHUVWeqlM/s1600/junipero.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-BzFK6-CbABw/TluJSP8oSDI/AAAAAAAACg0/j_nHUVWeqlM/s1600/junipero.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt;«Siempre adelante, nunca hacia atrás».&lt;/span&gt; Este fue el lema de Junípero Serra, cuyas dotes intelectuales, celo misionero, bondad y paciencia produjeron sus frutos en su nativa Mallorca, en México y en los Estados Unidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nacido en Petra (Mallorca) el 24 de noviembre de 1713, Miguel José fue hijo de Antonio Serra y Margarita Ferrer, agricultores. Después de la enseñanza primaria en los Franciscanos de Petra, Miguel marchó a Palma, la Capital, e ingresó en los Frailes Menores en 1730, tomando el nombre de Junípero en honor de uno de los primeros seguidores de San Francisco. Ordenado de sacerdote en 1737, Serra fue destinado a enseñar filosofía. Entre sus alumnos hubo dos que fueron sus últimos colaboradores en el Nuevo Mundo, Francisco Palou y Juan Crespí. Tras doctorarse en Teología en la Universidad del Beato Ramón Llull en 1742, Serra continuó enseñando filosofía y teología y adquirió gran fama como predicador.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1749, en unión de Palou, partió para el Colegio de San Fernando, en la Ciudad de México. Temiendo comunicar a sus padres su próxima partida, Serra pidió a un fraile compañero suyo que les informara sobre el particular. «Yo quisiera poder infundirles la gran alegría que llena mi corazón», decía. «Si yo pudiera hacer esto, seguro que ellos me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca». Les pedía que comprendieran su vocación misionera y prometía recordarlos en la oración.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco después de su llegada a México, Serra sufrió la picadura de un insecto que le produjo la hinchazón de un pie y una úlcera en la pierna de la que le resultó una cojera para el resto de su vida. Tras unos meses en el Colegio de San Fernando, Serra fue destinado a las misiones de Sierra Gorda al nordeste de la ciudad de México. Allí trabajó durante ocho años, tres de ellos como presidente de las misiones. Llamado a la Ciudad de México, fue maestro de novicios durante nueve años y continuó su predicación en las zonas alrededor de la capital. En 1767 los jesuitas fueron expulsados de México y sus misiones de la Baja California fueron encomendadas al Colegio de San Fernando. Serra fue nombrado presidente de esas misiones, cuya cabecera estaba en la Misión de Loreto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1769, la Corona de España decidió colonizar la Alta California (hoy Estado de California en los EE.UU.). Serra fue nombrado nuevamente presidente; supervisó la fundación de las nueve misiones: San Diego (1769), San Carlos Borromeo (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís (1776), San Juan de Capistrano (1776). Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1773 Junípero fue a la Ciudad de México para entrevistarse con el Virrey Bucarelli y tratar de resolver los problemas que habían surgido entre los misioneros y los representantes del Rey en California. La Representación de Serra (1773) ha sido llamada «Carta de los Derechos» de los indios; una parte decretaba que «el gobierno, el control y la educación de los indios bautizados pertenecerían exclusivamente a los misioneros». Durante esta visita a la Ciudad de México Serra escribió a su sobrino, el Padre Miguel Ribot Serra diciéndole: «En California está mi vida y allí, si Dios quiere, espero morir».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ni siquiera el martirio del Padre Luis Jaime en la Misión de San Diego (1775) apagó el deseo de Serra de añadir nuevas misiones a la cadena de las ya existentes a lo largo de la costa de California. En todas estas misiones, Junípero y los frailes enseñaron a los indios métodos de cultivo más eficaces y el modo de domesticar a los animales necesarios para la alimentación y el transporte. Cuando fue capturado el indio que dirigía a los rebeldes en la Misión de San Diego, Serra escribió al Virrey, pidiéndole que perdonara la vida del indio. Los que fueron capturados, fueron eventualmente perdonados. En la misma carta al Virrey, Serra pedía que «en el caso de que los indios, tanto paganos como cristianos, quisieran matarme, deberían ser perdonados». Serra explicaba: «Debe darse a entender al asesino, después de un moderado castigo, que ha sido perdonado y así cumpliremos la ley cristiana que nos manda perdonar las injurias y no buscar la muerte del pecador, sino su salvación eterna».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Serra pasó los últimos años de su vida ocupado en las tareas de la administración, la necesidad de escribir muchas cartas a las otras misiones y a la Iglesia y a los oficiales del gobierno en la Ciudad de México, y con el ansia de fundar las misiones necesarias. Sin embargo, trabajó con gran fe y tenacidad, aunque le iban faltando las fuerzas. Los indios le pusieron de apodo «el viejo», porque tenía 56 años cuando llegó a la Alta California, pero Serra trabajó constantemente hasta su muerte el 28 de agosto de 1784 en la Misión de San Carlos Borromeo, que había sido su cuartel general y se convirtió en el lugar de su descanso definitivo. Los indios y los soldados lloraron la muerte de Serra y lo llamaban «Bendito Padre». Muchos se llevaban un trozo de su hábito como recuerdo; otros tocaban medallas y rosarios a su cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Poco tiempo después de la muerte de Serra, el Guardián del Colegio de San Fernando escribía al Provincial de los Franciscanos en Mallorca: «Murió como un justo, en tales circunstancias que todos los que estaban presentes derramaban tiernas lágrimas y pensaban que su bendita alma subió inmediatamente al cielo a recibir la recompensa de su intensa e ininterrumpida labor de 34 años, sostenido por nuestro amado Jesús, al que siempre tenía en su mente, sufriendo aquellos inexplicables tormentos por nuestra redención. Fue tan grande la caridad que manifestaba, que causaba admiración no sólo en la gente ordinaria, sino también en personas de alta posición, proclamando todos que ese hombre era un santo y sus obras las de un apóstol».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 14 de septiembre de 1987, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los Indios nativos americanos en Fénix, Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los indios contra la explotación. Tres días más tarde el Papa visitó la tumba de Serra en la Misión de S. Carlos Borromeo y recordó la Representación de Serra en 1773 en favor de los indios de California. Juan Pablo II dijo que Serra y sus misioneros compartían la convicción de que «el Evangelio es un asunto de vida y de salvación. Ellos estimaban que al ofrecer a Jesucristo a la gente, estaban haciendo algo de un valor, importancia y dignidad inmensos». Esta convicción los sostenía «frente a cualquier vicisitud, desazón y oposición».&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-4800737445903907380?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/4800737445903907380/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=4800737445903907380' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4800737445903907380'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/4800737445903907380'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/08/junipero-serra.html' title='Junípero Serra'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-BzFK6-CbABw/TluJSP8oSDI/AAAAAAAACg0/j_nHUVWeqlM/s72-c/junipero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-6286701544773482556</id><published>2011-08-27T05:59:00.000-07:00</published><updated>2011-08-27T05:59:37.703-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beatos Francisco de Santa María, Bartolomé Laurel Antonio de San Francisco, presbíteros y compañeros mártires de Japón</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-0kjhnXcVz8U/TljqI89YnGI/AAAAAAAACgk/D6ZyVAyD__w/s1600/laurel3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-0kjhnXcVz8U/TljqI89YnGI/AAAAAAAACgk/D6ZyVAyD__w/s400/laurel3.jpg" width="322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Los beatos Francisco, Bartolomé y Antonio, de la Orden de Hermanos Menores, junto con 12 seglares japoneses, fueron martirizados en Nagasaki (Japón) en agosto de 1627, quemados vivos o decapitados. Francisco nació en Montalbanejo (España), entró de joven en la Orden franciscana y recibió la ordenación sacerdotal. Pidió ir a misiones y, después de trabajar 14 años en Filipinas, pasó a Japón, en plena persecución religiosa, acompañado de Bartolomé, hermano laico que había vestido el hábito franciscano en México (¿oriundo de Sevilla?), médico y catequista. Se dedicaron a atender clandestinamente a las comunidades cristianas desasistidas, y se les unió como catequista un joven cristiano japonés, Antonio, que profesaría la Regla franciscana estando ya en la cárcel. Con ellos fueron arrestados, encarcelados y martirizados ocho terciarios franciscanos y cuatro terciarios dominicos. El 7 de julio de 1867 fueron beatificados, con otros muchos, por Pío IX.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El ingenio de numerosos japoneses hizo que, cuando ya la persecución contaba trece años, siguiera habiendo misioneros en el país y sitios donde poder vivir escondidos y administrando los sacramentos. Las autoridades redoblaban sus pesquisas y lograban muchas veces encontrar el escondite de los misioneros y prenderlos junto con sus hospedadores. Éste fue el caso de estos quince mártires, tres religiosos y doce laicos, que sufrieron muerte por Cristo en Nagasaki siendo o quemados vivos o decapitados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Damos los datos de cada mártir:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Francisco de Santa María&lt;/span&gt; era el único sacerdote del grupo, y había nacido en la población manchega de Montalbanejo. Muy joven entró en la Provincia de San José de los franciscanos descalzos, en la que hizo la profesión religiosa y se ordenó sacerdote. Se ofreció para ir a las misiones y en 1609 marchó a Filipinas, donde trabajó con mucho celo por la conversión de los nativos y la salvación de las almas. Llevaba ya 14 años en Filipinas cuando se le propuso la posibilidad de pasar a Japón, pese a que estaba vigente la persecución y se corría un gran peligro. Hay que decir por tanto que incluyendo la perspectiva del martirio es como el P. Francisco de Santa María se ofreció para ir a Japón, a donde marchó acompañado del hermano Bartolomé Laurel. Desembarcaron ambos religiosos en una playa próxima a Nagasaki y como no tenían asignado un puesto de misión fijo, lo primero que hicieron fue enterarse de qué comunidades estaban más desasistidas, pues era su intención cubrir los puestos más abandonados religiosamente a causa de la persecución. Su vida fue, pues, itinerante, y ciudades, aldeas, caminos y bosques, altas montañas y ríos fueron los sitios por donde ambos misioneros hubieron de pasar continuamente. Tenían los misioneros la consigna de no exponer las vidas sino reservarse para poder ejercer el apostolado, ya que el martirio dejaba sin obreros el campo evangélico. Como la búsqueda policial arreciaba más, en algunas ocasiones se vieron los misioneros obligados a vivir en los bosques, únicos sitios de mayor seguridad, albergándose en pobres cabañas y pasando grandes privaciones. Pronto tuvieron una estimable compañía: un joven cristiano japonés que se había unido a ellos, profesaría, ya preso, en la Orden franciscana y se convirtió en su guía y mentor, con la garantía de pasar muy inadvertido por ser nativo. Se trataba del Beato Antonio de San Francisco, que morirá mártir con sus dos compañeros. Así pasaron cuatro años de intensa y fecunda labor apostólica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la primavera del año 1627 estaban en la casa del Beato Gaspar Vaz el P Francisco y el Hno. Laurel junto con un grupo de cristianos para celebrar allí la eucaristía. Un apóstata se enteró y avisó a la policía. Ésta llegó con presteza y rodeó la casa, y todos hubieron de entregarse. No estaba fray Antonio, pero al enterarse de la detención acudió a declarar su cristianismo y quedó igualmente preso. Fueron todos llevados a la cárcel y allí se dedicaron a la oración, animándose mutuamente a permanecer firmes en la fe. Juzgados, se les condenó a muerte: los dos misioneros extranjeros y otros cristianos serían quemados vivos y los demás decapitados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Bartolomé Laurel&lt;/span&gt; es tenido por mexicano, generalmente, pero la archidiócesis de Sevilla, cuando su beatificación en 1867, alegó que en realidad Bartolomé Díaz, apodado Laurel, había nacido en el Puerto de Santa María, provincia de Cádiz y diócesis de Sevilla, y que había marchado a México cuando muchacho, y por ello lo agregó a su propio de los santos, lo que igualmente hizo en 1980 la diócesis de Jerez, cuando se constituyó, al quedar el Puerto de Santa María dentro de la diócesis jerezana. Buscado en el archivo parroquial de la iglesia mayor del Puerto, única existente entonces, un Bartolomé Díaz, apodado Laurel, no aparece, pero ello es lógico si Laurel era un apodo como alegan los escritores hispalenses, pero sí aparece un Bartolomé Díaz en 1593 que podría ser nuestro beato. Tras marchar a México en la niñez, se establece en la ciudad de Valladolid, hoy Morelia, y en el «Libro de profesiones» del convento franciscano de dicha población, que se conserva, está registrada su profesión: «Hoy, 18 de octubre de 1617, ha profesado solemnemente la seráfica regla el joven Bartolomé Díaz, llamado también Laurel».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Profesó como hermano lego y no mucho después se ofreció para las misiones, marchando a Filipinas en 1619. Establecido en el convento de su Orden en Manila, se dedicó al estudio del japonés y a la práctica de la medicina y la enfermería. El convento tenía anejo un hospital en el que se daba acogida a los marineros y comerciantes japoneses que arribaban enfermos a la ciudad. Allí practicó la lengua japonesa y la enfermería, llegando a ser un notable profesional. En 1623 llegó la hora de su ida al Japón, siendo asignado como compañero y ayudante del P. Francisco de Santa María. Se le ha llamado guía y vanguardia del P. Francisco, porque era Bartolomé quien programaba los viajes y actividades, y porque junto con el hermano Antonio de San Francisco estudiaba cuáles eran los sitios más seguros para conducir allí al sacerdote sin peligro. Se adelantaba él muchas veces a aquellos lugares, y llevaba personalmente sobre sus hombros el fardo con los ornamentos y enseres del culto divino. Él y fray Antonio se encargaban también de las primeras lecciones de catecismo a los catecúmenos, quedando para el sacerdote la preparación más inmediata. Estos cursos de catequesis eran breves porque breves tenían que ser las estancias de los misioneros, pero suplía el fervor lo que el tiempo no daba de sí. Igualmente preparaban a los niños y a los demás cristianos a la recepción fructífera de los sacramentos. Atendía también a domicilio a los enfermos cristianos, y, cuando era llamado, también a los paganos, corriendo por caridad un grave peligro. Consta el amor que ponía fray Bartolomé en la preparación de los niños a la primera comunión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Antonio de San Francisco&lt;/span&gt;, cuyo nombre nativo no hallamos en las fuentes, era un cristiano japonés que, pese a la persecución, se había ofrecido para ser catequista y que, cuando llegaron a Japón en 1623 el P. Francisco de Santa María y el Hno. Bartolomé Laurel, quedó unido a ellos en su labor apostólica. Primero siguió ejercitando a su lado la labor catequética, y luego, viendo la santidad de ambos religiosos, se sintió inclinado a compartir con ellos la profesión de la Regla franciscana y le pidió al P Francisco que lo admitiera, lo que el padre haría posteriormente. Continuó a su lado e hizo con ellos los trabajos que hemos relatado más arriba. Cuando en la primavera de 1627 fueron ambos religiosos arrestados con un grupo de cristianos, Antonio, que estaba en una casa vecina, sintió el ruido formado por los guardias y entonces salió a ver qué pasaba. Vio que se llevaban a los misioneros y a los cristianos reunidos para la misa. Movido del íntimo deseo del martirio, corrió a casa del gobernador y le dijo estas palabras:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;«Vos tenéis una multitud de espías, delatores o verdugos; considerables son las recompensas prometidas a los delatores. Pues ahora está aquí un delator que viene a denunciar a un adorador de Cristo. Este adorador soy yo, que desde hace muchos años me dedico a sostener a los fieles y a convertir a los paganos, muchos de los cuales han sido convertidos a la fe [...]. Quiero de vos la recompensa por mi delación, la de ser asociado a mi querido padre y a mis queridos hermanos en la prisión, los padecimientos y la muerte».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Arrestado en el acto, fue enviado a la cárcel con los demás, y viendo seguro el martirio, reiteró al P. Francisco su deseo de ser franciscano, a lo que el padre accedió y le permitió, en tan especiales circunstancias, profesar la regla franciscana. Fue condenado a ser quemado vivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Gaspar Vaz y su esposa María&lt;/span&gt; eran un matrimonio sinceramente cristiano, cuya casa estaba siempre abierta a la acogida de los misioneros. Ambos eran terciarios franciscanos. Gaspar hizo una casa especial para los religiosos y la registró a nombre de su amigo Cufioye que en la cárcel se haría cristiano y moriría mártir. Descubiertos y arrestados, se hizo todo lo posible por lograr su apostasía, pero ellos permanecieron firmes en la fe, y así fueron condenados a muerte. Gaspar fue quemado vivo y María decapitada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Magdalena Kiyota&lt;/span&gt; era una mujer de clase alta, pariente del rey de Bungo. Era terciaria dominica y al quedar viuda se dedicó por entero a Dios haciendo los votos de pobreza, castidad y obediencia ante el Beato Domingo Casteller y realizando innumerables obras de caridad. Tenía en su casa un oratorio donde los sacerdotes decían misa discretamente. Descubierta como cristiana, confesó la fe con valentía hasta dar la vida por Cristo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Cayo Jiyemon &lt;/span&gt;o Xeimon nace en Coray, en las Islas de Amacusen. Su inquietud religiosa le llevó a ser bonzo, pero cuando conoció el cristianismo se convirtió a Cristo y se hizo terciario dominico. Fue un buen catequista y fervoroso cristiano. Fue quemado vivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Francisca&lt;/span&gt;, llamada Pinzokere, era una virtuosa viuda, terciaria dominica, que vivía con gran recogimiento y modestia, y tenía un oratorio en su casa. Arrestada, mostró gran serenidad en su detención. Fue quemada viva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Francisco Kurobioye &lt;/span&gt;era natural del distrito de Chicungo y fervoroso cristiano. Muy unido a los religiosos dominicos, a los que sirvió como catequista y ayudante, fue acusado de hospedar a los misioneros. Rehusó firmemente la apostasía. Fue decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Francisco Kuhioye&lt;/span&gt; o Cufioye había nacido de familia pagana en el distrito de Chicungo. Vivía de forma honesta y trabajaba de carpintero cuando conoció al Beato Gaspar Vaz y se hizo amigo suyo. Le permitió registrar a su nombre una casa destinada a albergar a los misioneros. Descubierta la casa, fue acusado de no delatar a los misioneros y llevado a la cárcel. Aquí convive con los misioneros y cristianos detenidos, lo que le lleva a pedir el bautismo, que tras la oportuna instrucción le administró el Beato Francisco de Santa María, tomando el nombre cristiano de Francisco. Se inscribió en la Orden Tercera de San Francisco. Fue quemado vivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Luis Matsuo Soyemon (Matzuo Someyon) &lt;/span&gt;era un cristiano fervoroso, terciario franciscano y que ponía su casa al servicio de los misioneros. Descubierto, fue arrestado e impelido a apostatar, a lo que se negó tenazmente. Fue decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Martín Gómez&lt;/span&gt; usaba, como otros mártires, apellido español, pero era un cristiano japonés fervoroso y terciario franciscano, que daba hospitalidad generosa y valientemente a los misioneros, por lo que fue arrestado y encarcelado. Resistió las llamadas a apostatar y murió decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Tomás Wo Jinyemon &lt;/span&gt;era un vecino de Nagasaki, cristiano fervoroso y terciario franciscano, a quien se sorprendió teniendo en su casa a misioneros. Arrestado y preso, se negó a apostatar. Fue decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Lucas Kiyemon&lt;/span&gt; era hijo de una familia acomodada de Fingen, donde había nacido en 1599. En Meaco conoció a los franciscanos, se hizo cristiano y terciario franciscano. Muertos sus padres, reparte su pingüe fortuna entre los pobres y dota el hospital para pobres que tenían en Meaco los religiosos y se puso a prestar en él sus servicios. También colaboraba en la catequesis. Cuando llega la persecución en 1614 es exiliado pero vuelve en 1618 y se instala en una casita junto a la del Beato Gaspar Vaz, fabricando un escondite para los misioneros. Arrestado al mismo tiempo que Gaspar, se le acusó de no delatar a los misioneros. Se negó a apostatar. Fue decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #b4a7d6;"&gt;Miguel Kizayemon o Kirayemon&lt;/span&gt;, nacido en Conga, fue abandonado por sus padres. Un mercader español lo recibe y hace su criado y se lo confía al franciscano Francisco de Rojas, que lo instruye en el cristianismo y lo hace bautizar, inscribiéndose luego en la Orden Tercera de San Francisco. Pasa luego a vivir en Nagasaki con el Beato Lucas Kiyemon, trabajando como carpintero. Hizo magníficos escondites para los misioneros. Descubierto y apresado, se mantuvo firme en la fe cristiana. Fue decapitado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Todos estos mártires fueron beatificados el 7 de julio de 1867 por el papa Pío IX.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt;J. L. Repetto Betes,&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="color: #d5a6bd;"&gt; Año Cristiano. VIII, Agosto. Madrid, BAC, 2005, pp. 1002-1007&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-wD8YJSLR03s/Tljo7OXGFFI/AAAAAAAACgg/yhPHwGaTOU8/s1600/FRAY-BARTOLOME-.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/-wD8YJSLR03s/Tljo7OXGFFI/AAAAAAAACgg/yhPHwGaTOU8/s400/FRAY-BARTOLOME-.jpg" width="291" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #ea9999; text-align: justify;"&gt;BEATO FRANCISCO DE SANTA MARÍA Y COMPAÑEROS MÁRTIRES DE JAPÓN ( 1627)&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de la persecución de 1597, que dio al Japón el selecto grupo de 23 mártires guiados por San Pedro Bautista (6 de febrero), la Iglesia pudo disfrutar de un período de gran fervor bajo el emperador Cubosama y pudo difundirse ampliamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una de las características del apostolado de los misioneros en tierras del Japón era el rodearse de activos colaboradores para el apostolado y las diversas necesidades. Los japoneses, al poseer perfectamente la lengua, conociendo las instituciones y las costumbres de los diversos lugares, eran una preciosa vanguardia de los misioneros. La catequesis de niños y de adultos en el período del catecumenado como preparación para el bautismo generalmente era confiada a catequistas japoneses. La asistencia a los enfermos en los hospitales o en las casas privadas, la ayuda a los pobres, los orfanatos para acoger a los niños abandonados o sin padres, eran encomendados a estos maravillosos cristianos, que repetían en el Japón los prodigios de los cristianos de la primitiva Iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los mejores catequistas, los más formados espiritualmente, los que mostraban indicios de vocación, eran admitidos a la Tercera Orden o, inclusive, a la Primera Orden. Y así más ligados al apostolado misionero e imbuidos del espíritu franciscano trabajaban con mayor diligencia. Muchos de ellos fueron mártires por su fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por otra parte, la obra de los franciscanos y de los jesuitas en el Japón se amplió con la apertura de esta misión a otras órdenes religiosas, entre ellas la de los agustinos y la de los dominicos. La rabia de los bonzos logró todavía influir, con amenazas y engañosos motivos políticos y económicos, en el corazón del emperador, que en 1614 publicó un edicto con el cual proscribía la religión católica, expulsaba a todos los misioneros, ordenaba derribar las iglesias y condenaba a muerte a cuantos persistieran en su fe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Fue un inmenso incendio de fuego y sangre que se abatió sobre la floreciente Iglesia, que contaba entonces con más de dos millones de fieles. Se ensayaron suplicios de toda clase en el lapso de unos 18 años, sin respetar ninguna edad ni clase social.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre estos innumerables héroes de la fe se pudieron recoger las actas de los 205 mártires que fueron beatificados por Pío IX en 1867, pertenecientes a las órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín y San Ignacio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la Orden de San Francisco pertenecen 45, de los cuales 18 a la Primera Orden, 15 a la Tercera, y los demás son familiares y amigos de ellos. A continuación nos referimos a los martirizados en Nagasaki el mes de agosto de 1627.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Francisco de Santa María. Franciscano de la Primera Orden, sacerdote y mártir en Japón. Es nativo de Montalbanejo, provincia de Cuenca, España. Siendo joven fue admitido en la Orden de los Hermanos Menores, donde fue admirado por sus hermanos en religión a causa de sus virtudes y su inteligencia. El amor de Dios y de las almas lo movió a ofrecerse como misionero para dedicar su vida a la conversión de los infieles. En 1623, junto con el franciscano mejicano Bartolomé Laurel, llegó a Japón, donde desarrolló una dinámica actividad apostólica. Tuvo la fortuna de encontrar un óptimo catequista a quien en la cárcel podría luego recibir en la Orden de los Hermanos Menores en calidad de hermano, y que luego también lo acompañaría en el martirio: el Beato Antonio de San Francisco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Francisco de Santa Marta pudo realizar un inmenso trabajo con su valeroso catequista, siempre lleno de celo, de valor y de espléndidas iniciativas, asiduo en la asistencia a los enfermos. Con otros terciarios bien formados espiritualmente tuvo la alegría de bautizar a muchos paganos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día en Nagasaki era huésped del terciario Gaspar Vaz junto con Fray Bartolomé Laurel y algunos terciarios, cuando un grupo de guardias irrumpió en la casa y arrestaron a los dos religiosos y a ocho terciarios, incluidos Gaspar Vaz y María su mujer.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras eran conducidos a la prisión encadenados, un joven japonés se enfrentó con valor al gobernador para reprocharle su crueldad y ofrecerse a morir con su maestro, fue recibido por éste en la Primera Orden y alcanzó da gracia del martirio: Fray Antonio de San Francisco.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El Beato Francisco, después de indecibles sufrimientos, sostenido e iluminado por la fe y la esperanza del cielo, fue quemado vivo el 16 de agosto de 1627 en Nagasaki, en la Santa Colina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Bartolomé Laurel. Religioso profeso de la Primera Orden franciscana y mártir en el Japón. Era nativo de México. Siendo joven vistió el hábito y profesó la Regla de San Francisco en calidad de religioso no clérigo. Se hizo compañero y amigo inseparable del Beato Francisco de Santa María, con quien en 1609 llegó a Manila (Filipinas), y de allí en 1622 arribó a las costas del Japón, donde trabajó intensamente como catequista.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Atendió a la asistencia de los enfermos en los hospitales, trabajó también como médico; preparaba a los fieles a recibir los últimos sacramentos y a los paganos a abrazar la fe cristiana. Dio continuos ejemplos de humildad, mortificación, modestia y celo apostólico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un día en Nagasaki era huésped de la familia de Gaspar Vaz junto con el Beato Francisco de Santa María y otros terciarios. La policía irrumpió en la casa y los arrestó; encadenados, fueron conducidos a la prisión.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bartolomé Laurel, después de indecibles sufrimientos iluminados por la fe y el amor a Cristo, fue quemado vivo el 16 de agosto de 1627 en Nagasaki, en la Santa Colina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Antonio de San Francisco. Religioso profeso de la Primera Orden franciscana y mártir en Japón. Era japonés de nacimiento y de nacionalidad. Fue catequista del Padre Francisco de Santa María y terciario franciscano. Desarrolló incesantes obras de caridad entre los cristianos y los paganos de Nagasaki, los visitaba y asistía al Padre Francisco en su laborioso ministerio apostólico.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;No estaba presente cuando fue apresado el misionero en la casa del Beato Gaspar Vaz, pero, avisado, corrió a donde el gobernador para enfrentarlo, gritándole: "Tú tienes una multitud de espías y verdugos. Considerables son las recompensas prometidas a los delatores. Pues bien, aquí delante de ti tienes un delator que viene a denunciar a un adorador de Cristo. Ese adorador soy yo, que hace muchos años me ocupo sin descanso en apoyar a los fieles y convertir a los paganos, muchos de los cuales han sido conducidos a la fe. Quiero que me des la recompensa por mi delación; quiero ser asociado a mi querido padre y maestro y a mis queridos hermanos en la prisión, en los padecimientos y en la muerte".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Antonio fue escuchado de inmediato, y en la prisión vio realizado otro ardentísimo deseo suyo, el de ser recibido en la Orden de los Hermanos Menores. Con vivísima alegría fue admitido al noviciado, cumplido el cual hizo la profesión en manos de su "padre y maestro de novicios", el P. Francisco de Santa María, en calidad de religioso no clérigo. En la historia de la Orden Franciscana quizás es de los pocos casos de una admisión, un año de noviciado y una profesión cumplidos en la cárcel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este valeroso cristiano, fiel catequista y ardiente franciscano, junto con otros dos religiosos y quien lo hospedaba, el Beato Gaspar Vaz, consumó su martirio en el fuego, mientras María Vaz y otros terciarios fueron decapitados. La constancia de estos intrépidos atletas dio un solemne testimonio de la fe y dejó pasmados a los mismos paganos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En esta misma ocasión fueron muertos por odio a la fe algunos niños de tres y de cinco años, hijos de Gaspar y María Vaz. Sus nombres no aparecen en el decreto de beatificación. Su martirio tuvo lugar en Nagasaki en la Santa Colina o Monte de los Mártires, consagrado ya con la sangre de una multitud de mártires. Antonio de San Francisco sufrió el martirio el 17 de agosto de 1627.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beatos Gaspar Vaz, María Vaz y Juan Romano. Mártires, japoneses nativos, de la Tercera Orden de San Francisco ( 1627-1628). Los esposos Gaspar y María Vaz habían dedicado su vida a la mayor gloria de Dios y a la evangelización de los fieles. Su casa se había convertido en otra casa de Betania, donde los tres hermanos, Lázaro, Marta y María, acogieron muchas veces a Jesús y a los apóstoles, con gran cordialidad. También la casa de Gaspar y María acogía a menudo a los misioneros y a los cristianos para alojamiento, comida, reuniones de fieles, celebración de la Eucaristía, etc. Así como en Roma las catacumbas acogieron a los primeros cristianos perseguidos, así durante la persecución del Japón los fieles se recogían en la casa de esta familia. Pero un día un traidor los denunció ante las autoridades. Fueron arrestados junto con sacerdotes y fieles, encerrados en una dura prisión y luego condenados a muerte. También ellos subieron a la Santa Colina, Calvario de su inmolación. Por Cristo y su fe sufrieron el martirio: Gaspar fue quemado vivo, María fue decapitada. Así juntos los dos heroicos esposos de la Betania de esta tierra, alcanzaron la Betania del cielo, ejemplo sobre todo para los esposos en un plan de vida dedicado a la caridad y a la hospitalidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Juan Romano, también japonés perteneciente a la Orden Franciscana Seglar, era fervoroso colaborador de los misioneros franciscanos. Los acompañaba en sus desplazamientos como catequista, asistente en las obras de caridad que florecían al lado de la misión. Los hospedaba en su casa y ponía a su disposición su propia barca para trasladarlos a las diversas islas. Junto con otros fieles, fue arrestado, maniatado y llevado a la cárcel de Omura, donde permaneció varios meses. La mañana del 8 de septiembre de 1628 fue sacado de la prisión, conducido a Nagasaki, donde en el Calvario japonés, la Santa Colina, nuevamente fue invitado a apostatar: "Estoy dispuesto a morir mil veces antes que traicionar mi fe y a Cristo a quien amo intensamente. Jamás me separaré de él". Junto con otros compañeros de martirio fue decapitado. De la tierra llegó al cielo, donde vive en la gloria de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beato Martín Gómez. Terciario franciscano y mártir en Japón. Japonés de nacimiento y de nacionalidad, estaba inscrito en la Tercera Orden de San Francisco. Su padre era portugués, su madre japonesa. Había dado hospedaje a los misioneros cristianos, por lo cual fue arrestado y condenado a muerte, pues las disposiciones del gobierno prohibían absolutamente esta actividad. Invitado a renegar de su fe, rehusó enérgicamente hacerlo, afirmando que ni la muerte lo podría apartar de aquella fe tan profundamente arraigada en su corazón. El 17 de agosto de 1627 Martín Gómez fue llevado de la cárcel a la santa colina, donde junto con otros compañeros fue todavía invitado a renegar de su fe, pero todos permanecieron inconmovibles en la profesión de su religión. Fue decapitado y su alma coronada por la aureola del martirio voló a la gloria del cielo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Beatos Miguel Kizaemon y Lucas Kiiemon. Japoneses, mártires, de la Tercera Orden Franciscana. Miguel nació en Conga, de padres japoneses, los cuales desde pequeño lo abandonaron. Fue acogido por los cristianos y confiado a la Santa Infancia, donde recibió el bautismo y una educación cristiana. De joven, fue entregado a un mercader español. Más tarde, pasó a la misión y fue acogido por el franciscano padre Rojas, quien lo inició en los estudios, lo hizo su catequista, y, a petición suya, lo inscribió en la Tercera Orden Franciscana. De Boniba, a donde había ido por motivos catequísticos, regresó a Nagasaki junto con su queridísimo amigo, también él activo catequista, Lucas Kiiemon, con quien trabajó para la gloria de Dios y el bien de las almas de 1618 a 1627. En tiempos de la furiosa persecución religiosa, dada la pericia que tenían como carpinteros, trabajaron en la construcción de refugios para esconder y salvar a los misioneros. Por estas múltiples actividades suyas, fueron reconocidos como cristianos, arrestados y llevados a la cárcel, donde pasaron varios meses. El 16 de agosto de 1627 fueron sacados de la cárcel, llevados a Nagasaki y conducidos hasta la colina santa o monte de los mártires. Allí fueron decapitados y así, con la palma del martirio, alcanzaron la gloria del cielo.&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd; text-align: justify;"&gt;Extraído de G. Ferrini - J. G. Ramírez, S&lt;i&gt;antos franciscanos para cada día&lt;/i&gt;. Santa María de los Ángeles-Asís, Ed. Porziuncola, 2000, pp. 304-305, 307-308, 331, 340 y 359-360&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-6286701544773482556?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/6286701544773482556/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=6286701544773482556' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6286701544773482556'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6286701544773482556'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/08/beatos-francisco-de-santa-maria.html' title='Beatos Francisco de Santa María, Bartolomé Laurel Antonio de San Francisco, presbíteros y compañeros mártires de Japón'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-0kjhnXcVz8U/TljqI89YnGI/AAAAAAAACgk/D6ZyVAyD__w/s72-c/laurel3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-6861216458301599192</id><published>2011-08-25T17:07:00.000-07:00</published><updated>2011-08-25T17:07:11.819-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>Beata María del Tránsito Cabanillas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-E9iO21MkGBY/Tlbjm7_J0mI/AAAAAAAACgc/Wo4wZo9ShPw/s1600/transitocabanillas.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-E9iO21MkGBY/Tlbjm7_J0mI/AAAAAAAACgc/Wo4wZo9ShPw/s400/transitocabanillas.jpg" width="286" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La Beata María del Tránsito de Jesús Sacramentado, que nació y murió en la provincia de Córdoba, es la primera mujer argentina que alcanza el honor de los alteres. «La llama que ardía en su corazón llevó a María del Tránsito a buscar la intimidad con Cristo en la vida contemplativa. Y no se apagó cuando por enfermedad tuvo que abandonar los monasterios en que estuvo, sino que continuó en forma de confianza y abandono en la voluntad de Dios, que siguió buscando incesantemente. El ideal franciscano se manifestó entonces como el verdadero camino que Dios quería para ella y, con la ayuda de sabios directores, emprendió una vida de pobreza, humildad, paciencia y caridad, dando vida a una nueva familia religiosa» (Juan Pablo II).&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María del Tránsito Eugenia de los Dolores, nombre que le pusieron en el bautismo, nació el día 15 de agosto de 1821 en la estancia de Santa Leocadia, actual Carlos Paz (Córdoba, Argentina). Su padre, Felipe Cabanillas Toranzo, descendía de una familia de Valencia (España), que emigró a Argentina durante la segunda mitad del siglo XVII y que logró reunir una cierta fortuna económica en su nuevo ambiente, pero que se distinguió sobre todo por su profunda religiosidad cristiana.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1816, el señor Felipe Cabanillas se unió en matrimonio con la joven Francisca Antonia Luján Sánchez, de la que tuvo once hijos. Tres fallecieron prematuramente, cuatro contrajeron matrimonio y los otros cuatro se consagraron a Dios: uno como sacerdote secular y tres como religiosas en diversos institutos, continuando así una larga y gloriosa tradición familiar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La beata María del Tránsito fue la tercera nacida de la familia. Bautizada por D. Mariano Aguilar el día 10 de enero de 1822 en la capilla de San Roque, le impusieron los nombres de Tránsito, es decir, María del Tránsito o María Asunción, y de Eugenia de los Dolores. Recibió el sacramento de la confirmación con cierto retraso, el día 4 de abril de 1836, dada la lejanía del centro diocesano.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras la primera educación familiar, María del Tránsito fue enviada a Córdoba, ciudad de nobles tradiciones culturales, con su famosa universidad del siglo XVII, fundada por el obispo franciscano Fernando Trejo y Sanabria, y los colegios de Santa Catalina (1613) y de Santa Teresa (1628). Desde 1840, al mismo tiempo que proseguía sus estudios, cuidaba de su hermano menor, que estaba preparándose para el sacerdocio en el seminario de Nuestra Señora de Loreto de la citada ciudad de Córdoba.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1850, tras la muerte de su padre, D. Felipe Cabanillas, la familia entera se trasladó definitivamente a Córdoba, por lo que María del Tránsito se estableció con su madre, su hermano -ordenado sacerdote en 1853-, sus hermanas y cinco primas huérfanas, en una casita situada cerca de la iglesia de San Roque.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;María del Tránsito se distinguió por su piedad, sobre todo hacia la Eucaristía; llevó a cabo una intensa actividad como catequista e hizo muchas obras de misericordia, visitando frecuentemente a los pobres y a los enfermos en compañía de su prima Rosario.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después del fallecimiento de su madre, acaecido el 13 de abril de 1858, María del Tránsito ingresó en la Tercera Orden Franciscana e intensificó su vida de oración y de penitencia, dirigida espiritualmente por el padre Buenaventura Rizo Patrón, franciscano, que sería ordenado obispo de Salta en 1862. Pero ella anhelaba consagrarse totalmente a Dios. Por eso, en 1859, con ocasión de su profesión en la Tercera Orden de San Francisco, emitió el voto de virginidad perpetua y le surgió la idea de fundar un Instituto para la instrucción cristiana de la infancia pobre y abandonada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En 1871 entró en contacto con la Sra. Isidora Ponce de León, que se interesaba vivamente por la erección de un monasterio de carmelitas en Buenos Aires. Al año siguiente, María del Tránsito la siguió hasta Buenos Aires e ingresó en el monasterio el 19 de marzo de 1873, el mismo día en que se inauguró. Pero su compromiso ascético resultó superior a sus fuerzas físicas, cayó enferma y, por razones de salud, tuvo que abandonar la clausura en abril de 1874. En septiembre de aquel mismo año, creyéndose suficientemente recuperada, ingresó en el convento de las religiosas de la Visitación de Montevideo, pero también allí cayó enferma pocos meses después.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aceptó todo con admirable resignación, abandonándose cada vez con más confianza en las manos de la Divina Providencia. Al mismo tiempo, volvió a pensar en una fundación educativa y asistencial al servicio de la infancia. Varios franciscanos la alentaron a ello y D. Agustín Garzón le ofreció una casa y su colaboración, al tiempo que la puso en contacto con el P. Ciríaco Porreca, OFM, de Río Cuarto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 8 de diciembre de 1878, obtenida la aprobación eclesiástica de su proyecto de fundación y de las constituciones, y después de unos ejercicios espirituales predicados por el P. Porreca, María del Tránsito Cabanillas, en compañía de sus dos compañeras, Teresa Fronteras y Brígida Moyano, dio inicio a la Congregación de las Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de la Argentina. A petición de la fundadora, el P. Porreca, franciscano, fue nombrado director del Instituto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El 2 de febrero de 1879 María del Tránsito y sus dos primeras compañeras emitieron la profesión religiosa, y el día 27 de aquel mismo mes y año escribieron al P. Bernardino de Portogruaro, Ministro general de la Orden de Frailes Menores, solicitándole la agregación de su Instituto a la Orden Franciscana. El P. Bernardino de Portogruaro les respondió afirmativamente el 28 de enero de 1880.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La nueva Congregación tuvo inmediatamente una gran floración de vocaciones, de manera que todavía en vida de la fundadora se inauguraron el colegio de Santa Margarita de Cortona en San Vicente, el del Carmen en Río Cuarto, y el de la Inmaculada Concepción en Villa Nueva.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La beata María del Tránsito guiaba el floreciente Instituto con admirable sabiduría y prudencia, pero sus fuerzas físicas iban cediendo gradualmente a las fatigas de cada día y a los rigores ascéticos. El 25 de agosto de 1885, en San Vicente de Córdoba (Argentina), murió santamente, como había vivido durante toda su vida, dejando en herencia heroicos ejemplos de humildad y de caridad, sobre todo al servicio de la infancia, de los pobres, de los enfermos y de sus hermanas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entre sus virtudes deben subrayarse sobre todo la prudencia, la paciencia, la fortaleza de ánimo para afrontar las múltiples pruebas de la vida, su asidua actividad enseñando el catecismo y atendiendo a la infancia abandonada, su amor a la pureza y la confianza en la Divina Providencia, que le respondía con frecuencia con signos sorprendentes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Como fundadora, supo infundir en sus hijas el espíritu sobrenatural, la generosidad, el amor a la infancia, el espíritu de penitencia y de mortificación.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="color: #d5a6bd;"&gt;[Cf. L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 12-IV-02]&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8059165306804791889-6861216458301599192?l=episcopusinpartibus.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/feeds/6861216458301599192/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8059165306804791889&amp;postID=6861216458301599192' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6861216458301599192'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8059165306804791889/posts/default/6861216458301599192'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://episcopusinpartibus.blogspot.com/2011/08/beata-maria-del-transito-cabanillas.html' title='Beata María del Tránsito Cabanillas'/><author><name>Arctvrvs Montaniensis</name><uri>https://profiles.google.com/109450998059669432889</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/--xL2ydcjGIk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAACtU/Ik49TKwhFgA/s512-c/photo.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-E9iO21MkGBY/Tlbjm7_J0mI/AAAAAAAACgc/Wo4wZo9ShPw/s72-c/transitocabanillas.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8059165306804791889.post-8568729079275140431</id><published>2011-08-25T06:53:00.000-07:00</published><updated>2011-08-25T06:53:38.755-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Santoral Franciscano'/><title type='text'>San Luis IX, Rey de Francia</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-oN92FwVboaw/TlZTGLgkkSI/AAAAAAAACgM/--hOOwqOMVE/s1600/luisreydefrancia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-oN92FwVboaw/TlZTGLgkkSI/AAAAAAAACgM/--hOOwqOMVE/s400/luisreydefrancia.jpg" width="321" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="color: #b6d7a8;"&gt;Deus, qui per beátum Ludovícum Confessórem tuum de terréno regno ad cæléstis regni glóriam transtulísti: ejus, quæsumus, méritis et intercessióne; Regis regum Jesu Christi Fílii tui fácias nos esse consórtes: Qui tecum vivit et regnat...&lt;/i&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;San Luis, rey de Francia, es, ante todo, una Santo cuya figura angélica impresionaba a todos con sólo su presencia. Vive en una época de grandes heroísmos cristianos, que él supo aprovechar en medio de los esplendores de la corte para ser un dechado perfecto de todas las virtudes. Nace en Poissy el 25 de abril de 1214, y a los doce años, a la muerte de su padre, Luis VIII, es coronado rey de los franceses bajo la regencia de su madre, la española Doña Blanca de Castilla. Ejemplo raro de dos hermanas, Doña Blanca y Doña Berenguela, que supieron dar sus hijos, más que para reyes de la tierra, para santos y fieles discípulos del Señor. Las madres, las dos princesas hijas del rey Alfonso VIII de Castilla, y los hijos, los santos reyes San Luis y San Fernando.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En medio de las dificultades de la regencia supo Doña Blanca infundir en el tierno infante los ideales de una vida pura e inmaculada. No olvida el inculcarle los deberes propios del oficio que había de desempeñar más tarde, pero ante todo va haciendo crecer en su alma un anhelo constante de servicio divino, de una sensible piedad cristiana y de un profundo desprecio a todo aquello que pudiera suponer en él el menor atisbo de pecado. «Hijo -le venía diciendo constantemente-, prefiero verte muerto que en desgracia de Dios por el pecado mortal».&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es fácil entender la vida que llevaría aquel santo joven ante los ejemplos de una tan buena y tan delicada madre. Tanto más si consideramos la época difícil en que a ambos les tocaba vivir, en medio de una nobleza y de unas cortes que venían a convertirse no pocas veces en hervideros de los más desenfrenados, rebosantes de turbulencias y de tropelías. Contra éstas tuvo que luchar denodadamente Doña Blanca, y, cuando el reino había alcanzado ya un poco de tranquilidad, hace que declaren mayor de edad a su hijo, el futuro Luis IX, el 5 de abril de 1234. Ya rey, no se separa San Luis de la sabia mirada de su madre, a la que tiene siempre a su lado para tomar las decisiones más importantes. En este mismo año, y por su consejo, se une en matrimonio con la virtuosa Margarita, hija de Ramón Berenguer, conde de Provenza. Ella sería la compañera de su reinado y le ayudaría también a ir subiendo poco a poco los peldaños de la santidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En lo humano, el reinado de San Luis se tiene como uno de los más ejemplares y completos de la historia. Su obra favorita, las Cruzadas, son una muestra de su ideal de caballero cristiano, llevado hasta las últimas consecuencias del sacrificio y de la abnegación. Por otra parte, tanto en la política interior como en la exterior San Luis ajustó su conducta a las normas más estrictas de la moral cristiana. Tenía la noción de que el gobierno es más un deber que un derecho; de aquí que todas sus actividades obedecieran solamente a esta idea: el hacer el bien buscando en todo la felicidad de sus súbditos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde el principio de su reinado San Luis lucha para que haya paz entre todos, pueblos y nobleza. Todos los días administra justicia personalmente, atendiendo las quejas de los oprimidos y desamparados. Desde 1247 comisiones especiales fueron encargadas de recorrer el país con objeto de enterarse de las más pequeñas diferencias. Como resultado de tales informaciones fueron las grandes ordenanzas de 1254, que establecieron un compendio de obligaciones para todos los súbditos del reino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El reflejo de estas ideas, tanto en Francia como en los países vecinos, dio a San Luis fama de bueno y justiciero, y a él recurrían a veces en demanda de ayuda y de consejo. Con sus nobles se muestra decidido para arrancar de una vez la perturbación que sembraban por los pueblos y ciudades. En 1240 estalló la última rebelión feudal a cuenta de Hugo de Lusignan y de Raimundo de Tolosa, a los que se sumó el rey Enrique III de Inglaterra. San Luis combate contra ellos y derrota a los ingleses en Saintes (22 de julio de 1242). Cuando llegó la hora de dictar condiciones de paz el vencedor desplegó su caridad y misericordia. Hugo de Lusignan y Raimundo de Tolosa fueron perdonados, dejándoles en sus privilegios y posesiones. Si esto hizo con los suyos, aún extremó más su generosidad con los ingleses: el tratado de París de 1259 entregó a Enrique III nuevos feudos de Cahors y Périgueux, a fin de que en adelante el agradecimiento garantizara mejor la paz entre los dos Estados.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Padre de su pueblo y sembrador de paz y de justicia, serán los títulos que más han de brillar en la corona humana de San Luis, rey. Exquisito en su trato, éste lo extiende, sobre todo, en sus relaciones con el Papa y con la Iglesia. Cuando por Europ
