Beato Vicente de L’Aquila

Vicente nació en Aquila, en los Abruzos, hacia 1435. A los 14 años ingresó en la Orden de los Hermanos Menores en el convento de San Julián, fundado por el Beato Antonio de Stroncone, cerca de las puertas de la ciudad.
Admitido al noviciado y hecha la profesión de los votos perpetuos pasó los primeros años de su vida conventual retirado en una cabaña en el bosque del convento, que sólo abandonaba para cumplir los oficios que le asignaban, especialmente el de zapatero, quizás su profesión primera.
Era tanta su aplicación a la oración, que Fray Marcos de Lisboa dejó escrito acerca de él: “Vicente permanecía abstraído y elevado en el aire y su cuerpo quedaba tan privado de los sentidos como si estuviera muerto”. Los superiores al verlo tan ejemplar, para apartarlo de la excesiva mortificación, lo dedicaron a pedir limosna. Entre las personas que se inspiraron en su santidad debemos recordar a la jovencita Matía di Luculi, quien después fue religiosa agustiniana en Aquila, con el nombre de Sor Cristina, y hoy es venerada en los altares con el título de Beata.
Vicente fue enviado al convento de Penne, luego por 10 años al de Sulmona; de ahí regresó definitivamente a San Julián del Aquila. Se relacionaron con él en busca de consejos el príncipe de Capua, la reina Juana, segunda mujer de Fernando I y hermana de Fernando el Católico, rey de España. Predijo la corona real al duque de Calabria, primogénito de Fernando I de Aragón.
Un mal que de tiempo atrás afligía a Vicente se iba agravando cada vez más, hasta impedirle salir de su pobre celda. Él soportó todo con gran resignación y con la serenidad de los Santos. La tarde del 7 de agosto de 1504 expiró serenamente en el Señor, amorosamente asistido por sus cohermanos. La Beata Matía Ciccarelli, desde su ventana vio iluminarse el convento de San Julián con un gran esplendor y el alma de su director espiritual volar al cielo acompañada de una turba de ángeles. Tenía 69 años de edad.
Fue sepultado en la iglesia de San Julián junto al Aquila. Su cuerpo incorrupto se conserva en una artística urna.
Fiesta: 7 de agosto

Beato Federico Jansoone de Montreal

Etimológicamente significa “muy pacífico”. Viene de la lengua alemana. Nació en Ghyvelde, , en el Norte de Francia, el 19 de noviembre de 1838. Como era muy inteligente, realizó sus estudios de una forma brillante ante los ojos de sus compañeros y sus profesores. Sintiendo la llamada al sacerdocio, ingresó en el seminario en 1855, pero tuvo que abandonarlo para ayudar a su familia. En 1861 pudo volver al seminario.

Cuando tuvo la edad adecuada pidió entrar en el noviciado de la Orden franciscana que estaban en aquel tiempo en Amiens. En 1864 entró en el noviciado e hizo su profesión solemne cuatro años después. En 1870 fue ordenado sacerdote y enviado a la guerra como capellán militar en su primer destino como apóstol del Evangelio.
Tenía valentía y arrojo para las cosas de Dios. Por eso no dudó lo más mínimo en fundar un convento franciscano en Burdeos.
Los destinos variados harían de él una persona obediente a la orden de sus superiores. Deseaba quedarse en Burdeos para la prosperidad de su convento.
Sin embargo la obediencia lo destinó a París para que se ocupara de los asuntos de Tierra santa que entonces estaba cerda de la estación del metro de Montparnasse.
Aquí estuvo poco más de un año entregado a la Custodia de los Santos Lugares, alternado su trabajo con el de la Biblioteca Nacional.
Su intención no era otra que la de escribir la historia de las misiones franciscanas con su compañero y amigo historiador Marcelino Civezza.
Se dice que cada día celebraba la Eucaristía con una devoción impresionante. Llamaba la atención de todo el mundo.
Tenía la preciosa comunicación de saber transmitir lo que estaba sintiendo a los que le rodeaban.
Sus trabajos e investigaciones sobre los santos y franciscanos misioneros no era una simple investigación histórica, sino más bien, un encuentro de con los discípulos de Cristo.

En 1871 partió hacia Palestina, donde desempeñó el cargo de Vicario de la Custodia Franciscana en Jerusalén. Se distinguió por ser un diplomático muy hábil y por su ministerio de predicación.

En 1888 fue enviado a Canadá para preparar el regreso de los Franciscanos, ausentes desde hacía 40 años. Promovió, apoyado en la nueva regla que León XIII había promulgado en 1883, la Tercera Orden Franciscana. En 1890, cuando los Hermanos Menores volvieron a Canadá, encontraron más de 12.000 terciarios. Murió en Montreal el 4 de agosto de 1916. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de septiembre de 1988.

Conmemoración, el 4 de agosto.

Nuestra Señora de los Ángeles

Nuestra Señora de los Ángeles es una advocación de la Virgen María originario de España, en Getafe, cerca de Madrid, y fue traído a América por los conquistadores españoles.
En Costa Rica, a través de los siglos, se ha venerado a la Virgen María con la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, a la que cariñosamente el pueblo costarricense llama "La Negrita".
La Virgen de los Angeles fue declarada Patrona de Costa Rica el jueves 23 de setiembre de 1824, siendo Jefe de Estado Don Juan Mora Porras, por la Asamblea Constituyente que se reunía por esos días. En el decreto III de dicha asamblea, se lee lo siguiente:

" El Gefe Supremo del Estado de Costa Rica. Por quanto el Congreso Constituyente del mismo Estado ha decretado lo siguiente:
"El Congreso Constituyente del Estado de Costa Rica ha tenido a bien decretar y decreta:
La Virgen de los Angeles Madre de Dios y Señora nuestra, es, y será en lo sucesivo la Patrona del Estado de Costa Rica."
Monseñor Rafael Otón Castro Jiménez (Primer Arzobispo de San José), interpuso sus oficios para obtener del Papa Pío XI la Coronación de la Virgen de los Ángeles. En 1925 publicó lo siguiente:

"Uno de los más fervientes anhelos, de que llevábamos llena el alma al efectuar nuestra visita ad Limina, fue el de obtener de la benignidad del sumo pontífice, en honor de la Santísima Virgen, Señora Nuestra, Reina de los Ángeles y Ptrona de la República de Costa Rica, la opoteosis mas augusta que la Iglesia militante tributa a los venerandos simulacros de la Madre de Dios. Expresamos nuestro deseo, -que compratían nuestros hermanos en el episcopado y todos los católicos costarricenses- a Su Santidad Pío XI, al mismo tiempo que le presentábamos un cuadro de Nuestra Señora de los Ángeles". El supremo Jerarca contempló devotamente la Imagen, aceptando muy complacido el obsequio; en ella escribió de su puño y letra: "Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, después de enterarse del decreto legislativo, fechado el 23 de setiembre de 1824, por el cual el Congreso Constituyente decreta que "la Virgen de los Ángeles Madre de Dios y Señora nuestra, es, y será en lo sucesivo la Patrona del Estado de Costa Rica"... Nos aseguró que la coronación de la Imagen de Nuestra Patrona podía contar con su apoyo y beneplácito, y nos exitó a dirigirnos cuanto antes al Capítulo Vaticano, a quien correspondía en nombre y con la Autoridad del Vicario de Jesucristo, otorgar el altísimo honor que Nos solicitábamos" (1).

1.-Gómez Álvarez, G. 2009. La Negrita (obras conmemorativas). Editorama, San José, Costa Rica. 208 p.