Antiphona: Sancta Maria Virgo
Psalmus [IX]1Cantate Domino canticum novum * quia mirabilia fecit (Ps 97,1a-b).
2Sacrificavit dilectum Filium suum dextera eius * et brachium sanctum suum (cfr. Ps 97,1c-d).
3Notum fecit Dominus salutare suum * in conspectu gentium revelavit iustitiam suam (Ps 97,2).
4In illa die mandavit Dominus misericordiam suam * et nocte canticum eius (cfr. Ps 41,9a-b).
5Haec est dies, quam fecit Dominus * exsultemus et laetemur in ea (Ps 117,24).
6Benedictus qui venit in nomine Domini * Deus Dominus, et illuxit nobis (Ps 117,26a.27a).
7Laetentur caeli et exsultet terra ' commoveatur mare et plenitudo eius * gaudebunt campi et omnia quae in eis sunt (Ps 95,11-12a).
8Afferte Domino patriae gentium ' afferte Domino gloriam et honorem * afferte Domino gloriam nomini eius (Ps 95,7-8a).
Usque huc dicitur a dominica Resurrectionis usque ad festum Ascensionis quotidie ad omnes horas praeter ad vesperam et ad completorium et primam. Nocte vero Ascensionis superadduntur isti versiculi:
9Regna terrae cantate Deo * psallite Domino (Ps 67,33a).
10Psallite Deo, qui ascendit super caelum caeli * ad orientem (Ps 67,33b-34a).
11Ecce dabit voci suae vocem virtutis ' date gloriam Deo super Israel * magnificentia eius et virtus eius in nubibus (Ps 67,34b-35).
12Mirabilis Deus in sanctis suis * Deus Israel ipse dabit virtutem et fortitudinem plebi suae, benedictus Deus (Ps 67,36). Gloria.
Et nota, quod iste psalmus ab Ascensione Domini usque ad octavam Pentecostes dicitur quotidie cum supradictis versiculis ad matutinum, et tertiam et sextam et nonam, dicendo ibi Gloria Patri ubi dicitur: benedictus Deus, et non alibi.
Item nota, quod eodem modo dicitur solummodo ad matutinum in dominicis diebus et principalibus festis ab octava Pentecostes usque ad adventum Domini, et ab octava Epiphaniae usque ad feriam quintam Coenae Domini, quia in ipsa die cum discipulis suis Dominus pascha manducavit; vel alius psalmus potest dici ad matutinum vel ad vesperam, quando vult, scilicet: Exaltabo te Domine etc. [Ps 29], sicut in psalterio habetur; et hoc a dominica Resurrectionis usque ad festum Ascensionis, et non plus.
CUALQUIER SIMILITUD CON NUESTRA “ÉPOCA CONCILIAR” NO ES SIMPLE COINCIDENCIA…
Poco antes de morir, San Francisco de Asís reunió a sus seguidores y les advirtió de los problemas venideros, diciendo:“1. Sean fuertes, mis hermanos, tomen fuerza y crean en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará.
“2. Los demonios tendrá un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta. En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte.
“3. Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.
“4. Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios.
“5. Entonces, nuestra Regla y nuestra forma de vida serán violentamente combatidas por algunos, y vendrán terribles pruebas sobre nosotros. Los que sean hallados fieles recibirán la corona de la vida, pero ¡ay de aquellos que, confiando únicamente en su Orden, se dejen caer en la tibieza!, porque no serán capaces de soportar las tentaciones permitidas para prueba de los elegidos.
“6. Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra. Pero el Señor ha de ser el refugio de los afligidos, y salvará a todos los que confían en Él. Y para ser como su Cabeza [Cristo], estos, los elegidos, actuarán con esperanza, y por su muerte comprarán para ellos mismos la vida eterna; eligiendo obedecer a Dios antes que a los hombres, ellos no temerán nada, y han de preferir perecer antes que consentir en la falsedad y la perfidia.
“7. Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor.” [1]
Excepto por dividirse el relato en apartados, y añadiendo negrita para ciertos énfasis, la profecía se presenta sin ninguna alteración, tal como figura en las Obras del Seráfico Padre San Francisco de Asís, Washbourne, 1882, páginas 248-250; como lo demuestran las páginas escaneadas adjuntas.
[1] Marcos de Lisboa y otros, piensan que esta profecía se cumplió en el gran cisma que ha desolado a la Iglesia después de la elección de Urbano VI, en el año 1378. Pero también puede en parte referirse a otras calamidades que ha de sufrir la Iglesia en los últimos tiempos.
Imágenes del libro
Antiphona: Sancta Maria Virgo
Psalmus [VIII]1Deus in adiutorium meum intende * Domine ad adiuvandum me festina.
2Confundantur et revereantur * qui quaerunt animam meam.
3Avertantur retrorsum et erubescant * qui volunt mihi mala.
4Avertantur statim erubescentes * qui dicunt mihi: Euge, euge.
5Exsultent et laetentur in te omnes qui quaerunt te * et dicant semper: Magnificetur Dominus: qui diligunt salutare tuum.
6Ego vero egenus et pauper sum * Deus, adiuva me.
7Adiutor meus et liberator meus es tu * Domine ne moreris (Ps 69,2-6).